"Compañero del alma, compañero"


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Beresaluze Galbis, Luis,
“Compañero del alma, compañero”,
Madrid, Eimpresión Hispana, S.L., 2009

Una simbiosis, una comunión entre autor y homenajeado, eso es lo que pretende Luis Beresaluze Galbis con la publicación, a finales de 2009, de su último libro “Compañero del alma, compañero”, dedicado a Miguel Hernández. Está recién editado y será presentado el lunes 15 de febrero de este 2010, ya que se ha querido hacerlo coincidir con este Año Hernandiano, contribuyendo así a conmemorar el centenario del nacimiento del poeta.

Efectivamente, y como se puede deducir de este simbólico título, el escritor noveldense realiza, en este “atípico” libro, un homenaje a Miguel Hernández. Y digo “atípico” porque su particularidad radica en que a pesar de ser un libro de ensayo, está escrito totalmente en verso, la mejor forma de encauzar las emociones dando al poema una unidad estéticamente satisfactoria. A lo largo de las 113 páginas que lo componen, Beresaluze realiza un estudio de las fijaciones temáticas en la vida y obra del oriolano, mediante largos poemas, escritos todos en endecasílabos, métrica que tan bien utilizaba el poeta.

La portada y el diseño también merecen especial atención por ser creación del propio autor. Éste nos presenta un retrato de Miguel Hernández muy al estilo del Greco. Los colores utilizados responden a la simbología hernandiana: el negro simbolizante de las sombras y la muerte, el marrón del barro y el rojo, que envuelve el título, de la sangre. En la contraportada, y para cerrar el libro, aparece el poema-homenaje “Sangrante endecasílabo de barro”; una dedicatoria explícita que utiliza los tópicos de la sangre, el barro y la cebolla, para llorar por la pérdida de este gran poeta al que pretende recordar.

El lenguaje utilizado es vehemente, apasionado, con un tono doliente, “sangrante”; un lenguaje crudo y descarnado que transmite todo lo que al autor le sugiere la vida y obra de Hernández. Por supuesto, está muy presente el empleo de todos los tópicos utilizados por el poeta alicantino: la sangre, el barro, el toro, el sexo, la muerte…, en definitiva, todo lo que le llevó a su evolución poética y personal. Y todo ello para “invitar” al propio Miguel a un hermanamiento entre ambos.

“Como se hermanan indios de dos tribus
con la cruzada herida de sus dedos,
yo querría meter la sangre tuya,
la que fluye constante de tus versos,
entre la mía, hermana y compañera
y decirte, Miguel, amigo mío,
compañero del alma, compañero,
con tu lectura me hago hermano tuyo…” (p.14)

Como consecuencia de ello, hay que decir que esta obra, en la que se humanizan las sensaciones, está dirigida hacia un lector conocedor de la vida y obra del poeta, ya que sólo así se puede entender el sentimiento que se desprende de las palabras de Beresaluze.

En cuanto a la estructura del libro, ésta gira en torno al estudio de los núcleos temáticos más significativos en la producción literaria del oriolano.

Tras la dedicatoria inicial, comienza el libro con el poema-homenaje, “Universo de sangre, compañero”, del que se desprende la devoción hacia Miguel.

“Tu sangre me hace, Hernández, compañero,
vaso comunicante de tu vida,
me la trasfunde, verso a verso, amigo,
y hace tu alma compañera mía,
compañera de mi alma, compañero.” (p.10)

El autor, mediante la utilización de un lenguaje desgarrador y de un aliento dolorido, nos presenta un homenaje al “corazón sufriente” del poeta alicantino. Recurre para ello a metáforas, hipérboles, anáforas, paralelismos y, en definitiva, a toda clase de recursos de repetición. En cuanto a la adjetivación, es abundante, lo que convierte a la descripción en el soporte simbólico del poema. Además, emplea el tópico recurrente de la sangre muy típico de la simbología hernandiana.

“Tú escribías con sangre y tus versos
son como cicatrices alineadas,
secas, moradas, rotamente yertas,
como ribazos con violetas muertas.” (p.14)

A continuación, encontramos el  estudio del primero de los tópicos: el toro, reflejo de fuerza pero también de muerte segura. En “Siempre el toro contigo, siempre el toro”, observamos la identificación de este animal con Miguel Hernández, símbolo del destino trágico de su existencia. El toro sirve al autor como instrumento de su expresión artística.

“Como un toro pugnaz, en alpargatas,
destinado a morir joven,…
Fuerza inmensa de la naturaleza,
ese animal elemental y hermoso
encontró afinidades en tu estro
que lo humanizaba con palabras…” (p.19)

Seguidamente, en “Ese poeta fuiste compañero”, se centra Luis Beresaluze en analizar una pequeña muestra de la evolución poética del oriolano, atisbando ese cambio de rumbo que sufrió Hernández desde sus inicios puros, cultistas, gongorinos de “Perito en lunas” hasta “El rayo que no cesa”, para entrar después en lo impuro y popular de su etapa en Madrid.

“Flor de lis, de Orihuela, la cebolla
que consagró tu heráldico lirismo,
en josefinas fuentes nacaradas…” (p.30)

Tras estos poemas, se concentra el autor en estudiar la vida de Miguel Hernández como si de una elegía se tratase, “Una pura elegía toda tu vida”. Una vida llena de ingredientes tristes, melancólicos, plañideros, de intenso dolor en muchos momentos, capaces de conmover a cualquier lector. Beresaluze realiza un repaso por las distintas elegías que compuso Miguel, pero prestando mayor atención a la dedicada a Ramón Sijé, en la que el alma del oriolano cobra conciencia de sus sensaciones, de su dolor. Y cita:

“Hay elegías enormes españolas.
La tuya no es enorme, es excesiva.” (p.52)

A continuación, pasa a examinar la espiritualidad en Miguel Hernández, “De ferviente Mariano a matacuras”, lo que comulga perfectamente con la formación cristiana del autor, para quien la muerte no es el límite de la vida, sino que la obra del poeta, su legado, contribuyen a la inmortalidad del alma. Además, todo está escrito con tintes de piadosa benevolencia, envueltos de un aroma místico y evangélico. Aunque eso sí, el libro no está exento de las correspondientes críticas a quienes, en opinión del autor “deslucieron”, en algún momento, la figura de Miguel Hernández. Un claro ejemplo de ello, son las críticas referidas a Federico García Lorca:

“...señorito andaluz de cuna rica,
que hasta no acudía donde estuvieses
en el Madrid aquel en que reinaba
y en el que tú eras un pobre oriolano...” (p.33)

Otro de los ejes temáticos importantes en la producción literaria del poeta mediterráneo y que se recogen en esta obra, es el sexo, “El sexo esa temática tan tuya”. El escritor noveldense lo trata de forma natural, al igual que lo hiciera Miguel en sus versos, aludiendo a la fecundidad y la fertilidad como fuerzas vivas de la naturaleza.

“Relacionas el sexo con la tierra,
la concepción con la fecundidad
y la fertilidad con su trabajo...” (p.71)

Sólo un “reproche”, una recriminación del autor al “poeta de la sierra de Orihuela”, “El mar, ese gran tema que no fue”. Y es que, efectivamente, el mar no aparece recogido como tema principal en ninguna de sus composiciones; siempre lo utilizó como pretexto para otras cuestiones, pero nunca como eje central del poema. Ese Mediterráneo que un poeta alicantino debió sentir como algo propio de su esencia; Algo que Luis Beresaluze, alicantino como él, no podía dejar pasar.

“Yo hecho de menos el mar en tu obra,
la obra en verso de un alicantino..” (p.82)

Por último, en “Tu vida póstuma, en sentida glosa”, hallamos un reconocimiento a Vicente Ramos y Manuel Molina, amigos del poeta que se encargaron, a pesar de las dificultades y los riesgos que entrañaba el “régimen”, de dar una digna sepultura al poeta oriolano, así como también de difundir su obra para que ésta tuviera el reconocimiento que tanto mereció.

“…de dos amigos nuevos que te nacen
y que al nacerte te hacen renacer,
Manuel Molina y Vicente Ramos.
De Guardamar y Orihuela su origen…” (p.101)

“Manuel Molina y Vicente Ramos,
sobre todo Vicente, el buen Vicente,
tu segundo Sijé, prácticamente…” (p.108)

Para acabar, el autor realiza una felicitación “dirigida” a Miguel por su Centenario en este año 2010 que conmemora los cien años de su nacimiento. Un reconocimiento póstumo a un poeta “pueblerino”, “provinciano”, que nada tenía que ver con esos otros “señoritos” de Madrid, pero cuya fuerza, cuya luz interior sigue hoy, cien años después de su nacimiento, todavía encendida. Un poeta que ha logrado hacerse un hueco en la historia de nuestra literatura siendo reconocido como uno de los grandes genios de las letras españolas.

María Rodríguez Martínez

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