SEMBLANZA DE VICENTE RAMOS PÉREZ

Sanz, Martín, ‘Semblanza de Vicente Ramos Pérez’, Guardamar del Segura, Fundación Vicente Ramos, 2003, 189 pp.

Aunque nos repitamos, merece la pena rescatar hoy la manida frase machadiana ‘la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero’. La verdad en este caso, es la trayectoria vital de Vicente Ramos Pérez, hernandiano de corazón desde siempre, estudioso de todo lo relacionado con su obra y fiel guardián de su memoria junto a algún otro –pocos- amigo. Este recorrido vital, iniciado un siete de septiembre de 1919, aparece desgranado en el libro de Martín Sanz ‘Semblanza de Vicente Ramos Pérez’ (Guardamar del Segura, Fundación Vicente Ramos, 2003, 189 pp.), que ha sido presentado el pasado mes de mayo en el Casino de Alicante y en la Casa de Cultura de Guardamar del Segura.

El libro, no es un libro más. No lo es por la ‘materia prima’ que lo constituye. Vicente Ramos nos revela una personalidad extraordinaria en todos los aspectos. Por un lado nos revela a una persona que sabe y puede asomarse en el pasado recuperando pasajes de gran plasticidad y emotividad, pudiendo hacerlo además sin odio ni rencores. Vicente Ramos nos va a permitir seguir aquí una de sus pasiones, fruto de gran cantidad de sus estudios sobre lo alicantino: Miguel Hernández, descubriendo cómo para él fue todo un hito moral y material el haber podido estrechar la mano de Miguel Hernández un 21 de agosto de 1937 en el Ateneo de Alicante (p. 28), gracias a otro de los fieles escuderos del hernandismo, el también oriolano Manuel Molina, al cual conoce desde diciembre de 1936 (p. 27). Tampoco es este libro otro libro cualquiera por la forma de construirse. El libro es fruto de las conversaciones mantenidas entre Martín Sanz y Vicente Ramos, y como dice Sanz en su prólogo (p. 9-10), no se ha pretendido poner luz y taquígrafos ni ser exhaustivos, se ha pretendido más bien abrir puertas y servir de guía y de brújula a todos aquellos que quieran empaparse de alicantinismo y, por ende, de hernandismo.

Con un interesante aporte gráfico, escasamente aprovechado en algunos casos pensamos que por la maquetación, y que malogra algunas fotografías, podemos destacar que el libro de Martín Sanz, bajo unas formas perfectas y límpidas, muestra un conocimiento más que suficiente de la obra de Vicente Ramos, como atestigua la ordenación de los testimonios vitales aquí desgranados, veintitrés, nada más y nada menos, que a modo de faros jalonan esta interesante peripecia. Todos son interesantes, pero destacaría especialmente los titulados ‘Compañeros de ‘Sigüenza’ o primeros versos de Miguel’ (pp. 54-61), ‘Amigo Camilo José Cela o la libertad de una biblioteca’ (pp. 64-70), ‘Hazlo tú mismo Miguel, sí, el poeta’ (pp. 72-76), y finalmente ‘2042 pesetas para un nicho o la suscripción nacional’ (pp. 78-84), son los que van del octavo al undécimo, y que recuperan de sus recuerdos a Miguel Hernández, aunque también son rastreables menciones al mismo en otros capítulos que más adelante mencionaremos. En el primero de los capítulos reseñados, recordaremos los amargos momentos de la censura en nuestro país, de las dificultades para publicar versos de Miguel Hernández. Recordaremos cómo nace ‘Verbo. Cuadernos Literarios’ y cómo se publicaron los primeros poemas autorizados por la viuda del poeta, Josefina Manresa, como ‘Vuelo’ y otros en 1947. También será motivo de recuerdo, aunque con una errata, la publicación por parte de Juan Guerrero Zamora del folleto ‘Noticia de Miguel Hernández’ en 1951 –y no en 1947-.

El siguiente, nos descubre más de su amor y su pasión por lo hernandiano y recuerda los afanes por no olvidar y publicar obras de Miguel. Así, por un lado, se recuerda el inicio de las gestiones que llevarían a la publicación de la ‘Obra escogida’, en edición de Arturo del Hoyo, publicada por Aguilar en Madrid en el ya lejano 1952 o la cooperación con Manuel Molina para sacar a la calle la carpeta ‘Seis poemas inéditos y nueve más’, iniciada un año antes (1951). Por el contrario, en el tercero, tan sólo se hace mención de las discrepancias existentes allá por 1952 en torno al homenaje dispensado a Miguel en la revista quincenal oral ‘Mensaje Literario’, tiempos duros en los que se imponía dar a conocer todo lo inédito de Miguel, y en los que, a veces, había que agudizar el ingenio, como es el caso de la anécdota de lo acontecido con Luis Villó, al cual envía una carta escrita por Miguel Hernández a Josefina desde la URSS expresando su hastío y su descontento por la falta de libertad existente allí (p. 74).

Finalmente, el cuarto, es quizá el más enjundioso y emotivo. Narra lo acontecido en 1952, momento en el cual para evitar que los restos de Miguel vayan a la fosa común por finalizar el alquiler del nicho donde estaban desde su fallecimiento en 1942 y a requerimiento de la viuda debe iniciar una suscripción para sufragar los gastos de la compra del nicho. Fueron 2042 pesetas de la época, sufragadas con aportaciones de Cela, Diego, Aleixandre, Buero Vallejo o Celaya, que fue el único recordado en el libro de María de Gracia Ifach ‘Miguel Hernández, rayo que no cesa’ (1975). La polémica generada se reproduce en el capítulo dieciocho: ‘La batalla de Valencia o los puntos sobre las íes’ (pp. 122-124). Aquí, Vicente Ramos recuerda cómo Manuel Molina, y él mismo, recogieron todos los documentos: giros, cartas de los amigos, las visitas de Miguel a Alicante y una bibliografía que recogía todo lo publicado desde los años treinta. ‘Miguel Hernández en Alicante’ es el resultado, estando dedicado a Manuel Miguel Hernández, el hijo de Miguel y de Josefina, la cual, como continúa recordando Ramos, no comprendía lo hecho por su marido ni su envergadura, premonición de lo cual es la frase ...’si hubiera escrito novelas en vez de versicos. Versicos que no sirven para nada’... (p. 123-124).

A todo este derroche de emociones y recuerdos, y ya cerrando el libro, se añaden el abultadísimo currículum vitae de Vicente Ramos, un epílogo dando las gracias entre otros a Martín Sanz, a distintos políticos y a su esposa, y un completo índice onomástico de gran ayuda para navegar por estas interesantísimas páginas.

Esperemos que podamos seguir disfrutando de páginas como estas, no sólo porque se acerque el esperado y no por ello menos cercano II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández. Por suerte, es cada vez mayor la concienciación de todos al respecto y son mayores las iniciativas por parte de fundaciones y entes públicos y privados, que esperemos sigan sin preocuparse de sus cuentas de resultados para publicar sin tasa cuanto pueda ser de interés a la comunidad.

Manuel Ramón Vera Abadía
Subir