REPORTAJE SOBRE LOS ÚLTIMOS ESCRITOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ Y LOS DOS DIBUJOS DEL POETA AMORTAJADO

Papeles velados

La historia sobre la vida de Miguel Hernández continúa llena de incógnitas y contradicciones. Los dibujos con el rostro del poeta, en las duchas de la enfermería, recién fallecido y sus últimos escritos en la cárcel forman parte del legado camuflado. Ramón Pérez Álvarez, una de las personas que convivió entre rejas con el poeta durante este periodo, se atribuye el hallazgo de estos documentos y su entrega a Justino Marín. Mientras que Maruja Fabregat, hermana de Luis Fabregat, otro de los compañeros carcelarios de Miguel, asume que fue ella quién sacó los papeles, ocultos en su capaza, del recinto penitenciario y los guardó para Josefina Manresa.

“Los dibujos de Miguel muerto, los hice dibujar yo. A la muerte de Miguel recogí su cadáver en las duchas de la Enfermería. Junto a él había dos pequeñas bolsas. Las palpé y al ver que había papeles los saqué: eran los últimos nueve poemas de Miguel, escritos en papel higiénico”, con estas palabras Ramón Pérez Álvarez admite ser inductor de los dibujos realizados al poeta amortajado por el recluso José María Torregrosa, escultor alicantino, y del descubrimiento de sus últimos escritos. La negativa por parte de la Dirección Penitenciaria para autorizar la realización de una mascarilla a Miguel Hernández fue el motivo que llevó a los osados compañeros a retratarle, jugándose así la celda de castigo.

Sin embargo, Maruja Fabregat, hermana de Luis Fabregat, otra de las personas que permanecían presas en aquel momento, difiere de esta versión, ya que afirma que fue su hermano quien le pasó los papeles ocultos en el fondo de una capaza, “en una de las visitas que realicé a mi hermano Luis cuando me devolvió la capaza insistió mucho en que no la soltara, me repitió varias veces, Maruja la capaza, no la sueltes, que te juegas tu vida y la mía. Pero yo en esos instantes no sabía de qué me estaba hablando hasta que llegué a mi casa y la vacié, tocando en el fondo noté que había algo. Sin dudarlo lo rompí y allí estaban muy bien envueltos y muy limpios los papeles de Miguel escritos en papel higiénico y los dos retratos de él ya fallecido, los guardé en una carpeta y esperé a que saliera mi hermano de la cárcel”. Al año y pocos meses después, Luis Fabregat salió del Centro Penitenciario de Alicante, y cumpliendo con los deseos de Miguel Hernández entregó los documentos a su viuda Josefina Manresa.

El paradero actual de estos escritos se desconoce, no así el de los dibujos de Miguel que están salvaguardados por los herederos del poeta. Las pistas sobre su ubicación son tan dispares como los entresijos de su propia vida. En el libro Hacia Miguel Hernández, editado recientemente por la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela, el fallecido Ramón Pérez declaraba en uno de sus artículos publicados en La Lucerna, que le habían sido “robados por el periodista Jaime Campmany”, aunque párrafos previos dentro del mismo artículo asegura que estos papeles que él había recogido en el Reformatorio, fueron publicados con la autorización de Josefina Manresa por Manuel Molina y Vicente Ramos “a quienes había entregado copias Justino Marín, que fue el receptor de los originales, enviados por mí a éste”.

En palabras de Maruja Fabregat, su hermano Luis le llevó a Justino Marín los papeles “para que los copiara en limpio y al mismo tiempo para que los fuera descifrando, ya que no se sabía si eran poemas o una despedida de la letra tan temblorosa de un hombre que estaba en los puros huesos”. Tan ardua tarea no pudo ser concluida ya que Marín, al poco tiempo, murió y los papeles desaparecieron. Maruja Fabregat comenta que “llegaron a los oídos de familiares nuestros que los tenía García Molina, yo no digo que sea verdad porque no lo he visto, lo único que sé es que el hijo de Miguel Hernández, Manolillo, vino tres veces a Orihuela en busca de García Molina para preguntarle por los papeles y éste le negó que los tuviera, y José López Torres, otro amigo, también”.

Cuando Miguel Hernández murió sus compañeros de la cárcel, Antonio Ramón, Luis Fabregat, Ramón Pérez, Ambrosio, Monera y Gambín, lo sacaron a hombros, como al ‘torero más valiente’, al tiempo que sonaba en el recinto por primera vez la marcha fúnebre, hacia el exterior donde esperaban sus familiares. Una nueva historia acababa de empezar: el recuerdo y la memoria de un gran poeta.

Nuria Illescas

“Mi hermano me insistió: Maruja la capaza no la sueltes, te juegas tu vida y la mía”

Maruja Fabregat

“Junto a él habían dos pequeñas bolsas. Las palpé y al ver que había papeles los saqué: eran los últimos nueve poemas de Miguel, escritos en papel higiénico”

Ramón Pérez

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