"40 Poemas, Miguel Hernández.
Antología Ilustrada por 38 Artistas"

“40 poemas” es el título elegido por la Asociación Cultural 2m10 para ilustrar esta antología de versos del poeta oriolano Miguel Hernández. Este título, de aparente sencillez, no es fruto de la casualidad, sino que halla su razón de ser en la formación de un estereotipo de raíces románticas surgido de la distorsión de la imagen de Miguel Hernández como poeta atormentado, en medio de una existencia amorosa en la que vida y muerte se asemejan. A lo largo de su vida, el poeta se esforzó por componer sus versos sobre una meditada reflexión, reproduciendo experiencias que, sin ser estrictamente las suyas, el poeta sentía como tales.

Esta antología aparece reflejada en una exposición pictórica realizada por 38 artistas oriolanos (entre los que destacan Alfonso Ortuño, José Antonio Muñoz Grau, Guillermo Bellod o el fallecido José Soler Cardona) que, llenando con luces, formas, colores y espacios, recrean, a través de sus trazos, los versos de Miguel.

Las rimas incluidas se reproducen a partir de la “Obra completa I. Poesía”, edición crítica de Agustín Sánchez Vidal y José Carlos Rovira con la colaboración de Carmen Alemany (Madrid, Espasa-Calpe, 1992).

A su vez, estos poemas se acompañan de un exhaustivo comentario literario, realizado por los profesores de Lengua y Literatura Mariano Abad y José Antonio Torregrosa, estudiosos hernandianos, que facilita una mejor comprensión de cada uno de ellos.

Todo ello viene recogido en esta carpeta que conmemora el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández que se celebrará en el año 2010, culminándose así uno de los principales proyectos para el Año Hernandiano.

Esta carpeta, editada en octubre de 2009, está compuesta por una serie de 37 cuadernillos independientes, pero numerados, sin coser ni pegar. En cada uno de ellos se reproducen el poema o poemas (sólo en tres casos se incluyen dos o tres poemas breves en un cuaderno) de Miguel Hernández, la obra plástica que lo ilustra y un comentario crítico que los contextualiza y pretende aclarar aspectos literarios del mismo, incluyendo hallazgos sobre la historia de cada verso. No obstante, las aportaciones de la crítica se convierten en referente a la hora de valorar la obra poética del autor. Aparecen los más representativos: “Elegía a Ramón Sijé”, “Nanas de la cebolla” o “Aceituneros”; pero también se recogen otros menos conocidos como “Hijo de la luz y de la sombra”.

Se presenta sin notas, para no restar protagonismo al texto poético y, únicamente, en las páginas tres y cuatro del cuaderno aparece el contenido accesorio, “Imagen de Miguel Hernández”,y un comentario sobre la edición que se presenta.

Cada uno de los artistas colaboradores ha creado su obra con total libertad, ofreciendo su particular visión de la obra hernandiana, huyendo, en ocasiones, de una imagen fiel del poema al que acompaña hacia una evocación personal y subjetiva. Esta libertad de interpretación se ve reflejada en la variedad de técnicas y motivos utilizados para su creación.

Las ilustraciones originales vienen recogidas en una carpeta adicional en tamaño reducido.

La obra aquí presente surge siguiendo los pasos de la carpeta “Miguel Hernández. Imagen de su huella. Breve antología poética ilustrada por 23 artistas” (Almansa, I. B. “José Conde García”, Ayuntamiento de Almansa, 1992), que se realizó por el cincuentenario de su muerte (1942-1992) en Almansa y Orihuela, promovida también por Mariano Abad y José Antonio Torregrosa, y en la que aparecían muchos de los artistas aquí presentes. Sin embargo, hay que recalcar que no se trata de una copia exacta de este trabajo, pues sólo se asemeja en su disposición material, ya que tanto las ilustraciones como los comentarios actuales se publican por primera vez y, además, se amplía el número de poemas seleccionados.

Con esta iniciativa se hacen realidad algunos de los objetivos perseguidos por la Asociación Orihuela 2m10, como la difusión y el impulso de la vida y obra de Miguel Hernández, el apoyo a los artistas locales promoviendo sus actividades creativas y, por último, que Orihuela sea reconocida, con motivo del Centenario de Miguel Hernández, como “Capital de la Cultura” a nivel nacional e internacional.

La Asociación Orihuela 2m10 nace como una plataforma cultural y progresista que apuesta por la difusión de publicaciones culturales y la potenciación de la actividad creativa en todas sus formas de expresión. En definitiva, pretende hacer llegar la cultura a todos los rincones de la sociedad, logrando un espíritu de amor y respeto hacia la cultura y que la vida ciudadana gire en torno a ella, evitando así que ésta sólo sea objeto de los intereses de unos pocos.

El diseño de la carpeta ha corrido a cargo de Alberto Gómez, joven diseñador que ya ha demostrado su valía en varios proyectos anteriores  vinculados a la Asociación 2m10 de Orihuela. Entre ellos cabe destacar la creación del logotipo e imagen corporativa de dicha asociación.

La encuadernación de la carpeta está realizada en cartulina Bristol estucada a alto brillo, con el título en diagonal y grabado en relieve. Los colores utilizados han sido el burdeos como fondo y el rojo y amarillo para ilustrar el título. Dichos colores representan la sangre y la pasión que Miguel expresó en su poesía durante toda su obra. Su compromiso político durante la guerra, la pérdida de su primer hijo, su muerte en las cárceles franquistas, reflejan en sus versos un hondo dramatismo que contrasta con la felicidad y alegría que sintió durante otros momentos de su vida. Además, el amarillo es símbolo de inteligencia y originalidad, inteligencia que le llevó a hacerse un hueco entre los literatos del momento, ya que su mayor anhelo era lograr el reconocimiento y aceptación del mundo literario. Ambos colores se contraponen para reflejar los vaivenes de su vida, así como para hacer una llamada de atención y atraer a su lectura.

En la cubierta aparecen los nombres de Mariano Abad y José Antonio Torregrosa que, como se ha dicho anteriormente, han sido los responsables de la edición y comentarios.

En el anverso podemos ver la relación de los nombres de los 38 artistas oriolanos que han participado en este proyecto, así como la entidad promotora, la Asociación Cultural Orihuela 2m10.

En su interior podemos leer impresas una selección de citas literarias pertenecientes a diversas obras poéticas de Miguel Hernández, y que son fiel reflejo de sus pensamientos:

La poesía es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir. La sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando a cada paso dignificarme a través de sus martillerazos (1937).

A continuación, nos introducimos ya en el contenido de la carpeta y, en la primera página encontramos, a modo de portada y realizado en cartulina corriente, un retrato de Miguel Hernández realizado por Roberto Fernández, acompañado del título de la antología.

Seguidamente aparece, a modo de introducción, el apartado titulado “Imagen de Miguel Hernández” y una información adicional sobre la presente edición.

En este prólogo se da cuenta de cómo los diferentes episodios sucedidos en la vida de Miguel suscitaron una evolución en su trayectoria poética. Ejemplo de ello son su condición humilde, su compromiso político, la pérdida de su  primer hijo y su muerte en las cárceles franquistas, hechos que despiertan en el lector una simpatía especial que posibilita un acercamiento hacia el poeta. En ocasiones se ha dado una imagen distorsionada de Miguel Hernández para conseguir el estereotipo de poeta romántico, tópico que el propio escritor contribuyó a construir. Pero si algo cabe destacar en su biografía es su empeño en enlazar vida y literatura, buscando siempre la expresión del sentimiento que va moldeándose en función de los distintos sucesos que acontecen a lo largo de su vida.

Tras el prólogo introductorio hallamos las composiciones poéticas más destacadas del autor, acompañadas de las ilustraciones realizadas para esta exposición y de su correspondiente comentario crítico. Los poemas que aquí encontramos aparecen ordenados cronológicamente, siguiendo la evolución literaria del autor.

En primer lugar, aparecen dos de los poemas pertenecientes a su primer libro (“Toro” y “Palmera”), publicado en 1933, “Perito en lunas”. Una obra compuesta desde una meditada y compleja concepción de la poesía, en la que ésta deja de ser expresión directa del propio sentimiento para convertirse en creación objetiva, después de haberle dado forma mediante el lenguaje. Su concepción poética, durante esta etapa, está muy influenciada por el Gongorismo y el uso predominante de la metáfora, y también por Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías, en las que se combina la metáfora y el humor.

Miguel Hernández evolucionará en su poética, pero la fuerza metafórica de sus rimas, cultivada en esta etapa, será una constante a lo largo de su trayectoria.

En lo que respecta a las obras pictóricas que acompañan a estos dos poemas de “Perito en lunas”, cabe resaltar que, al igual que los poemas a los que acompañan, se trata de ilustraciones concretas, explícitas y, en consecuencia, de fácil comprensión.

De su segundo libro, “El rayo que no cesa”, escrito en 1936, aparecen trece poemas. En las composiciones pertenecientes a este libro convergen diversas tradiciones: desde Quevedo y la lírica amorosa de los Siglos de Oro, pasando por su etapa anterior gongorina, la Escuela de Vallecas y la influencia de Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. En esta etapa de la vida de Miguel Hernández, éste escribe sus poemas entre momentos de inestabilidad y efímeras relaciones sentimentales. Se trata de un libro de poemas angustiados y dolientes, como puede verse en el poema “Un carnívoro cuchillo” que abre el libro y en el que se expresa el sentir atormentado del autor, pero que, sin embargo, en conjunto, delatan una muy meditada estructura. Comprobamos como los poemas de Miguel Hernández presentan una continuidad temática, reflejo, en gran medida, de su propia evolución vital y estética.

La mayoría de los poemas que encontramos en este libro son de temática amorosa. En ellos se apela a la belleza de la amada, intocable, y el amante no es correspondido en sus deseos.

Sin embargo, en este caso, nos parece apropiado destacar uno de los poemas de mayor sentimiento que escribió Miguel Hernández, como es la “Elegía a Ramón Sijé”; elegía al amigo perdido, al “compañero del alma”. El poema expresa ya, desde las primeras estrofas, un sentimiento de desolación, de intenso dolor, que se plasma en la elegía con el uso de un vocabulario de una gran fuerza desgarradora, que transmite a través de anáforas y polisíndeton, además de usos coloquiales de gran fuerza expresiva como metáforas e hipérboles (“no hay extensión más grande que mi herida”). A medida que avanza el poema, el inmenso dolor que siente es sustituido por una agradable y consoladora ilusión, por un remanso espiritual (sijeniano), que imagina la esperanza de un posible reencuentro en la otra vida.


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

“Elegía a Ramón Sijé”


El poema que clausura esta etapa, “Soneto final”, sintetiza los principales núcleos temáticos de su poesía: el amor, el dolor y el desconsuelo. Es por ello que ocupa una posición tan relevante en el libro. En el poema confluyen las principales corrientes estilísticas de este libro: el neogongorismo de “Perito en lunas” y la tradición lírica amorosa, renacentista y barroca.

El poema “Me llamo barro” apunta ya un cambio de orientación, temática y formal,  en la poesía de Miguel Hernández, reflejo de su propia crisis vital.

A continuación aparece un poema, “Sino sangriento”, que marcará un cambio de rumbo en la poética del autor. Pertenece a un conjunto de poemas que el autor escribió entre “El rayo que no cesa” y “Viento del pueblo” (1935-1936). En él, la sangre adquiere un valor simbólico que se refiere a la pulsión erótica y sexual del ser humano, contra la que el poeta había luchado hasta el momento. Ese cambio de actitud se manifiesta en el abandono del soneto y el uso de otras formas menos restrictivas, como es el caso de la silva o el verso libre.

La Guerra Civil marcará un cambio definitivo en la trayectoria vital y literaria de Miguel Hernández. Los trágicos acontecimientos que se desencadenaron le llevaron a decantarse por un tipo de literatura social convertida en arma de combate al servicio de los intereses del pueblo, oprimido por la realidad del momento. Esto da como resultado la creación de su obra “Viento del pueblo” (1937), inspirada en ese espíritu de denuncia. La poesía se convierte para Miguel Hernández en un elemento de lucha, desempeñando una función propagandística de protesta.

En un primer momento, sus poemas, llenos de fuerza y entusiasmo, reflejan un atisbo de confianza en el que la lucha del pueblo servirá para traer un futuro esperanzador. Las circunstancias de la contienda hacen que sus versos sean directos y, en ocasiones, poco elaborados, utilizando incluso un lenguaje desgarrado y malsonante, fruto de un sentimiento de indignación y denuncia que el poeta tiene ante la gran opresión y el horror contemplado. Esto hace que el autor encuentre su cauce poético tras un elaborado proceso de meditación literaria. Este giro en su poesía hace posible un equilibrio entre la forma verbal y el contenido del poema, dando como resultado magníficos poemas, como “El niño yuntero” o “Aceituneros”, los cuales podemos encontrar en esta antología.

“Aceituneros” es uno de los principales poemas de denuncia social en el que Miguel Hernández pretende una toma de conciencia activa por parte del pueblo, para denunciar la esclava y miserable situación del campesino andaluz, que sólo ve “campos de tristeza”. En este poema, escrito a principios de 1937, confluyen motivos que cobrarán mayor protagonismo en posteriores composiciones, como son el sudor y el trabajo.

Las ilustraciones aquí se vuelven más subjetivas y complicadas, utilizando colores más oscuros y apagados para manifestar los sentimientos del autor ante tales acontecimientos.


Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

“Aceituneros”





La poesía de Miguel se torna ahora más personal. Marcado por los avatares de la guerra escribe, a principios de 1939, “El hombre acecha”, dedicado a Pablo Neruda. Un libro compuesto por diecinueve poemas, de los que aquí se presentan tres, en el que se muestra ya a un poeta que ha encontrado su propio estilo; un estilo marcado por ese tono intimista que anunciaba ya un nuevo lirismo. Sus composiciones, de aparente sencillez, responden a una meditada estructura. En algunas de ellas perdura aún el tono combativo y social, mientras que en otras vemos ese intimismo decepcionado, reflejo del desolador presente.

Bajo las complicadas circunstancias de su encarcelamiento y de la muerte de su primer hijo, Miguel Hernández se entregó de lleno a la composición de un poemario que dejó inacabado: “Cancionero y romancero de ausencias”, cuya escritura hay que remontar, aproximadamente, a octubre de 1938. Este libro se compone de casi ochenta poemas, de los que, en este caso, se recogen quince. Este conjunto de poemas viene a ser una especie de diario íntimo del autor, en el que éste vierte sus experiencias últimas, llenas de ausencias, como su encarcelamiento, el nacimiento y prematura muerte de su primer hijo en octubre de 1938, la ausencia de su esposa lejana y de su segundo hijo, a los que dedica gran parte de estas composiciones.

El poema “A mi hijo” expresa el dolor infinito que siente por la muerte de su hijo Manuel Ramón, que el poeta logra transmitir de una forma conmovedora. “Hijo de la luz y de la sombra” es uno de los poemas más logrados de su trayectoria literaria, en él se expresa una visión de la vida y del amor acabada y coherente.

Nos centramos ahora, más en profundidad, en uno de las composiciones más populares del autor oriolano, las “Nanas de la cebolla”, escrita por el poeta en la cárcel de Torrijos en septiembre de 1939. El poema une en sus primeros versos los tres temas que lo originaron: hambre, cebolla y lactancia. Sin embargo, el hambre no es el centro de este poema, sino que se trata de una coplilla para consolar al hijo por las adversas circunstancias en las que vivían. La alegría y la risa, eje central del poema, lo es también de la cosmovisión del autor. La lectura del poema produce una contradictoria sensación, entre alegría y tristeza.

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

“Nanas de la cebolla”


En definitiva, “Cancionero y romancero de ausencias” está elaborado en torno al tema de la muerte prematura de su primer hijo. Todo el cancionero manifiesta la oposición entre la luz y la sombra, que encierra los grandes ejes temáticos de su obra: vida, amor y muerte. Este gran núcleo temático que encierra su poesía, a pesar de ser una obra inacabada, muestra ya la perfección estilística a la que ha llegado el autor.  

El interior de esta carpeta culmina con un índice que recoge los poemas e ilustradores que componen esta obra. En su anverso se presentan los agradecimientos al trabajo y apoyo de los que han hecho posible esta publicación.

 “40 poemas” es una de las iniciativas más creativas y originales que se han realizado en los últimos años para homenajear la figura de Miguel Hernández, con el único interés de lograr que el talento literario de Miguel sea reconocido en todos los rincones.

María Rodríguez Martínez
Mónica Guirao Beltrán

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