A MIGUEL HERNÁNDEZ
A cien años ya de tu nacimiento
queremos recordarte con poemas,
unos, porque vives en nuestras venas.
bastantes, por el acontecimiento.
Esto, Miguel, de siempre ha sucedido,
porque hay poetas como veletas:
sin horizontes claros, con caretas
para enmascarar su ágil cometido.
Pero jamás podremos evitar
a esos hipócritas de la escritura,
pues van exhibiendo su cara dura
para así su libro poder publicar.
Tus versos perduran sin telarañas
como el día que fueros concebidos,
entre cabras, higueras y silbidos,
palmeras altas y rudas montañas.
Tu Niño Yuntero, hijo del arado,
tus dentelladas secas en la tierra,
tus necesarias crónicas de guerra
en mi corazón se han anidado.
queremos recordarte con poemas,
unos, porque vives en nuestras venas.
bastantes, por el acontecimiento.
Esto, Miguel, de siempre ha sucedido,
porque hay poetas como veletas:
sin horizontes claros, con caretas
para enmascarar su ágil cometido.
Pero jamás podremos evitar
a esos hipócritas de la escritura,
pues van exhibiendo su cara dura
para así su libro poder publicar.
Tus versos perduran sin telarañas
como el día que fueros concebidos,
entre cabras, higueras y silbidos,
palmeras altas y rudas montañas.
Tu Niño Yuntero, hijo del arado,
tus dentelladas secas en la tierra,
tus necesarias crónicas de guerra
en mi corazón se han anidado.
Enero, de 2010
FRANCISCO DELGADO MOLINA.
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