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HABLANDO DE MIGUEL HERNÁNDEZ
En esta ocasión hemos seleccionado para traer ante ustedes el libro ‘Hablando de Miguel Hernández’, (Elda, Excmo. Ayuntamiento, 2001, 176 pp). Lo hacemos por un doble motivo: el primero es reconocer lo fructífero de la arriesgada apuesta que el Colegio Público Miguel Hernández lleva realizando por la difusión de la poesía en general y de Miguel Hernández en particular desde hace más de diez años, constituyendo un referente en el ámbito nacional e internacional, también desde hace dos años, y gracias a Internet, empieza a registrar participantes de allende nuestras fronteras. El otro motivo, es animar a todos los pequeños amantes de la poesía, tanto a los que participaron en la edición de este año como a los que no lo pudieron hacer, a tomar parte en las sucesivas convocatorias del concurso ‘Gotas de poesía’, cuya andadura ha iniciado este año la Fundación Cultural Miguel Hernández con el patrocinio de Aquagest Levante S. A. con el mayor de los éxitos.
La poesía, por suerte, no se entiende ya sólo como un género literario. Puede ser –es- una ilusión, una nueva forma de entender el proceso formativo de la persona, especialmente en lo relacionado con su expresividad y su emotividad y también, y por qué no mencionarlo, con su creatividad. Por suerte, tal y como se reconoce en la salutación de este libro, también se ha conseguido algo importante: dar a conocer y compartir, motivo por el cual muchos escriben, una serie de poemas, que no son sino un cúmulo de sentimientos, de sensaciones.
El libro objeto de nuestra atención, se estructura en seis partes bien definidas. La primera, sería la salutación antes mencionada, realizada por Antonio Porpetta, que describe lo necesario de la poesía en nuestras vidas y la posibilidad de que iniciativas como éstas, sirvan de acicate para conseguir nuevos autores.
Elisa María Beltrán Giner, Directora del Colegio Público Miguel Hernández en la actualidad, formula, en segundo lugar, el capítulo dedicado a los agradecimientos, recordando cómo se inició el concurso de poesía y con qué ayudas contó y cuenta para su desarrollo.
El Catedrático de Literatura del IES Azorín de Elda cierra esta trilogía iniciática, clarificadora del interés y la importancia que para todos tiene el emprender un proyecto semejante, un proyecto en el que la poesía, en frase suya es ‘el paisaje necesario que sustenta la vida’, siendo este libro una muestra de ello y que además constituye ‘una espesura, hermosa (...) por su dispar vegetación’, encontrando latidos de vida en todas sus páginas.
La experiencia recapituladora que supone esta publicación, se va a ver también subrayada con el añadido de una serie de reseñas a modo de pequeñas pinceladas biográficas de los ganadores en las distintas categorías del concurso de poesía, en concreto 28 reseñas, que constituyen el cuarto apartado del libro.
A continuación, tenemos la recopilación de los poemas ganadores (pp. 33-98) y un poemario dedicado a Miguel Hernández escrito por los poetas ganadores del premio, contando con las ilustraciones de Miguel Ávila Herrero (pp. 99-169).
El apartado recopilatorio, nos va a permitir a pesar de la pequeña extensión del libro, disfrutar en cuanto a lo técnico, de una gran variedad. Podremos disfrutar de métricas de tipo clásico como el soneto (pp. 33, 38), la espinela (p. 48), seguidilla (p. 49), serventesio (p. 49), junto a métricas más libres y, por qué no decirlo, novedosas. En cuanto a los temas, la variedad es también manifiesta, se inicia el recorrido por esta galería de sensaciones y de emociones recordando a la madre, al padre, al amor, a la muerte, al mar que nos ve nacer, crecer..., a la tristeza, a la soledad, al amor correspondido o no..., qué se yo, son muchos y variados y todos desarrollados con una gran profundidad.
Finalmente, llegamos al poemario, también variado en su forma, que no en su fondo, pues no debemos olvidar que se centra en la figura de Miguel Hernández, en su vida, en su obra, y cada uno de los ganadores va a desarrollar un aspecto, que por lo novedoso y valiente quisiera recoger en éstas líneas.
En el primer poema, ‘Atrevimiento’, su autor se atreve a recriminar a Miguel que se sienta ‘nacido para el luto’ y no ‘Perito en lunas’ (p. 103). Otro, en ‘A Miguel Hernández, lo ve como llama de fanal y calor en la escarcha de la noche, acercando su poesía a todos (p. 107). Otros, lo ven como el maestro, el poeta entre poetas, que ha disfrutado de una sublime evolución biográfica, como ocurre con el poema ‘A Miguel Hernández’ (p. 111), o por el contrario, se habla de la pervivencia de su voz en ‘Letanía’ (p. 117), aunque también, y tal como lo hizo Miguel Hernández, ha intentado resucitarlo como si de un moderno Jesús con un Lázaro se tratase, convocándolo, dialogando con él, conjugando el verso del poeta de Orihuela con el suyo propio a modo de un diálogo. ‘Poesía para un poeta’ y ‘Arde’, son ejemplos de pervivencia de su poesía. En el primero se dice ‘Tú nunca morirás, Miguel Hernández’... (p. 127) y en el segundo ‘Arde mi corazón con tu celo’... (p. 129). Odas, sonetos tristes y otras manifestaciones ('Tan temprano’, p. 159) siguen ese homenaje perpetuo y recuerdan aspectos del genial oriolano, y siempre, con el reflejo en la página opuesta como antes mencionaba de una obra salida de los pinceles de Miguel Ávila.
Para finalizar, creo que ha quedado patente que este libro es fiel reflejo de una forma de vivir y entender la vida, y es también, a fin de cuentas, un homenaje a ese Miguel de actitudes firmes. Su ‘¡Para la libertad, sangro, lucho y pervivo!’, se podría reflejar en los versos de Elizabeth García Valverde y su ‘A nuestro poeta’ (p. 149):
‘Luchó por lo que quería,por su esposa, por su hijo, por su vida;
luchó con el corazón herido.’
Que estas actitudes sigan emocionando y motivando a toda la comunidad educativa, padres, docentes y alumnos, y en general a todos los que quieren que el sentimiento, la poesía, vertebre su vida.
Manuel Ramón Vera Abadía
EL VULNERADO SILBO INDESTRUCTIBLE
Afortunadamente, gracias a la Editorial Club Universitario (ECU), hoy tenemos en nuestras páginas una nueva iniciativa hernandiana, se trata del libro de Manuel Parra Pozuelo ‘El vulnerado silbo indestructible. Para Miguel Hernández y Manuel Molina, poetas, in memoriam’, (San Vicente del Raspeig (Alicante), 2003, 139 pp., Col. Albahaca), y que ha contado para su edición con la colaboración del Vicerrectorado de Extensión Universitaria de la Universidad de Alicante, siendo el primer premio de la edición de 2002 del certamen de poesía que patrocina el Ateneo de Alicante y que está dedicado a honrar la memoria del también poeta oriolano Manuel Molina.
El autor, ha publicado varias obras, y está presente en diversas páginas de Internet de contenido poético, aunque merece destacar en estas líneas por su recurrencia un título del autor publicado el año 1993, ‘Si tanto los amé, por qué no profanarlos’, (Alicante, Instituto de Estudios Juan Gil-Albert-Aguaclara), donde va a darse una contemporaneización poética con Miguel.
Pero vayamos al libro de una vez. Iniciado éste con una serie de agradecimientos a distintos personajes de gran enjundia, como Andrés Parreño, (Ex-rector de la Universidad de Alicante), José Luis Ferris o los familiares de Miguel Hernández (Lucía Izquierdo) y Manuel Molina (Maruja Varó), mostrando también su agradecimiento a José Carlos Rovira, autor del prólogo, va a constar de un abundante apartado gráfico, dedicado, por un lado a recoger reproducciones de las cubiertas de las primeras ediciones de las obras de Miguel Hernández: ‘Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras’, ‘Perito en lunas’, ‘El rayo que no cesa’, Viento del pueblo’, ‘El hombre acecha’, ‘Cancionero y romancero de ausencias’ (edición de 1978), y ‘El labrador de más aire’, recogiendo además varios dibujos obra de Enrique Abad o Antonio Buero Vallejo entre otros, y que ya fueron publicados en 1992 con motivo de un homenaje en Almansa organizado por el recordado José Guillén García y Mariano Abad.
Tras los agradecimientos, José Carlos Rovira, en su prólogo titulado ‘Palabras para un libro’, se va a hacer eco de la personalidad de Molina, citándolo y glosándolo, sobre todo en los versos finales del libro, dedicados a recuperar la memoria del amigo fallecido. Harto dolorosos, permiten descubrir uno de los pasajes más trágicos de la historia cultural de este país, un país en el que se moría de Historia pero se sobrevivía a pesar del desánimo y el desaliento, siendo un ejemplo de esto lo ocurrido con Miguel Hernández, que contó con el concurso de la amistad de Manuel Molina para hacer que su memoria no se perdiese y que estuvo vivo en sus versos mientras fue necesario.
En cuanto al aspecto de los contenidos del libro, que consta de 27 poemas, hay que explicar antes que Manuel Parra, antes de ofrecernos cada poema, incluye para contextualizar éste, un fragmento de un poema o de una obra/carta de Miguel Hernández o de Manuel Molina (en este caso, uno dedicado en su totalidad a él y otro dedicado ex-aequo a ambos p. 125 y p. 137, respectivamente). En el caso de Miguel Hernández, casi la totalidad del libro. Podríamos distinguir además como dos partes o ejes bien diferenciados. En la primera, construida a modo de un retablillo medieval, enhebra la trayectoria vital de Miguel, iniciada en la p. 13 en ‘Preliminares’, donde recuerda ‘voy a hablar de aquel pasado/que transcurrió hace mucho, aunque no tanto (...)/ y quisiera que al verlo retratado/ se volviera a vivir aquel espanto”, y que continúa con sus inicios en el verso con Fenoll y Molina (p. 17), el pastoreo (p. 21) y los viajes a Madrid (p. 27) o su muerte (p. 59), descubriendo luego sus obras poéticas y una pieza teatral sirviéndose de su estilo en esa segunda parte antes comentada. Sí quisiéramos hacer mención de las diferencias existentes entre los poemas aparecidos aquí y los aparecidos en su ‘Si tanto los amé...’, de 1993, como el soneto de la p. 81, contextualizado por ‘El rayo que no cesa’, el cual, en el penúltimo verso, donde aparece fanal, apareció cristal, amén de otras diferencias en los signos de puntuación, o el de la página 91, dedicado a ‘Viento del pueblo’, y que en su verso 6 recoge temores por sudores o la última estrofa, totalmente nueva, y por supuesto siguen las diferencias en los signos de puntuación.
Pero vayamos, como antes anticipábamos a los contenidos del libro, a los 27 poemas que lo integran. Se estructuran de la siguiente manera: ‘Preliminares’, ‘Los silbos nacen y el de Miguel se aleja’, ‘El pastor poeta’, ‘Las tres salidas’, ‘En busca de la poesía’, ‘Josefina Manresa’, ‘Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras’, ‘Pidiendo y dejando de pedir’, ‘Precipitado en las sombras’, ‘Atraviesa su muerte’, ‘sus indelebles huellas’, ‘En torbellino de hojas y de vientos’, (todos con un poema), ‘Perito en lunas’, ‘El rayo que no cesa’ y ‘Viento del pueblo’ (con dos poemas), continúa con ‘El hombre acecha’ y ‘Cancionero y romancero de ausencias’, también con 1 poema, viene entonces ‘El labrador de más aire’ con 4 poemas y finaliza con un poema para ‘La ascensión al Parnaso’, ‘Manuel Molina’, ‘El vulnerado canto’ e ‘Indestructible silbo’.
El hernandismo, que vive los momentos previos a la convocatoria del esperado II Congreso Internacional, puede estar de enhorabuena. Las iniciativas editoriales se multiplican, proliferando iniciativas verdaderamente originales unas, y entrañables por lo que tienen de recuperación de nuestra memoria poética otras. Sólo resta animar desde aquí a las editoriales más noveles, como ECU a continuar la labor de fomento de nuestra cultura en general y del hernandismo en particular.
Manuel Ramón Vera Abadía