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El hijo del pintor fallecido, Francisco de Díe, ha cedido a la Fundación que lleva el nombre del poeta oriolano cuatro dibujos que Miguel Hernández realizó para ilustrar la primera edición de ‘Perito en lunas’.
Todos aquellos que quisieron y consideraron a Miguel Hernández deben de estar gozosos al ver cómo aquellos que le conocieron y admiraron se desprenden de obras como las hoy presentadas. Cuatro dibujos, obra del poeta oriolano, en poder de los herederos del ya fallecido Francisco de Díe y que siempre quiso que volvieran a su pueblo.
El camino para esta vuelta ha sido largo y complicado. Se inicia en 1974 cuando el entonces alcalde D. Pedro Cartagena inicia las gestiones para adquirir la casa natal de Miguel Hernández en la calle de San Juan, hoy calle de Antonio Piniés. Dichas gestiones no fructifican, debiendo esperar a 1976 para que se inicie otro intento de compra. En 1975 y siguiendo con estos intentos, el diario ‘Información’ de 12 de octubre publica una carta del propio Díe que, al conocer las intenciones de crear un museo dedicado a Miguel Hernández, ofrece su colaboración, objetando tan sólo la ubicación del mismo, puesto que, para él, el museo debería estar ubicado en la calle de Arriba, lugar donde desarrolla Miguel Hernández su trayectoria vital oriolana.
En esta misma carta, Francisco de Díe ofrecía igualmente cuatro dibujos en color que habían sido realizados por Miguel Hernández en su estudio. Se trata de frutos y vegetales junto con una viñeta para una poesía erótica.
Por fin, en 1976 se elabora un primer proyecto de compra y restauración de la actual Casa Museo Miguel Hernández, aunque el Gobierno Municipal de la UCD con García Ortuño al frente no compra la casa hasta 1981, y en 1985 con el PSOE y Ortuño, se recupera e inaugura la misma.
La cesión de los cuatro dibujos que, por primera vez, se exponen al público, van a aumentar los fondos de la exposición que con el título de "Madrid, Miguel, Madrid" y coincidiendo con el Segundo Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, tendrá lugar en Madrid entre los días 27 y 30 de octubre, se va a inaugurar en el Museo de la Ciudad de Madrid, el 21 del mismo mes, permaneciendo abierta hasta el 2 de noviembre inclusive.

Estos dibujos han sido casi ignorados por todos. Aparte de la mencionada carta de Francisco de Díe dirigida al Ayuntamiento y aparecida en el diario ‘Información’, tan sólo volvemos a tener noticia de ellos en un artículo aparecido en 1978 en el semanario ‘Valencia Semanal’, algo que es importante dar a conocer.
Estos dibujos presentan una factura, digamos sencilla, aunque habla de su preocupación por la técnica y por la obtención de colores lo más auténticos posibles, mediante el uso que de la corteza de sandía hace aquí para obtener los tonos verdes utilizados.

Iban en principio a servir para ilustrar ‘Perito en lunas’ (1933), puesto que eran el correlato poético de la misma, teniendo cada uno de los dibujos (la sandía, las granadas, el gallo y la culebra), un poema dedicado a cada uno. Finalmente no se incorporarían a la edición definitiva de ‘Perito en lunas’ debido a que la línea editorial era maquetar un texto límpio, claro y sin dibujos, con lo cual Miguel Hernández decidió que no había lugar para ello. Piensa entonces en destruirlos, pero en un segundo momento opta por regalárselos a su amigo Francisco de Díe que los guardará y los transmitirá posteriormente a sus herederos, más concretamente a su hijo.

Los dibujos que cede la familia Díe aparecen enmarcados y en su reverso incluyen una nota manuscrita curiosa donde explica Díe cómo cree que Miguel Hernández realizó esos dibujos, además de una anotación manuscrita del propio Díe, que dice: "Para la Casa Museo Miguel Hernández de Francisco Díe", un deseo que permanece vigente también para los herederos, contentos de que, por fin, y como era el deseo de su padre, sus paisanos puedan contemplar esta obra.
Fruto también de la veneración de Díe por Miguel Hernández fue la colección de sus obras, destacando una primera edición de ‘Perito en lunas’, la obra que iba a contener los dibujos antes mencionados y que, como dato curioso, contiene además de la dedicatoria del propio Miguel, los títulos de las octavas reales que en un primer momento no aparecían a modo de glosa y siempre manuscritas a lápiz, esta vez por la mano del propio Díe.

Para quien desconozca la biografía de Francisco de Díe, debemos de decir que, aparte de un gran dibujante, fue una persona muy preocupada por la filosofía y por la alegoría así como un colaborador habitual de la prensa provincial. Con 17 años va a coincidir en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid con Salvador Dalí, siendo también el viñetista de la revista ‘El Gallo Crisis’. Desde este momento va a mantener una estrecha relación de amistad con Miguel Hernández como recuerdan sus cartas a Josefina Manresa y, más concretamente, una de 1934 en la cual le detalla cómo encontró alojamiento en la propia pensión donde se hospedaba Díe, merced a sus gestiones.
Esta relación continuaría con la preparación, entre otros, del cartelón anunciador de la conferencia en el Ateneo de Alicante en 1933 y que dejaría olvidado en el tren. Entre los años 1932-1936 fue profesor interino de dibujo en la Escuela Secundaria de Orihuela. Luego lo sería en Madrid y, finalmente, en Alicante donde es de destacar, por ser escasamente conocida, su faceta de artista 'foguerer' en la década de los años 40 y 50. Francisco de Díe fallece en 1988, y pasa sus últimos años sin poder escribir ni leer. Su relación con la prensa provincial, como antes recordábamos, fue intensa, destacando por un lado su labor como crítico de arte para la revista ‘Sigüenza’ en los primeros años de la década de los 50, y sus abundantes colaboraciones en el diario ‘Información’.
Manuel Ramón Vera Abadía
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