
Subtítulo: Revista malagueña de poesía.
Lugar: Málaga.
Lengua que utiliza: Castellano.
Cronología: Editados entre 1952 y 1980. Se publicó en tres etapas.
Primera etapa: Del número 1 al 106, dirigida por José Luis Estrada Segalerva (poeta muy cercano al régimen franquista) y compuesta e impresa por el poeta y tipógrafo Bernabé Fernández-Canivell. Posiblemente, Estrada le dio inmunidad política y seguridad económica; Fernández-Canivell, su densidad y transparencia literarias.
Segunda etapa: Abarcó los números 107 al 199, en los que el cuidado tipográfico estuvo a cargo de José Ruiz Sánchez.
Tercera etapa: Comienza con el número quíntuple 200 al 204 y se caracteriza por el hecho de que abandona la composición a mano, se realiza en linotipia.
Números editados: 279 números editados en tres etapas.
Periodicidad: Generalmente era bimensual, aunque no siempre era así.
Redacción: No consta.
Secretario de dirección: Larios, 5. Málaga.
Teléfono: 14774.
Lugar donde se imprime: Se compone a mano, en la Imprenta Dardo (antes Sur).
Impresores: Bernabé Fernández-Canivell y Rafael León.
Dirección de la imprenta: Alameda, 33. Málaga.
Número de páginas: Era variada, cada número variaba las páginas. Este número en concreto tiene 28 páginas totales (excluido el encarte hernandiano), incluye, además, 1 hoja plegada (4 páginas) con los índices completos del año VIII de la revista (del número 85 de noviembre de 1959 al número 96 de octubre de 1960).
Dimensiones: 25cm x 17,2cm
Número de columnas: 1 columna.
Secciones: Es una revista dedicada a la poesía, su contenido son los poemas y no tiene secciones específicas.
Suplementos: Hubo varias revistas que incluían suplementos dedicados a varios autores, entre ellos estaba el poeta Miguel Hernández. Este número en concreto (96 – 97), incluyó un suplemento dedicado a Miguel Hernández (que lleva por título “Breve Antología”, ilustrado con dibujos de Felipe Orlando).
Portada: En la parte superior aparece el título de la revista, “Caracola” y, a continuación, el subtítulo: “Revista malagueña de poesía”. En la mitad de la portada aparece la ilustración de una caracola dibujada por Manuel Ángeles Ortiz y otra ilustración en la contraportada, dibujada por Enrique Brinkmann. Y en la parte inferior aparece el número de la revista, en el lado izquierdo, y los meses en los que sale y el año en que se edita, en el lado derecho.
Fundador: José Luis Estrada y Segalerva.
Propiedad: José Luis Estrada y Segalerva.
Suscripciones: El precio de seis números, correspondiente a un año, según se detalla en la parte interior de la contraportada, era de 60 pesetas.
Precio del ejemplar: El precio del número suelto, era de 20 pesetas.
Puntos de venta: No consta.
Dirección: José Luis Estrada y Segalerva.
Secretario: Bernabé Fernández-Canivell y Sánchez.
Redactor-Jefe: Alfonso Canales.
Secretario de redacción: Rafael León.
Administrador: Urbano Diéguez Igea.
Colaboradores: En ella colaboraron: José Antonio Muñoz Rojas, José Luis Cano, Fernando Quiñones, Juan Ruiz Peña, Encarnación Seco de Lucena, Juan de Torrecillas, Pedro Pérez-Clotet, Carlos Rodríguez-Spiteri, Alfonso Canales, Rafael León, Adolfo Sánchez Vázquez, José Ruiz Sánchez y Miguel Hernández.
Tendencia política y social: Es una revista literaria, sin tendencia política definida, si bien se dio cabida a poetas exiliados.
Dejando de un lado “Litoral”, que fue la revista más importante de preguerra, hay con posterioridad, un enorme vacío de más de diez años que termina con la fundación de varias revistas literarias. Merecen destacarse las siguientes: “Papel Azul”, suplemento poético de la revista “Gibralfaro”, que dirigían José Antonio Muñoz Rojas y Alfonso Canales (1951-1952); “Caracola”, a cuyo frente se situó siempre José Luis Estrada Segalerva; “Sentir y Alcazaba”. En estos años el panorama poético se ciñe, casi exclusivamente, a la presencia de “Caracola”, hasta que se reanuda la publicación de “Litoral” a partir de mayo de 1968.
Las revistas literarias se convirtieron, por pura necesidad en la España de la posguerra, en el único cauce posible sobre el que pudo, a duras penas, navegar la poesía: ya joven o consagrada, ya clásica o de vanguardia, desde el interior o en el exilio. “Caracola” fue, sin lugar a dudas, uno de los intentos más sólidos y serios que se realizó en los años 50.
Pero “Caracola” es la revista que destaca de forma más notoria dentro del periodo a que nos estamos refiriendo. La labor del bibliógrafo Bernabé Fernández-Canivell, hombre muy ligado a la literatura de preguerra, hizo de la revista una de las empresas poéticas más importantes en los primeros años de vida de la revista. La revista “Caracola” aparece en noviembre de 1952, y fue de principio a fin dirigida por el empeño único de José Luis Estrada Segalerva (poeta menor y polifacético personaje malagueño muy vinculado y cercano al régimen franquista, lo que tal vez propició su salida), fue alcalde de Málaga entre 1947 y 1952. José Luis Estrada quiso hacer de “Caracola” una sucesora espiritual de la revista “Litoral”.
En su primera etapa, conducida por las expertas y elegantes manos del poeta y tipógrafo Bernabé Fernández-Canivell, a quien ayudaron los entonces jóvenes Rafael León y Alfonso Canales. Se dice que Estrada aportaba a los “nacionales” y Bernabé Fernández-Canivell las voces de la literatura española en el exilio, lo que proporcionó a la revista una calidad y un sólido prestigio, al convocar en sus páginas a la casi totalidad de la literatura española del momento. Bernabé Fernández-Canivell dedicó durante diez años muchas de sus horas y sus mejores esfuerzos a la revista. Pero, en unas declaraciones de José Luis Estrada a la prensa, éste omite el reconocimiento a la labor que Bernabé Fernández-Canivell hacia en la revista. Desilusionado, Bernabé Fernández-Canivell abandona la revista en el número 106. La poeta María Victoria Atencia le había organizado un homenaje, con motivo del número 100, en el que estuvieron presentes las firmas más representativas de la poesía española de aquellos años. Ana María Castillo reconoció que Bernabé Fernández-Canivell fue el alma de la revista, añadiendo: “Estrada le dio inmunidad política y su seguridad económica; Bernabé Fernández-Canivell su densidad y transparencia poéticas...”. La revista se caracterizó por la amplitud de criterio, lo que permitió que en sus páginas aparecieran autores, no ya de distintas generaciones sino de estilos contrapuestos. El valor de los cien primeros números radica, aparte de su pluralidad de voces, en la reunión de distintos elementos de reanimación cultural. La revista “Caracola” se apartó cuanto pudo de las directrices oficiales, y fue de las que acogió en sus páginas a gran parte de la Generación del 27.
En sus páginas colaboraron: Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, el tan difícil Luis Cernuda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, José Moreno Villa, Dámaso Alonso,... dando la impresión, a veces, de que nada de aquello había pasado. Ilustraron la revista con sus dibujos o viñetas Gregorio Prieto, Manuel Ángeles Ortiz, José Romero Escassi, Enrique Brinkmann, Ramón Gaya,… Se recuerda también a Antonio Machado y se rinde tributo a la influencia de Juan Ramón Jiménez.
De la segunda época de “Caracola” (a partir del número 108), se conserva la sistematización de las distintas corrientes literarias españolas: sobre poesía valenciana; poesía granadina; norteafricana; andaluza; catalana; aragonesa. La revista “Caracola” tuvo al lado las más extremas colaboraciones, desde Pemán a César Vallejo, la virtud de ser “respetada por todos”, como expresó Juan Ramón Jiménez en 1953 en una carta desde San Juan de Puerto Rico, en la que la alentaba y la saludaba con proféticas palabras: “Que vivas mucho, Caracola malagueña, respetada de todos y alerta en tu arena…”
Con sus 23 años de vida ha sido una de las revistas literarias más longevas de toda nuestra historia. Son importantes, y hoy buscadísimos en librerías de viejo, los monográficos dedicados a Juan Ramón Jiménez (nº 60-61), Adriano del Valle (nº 72-74), Antonio Machado (nº 84-87), Manuel Altolaguirre (nº 90-94) y Miguel Hernández (nº 96-97).
MIGUEL HERNÁNDEZ Y “CARACOLA”
Entre la muerte de Miguel Hernández, ocurrida en 1942, y 1959, tan sólo podríamos dar reseña a algunos artículos dispersos que escritos en una España todavía sometida a una férrea censura, trataban de rescatar al poeta del olvido. En el año 1960, y cuando se cumplían 50 años de su nacimiento, debemos marcar el comienzo de una serie de homenajes a su vida y obra realizados con cierto rigor y no exentos de valentía. Con este motivo, se rindieron homenajes desde diferentes revistas y lugares (“Caracola”, “Idealidad”, “Cuadernos de Ágora”, “Ínsula”, “La Caña Gris”,...). Debemos recordar que ese mismo año y con el sello de la editorial argentina Losada, aparecieron la “Antología” que preparó con tanto esmero María de Gracia Ifach y las “Obras completas”.
Eran todavía tiempos difíciles. En su libro de conversaciones con Vicente Aleixandre, José Luis Cano recogía para el 28 de febrero de 1960 la siguiente anotación (pág. 150):
“...Me habla del proyecto de Homenaje a Miguel Hernández con motivo del cincuentenario de su nacimiento. Nos tememos que haya problemas. Vicente es partidario de que en el manifiesto del homenaje figuren, junto a la inteligencia liberal, escritores de la derecha católica, como Pemán, cuya firma es casi segura. Sería la única forma de que no lo prohibieran”.
En el día 13 de marzo de 1960 (pág. 151) añade:
“...Sobre el homenaje proyectado a Miguel Hernández, me dice Vicente que se piensa constituir un Comité directivo, del que formen parte él mismo, Dámaso, Cossío, Pemán, Melchor, Vivanco, Muñoz Rojas, etc. Se piensa instalar una lápida en la casa donde Miguel vivió en Madrid, y publicar un volumen de textos del poeta poco conocidos y si es posible inéditos. Cree Vicente que el problema será la censura”.
En la página segunda del nº 167 (octubre de 1960) de la revista “Ínsula” y presidido por el magnífico retrato de Miguel Hernández que realizara Gregorio Prieto, aparecía el siguiente anuncio-llamamiento:
- “Cincuentenario de Miguel Hernández: En este mes se cumplirán los cincuenta años del nacimiento del poeta Miguel Hernández. Con este motivo, los que suscriben, unidos en su común admiración por el alto ejemplo humano de la poesía miguelhernandiana, para contribuir a este fin, y sobre todo para estimular y propiciar las obras en tal sentido, convocamos a los escritores, artistas y amantes de la poesía que coincidan en estos sentimientos, así como a las revistas literarias y a los centros culturales, para que en el presente año del cincuenta aniversario del poeta llevemos a cabo:
- La edición de una antología de su obra que contribuya a que sea mejor conocida en España...
- La publicación de trabajos que amplíen el conocimiento y el estudio de su obra.
- Cualquier iniciativa que, en el mismo sentido, pueda ser aportada por la Prensa Nacional e Hispanoamericana, y en especial por las revistas de literatura y de poesía que, con este motivo, pueden y deben dedicarle números extraordinarios.
- Invitamos también, para que contribuyan a este homenaje, a los pintores y músicos españoles, así como a los directores y actores de teatro, quienes podrían montar alguna de las piezas teatrales del poeta.
Los que suscriben, considerando que el valor de un hombre como Miguel Hernández, y su calidad poética, y que el honrar los méritos positivos de tal hombre es honrar a esa misma tierra, estiman obligado este homenaje en la señalada ocasión de su cincuentenario. Madrid, octubre de 1960”.
Por este motivo, la revista “Ínsula” hizo publico un llamamiento encabezado por José María Pemán, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, José María Souvirón, Luis Felipe Vivanco, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Alfonso Sastre, Gabriel Celaya, Concha Zardoya, María de Gracia Ifach, Carmen Conde, Julián Marías, Gonzalo Torrente Ballester, Enrique Canito, Carlos Rodríguez Spiteri, Dionisio Ridruejo, José Luis Cano, María Alfaro, Elena Soriano, Juan García Hortelano, Ricardo Doménech, Aquilino Duque y otros poetas y escritores, solicitando la extensión de su recuerdo.
“Caracola” no podía quedar al margen de esta convocatoria. Esos treinta y dos años de vida y esos dieciocho de muerte, que sumados componen las doradas bodas de la existencia del poeta, han de encontrar aquí también su eco.
En cierto sentido podemos considerar este homenaje malagueño de “Caracola” a Miguel Hernández como doble, ya que, de un lado contiene el recordatorio poético al cumplirse cincuenta años de su nacimiento y, de otro lado, como encarte, una breve antología de su poesía.
Tras unos poemas de José Antonio Muñoz Rojas, José Luis Cano, Fernando Quiñones, Juan Ruiz Peña y Encarnación Seco de Lucena (pág. 5-11), y dentro de la serie cuidada por Alfonso Canales “Antología de poetas malagueños antiguos” de Juan Torrecillas (pág. 12-13), arranca el homenaje poético a Miguel Hernández (pág. 14-26), con el siguiente contenido:
- Pág. 14: nota previa (tal vez realizada por Alfonso Canales).
- Pág. 15: poema “A Miguel Hernández”, del gaditano Pedro Pérez-Clotet. En él se refleja la admiración y el respeto mutuo que ambos sentían.
- Pág. 16: poema “Miguel Hernández”, del malagueño Carlos Rodríguez Spiteri.
- Pág. 17: dibujo de Enrique Brinkmann, fechado: Málaga, 1960.
- Pág. 18: poema “Preguntas a Miguel”, del malagueño Alfonso Canales.
- Pág. 19: poema “Todo en orden”, del malagueño Rafael León.
- Pág. 20: poema “Ser un río de amor que se derrama”; del algecireño Adolfo Sánchez Vázquez.
- Pág. 21: fotografía de Miguel Hernández leyendo en la inauguración de la Plaza de Ramón Sijé, en Orihuela, 14 de abril de 1936.
- Pág. 22: poema “A El rayo que no cesa”, del malagueño José Ruiz Sánchez.
- Pág. 23: poema autógrafo de Miguel Hernández “Es sangre no granizo...”, (18 julio 1936-18 julio 1938, del libro “El hombre acecha”).
- Pág. 23: dibujo de Miguel Hernández representando una “paloma volando”, realizado a tinta y extraído de una carta del 5 de febrero de 1940 a su cuñada Conchita, que había sido reproducida por Concha Zardoya en su libro de 1955 (pág. 43) y recogido con el nº 79 en el catálogo “Poliedros”.
- Pág. 24: dibujo de Miguel Hernández representando un “marinero, el mar, un faro...”, realizado a tinta y extraído de una carta de septiembre de 1935 a Carmen Conde y Antonio Oliver, que había sido reproducida por Juan Guerrero Zamora en su libro de 1951 (pág. 25).
- Pág. 25-26: bibliografía parcial de Miguel Hernández.
- Pág. 26: dibujo de Miguel Hernández representando una paloma quieta, realizado a tinta y extraído de una carta del 5 de febrero de 1940 a su cuñada Gertrudis, que había sido reproducida por Concha Zardoya en su libro de 1955 (pág. 43) y recogido con el nº 82 en el catálogo “Poliedros”.
- Pág. 27: dibujo de Miguel Hernández representando “un gato indignado”, realizado a tinta, recogido con el nº 85 en el catálogo “Poliedros”, y extraído de una carta del 18 de marzo de 1940 a su cuñada Conchita, reproducida por Concha Zardoya en su libro de 1955 (pág. 44).
El encarte forma parte de la serie “Suplementos” de la revista, siendo el nº 20 (único del año 8º), con el siguiente contenido: 12 poemas de Miguel Hernández y 5 dibujos del pintor cubano Felipe Orlando.
El homenaje a Miguel Hernández que Felipe Orlando nos ofrece en estos cinco dibujos es más enriquecedor, más sabio en sugerencias que toda aclaración o glosa verbal. El experto lector de poesía, el amoroso lector del poeta de Orihuela, todo el que sienta su ánimo apedreado por la honda de tan gran pastor de cabras y de resortes poéticos, sentirá ante estos inefables dibujos la iluminación de un oscuro reducto que se le escapaba, de un reducto de tierra y carne, de tinta y emoción irrepetibles.

- Pág. 1-2: nota firmada por Alfonso Canales.
- Pág. 3: dibujo de Felipe Orlando.
- Pág. 5-6: poemas “A María Santísima (En el Misterio de la Encarnación; En el de la Asunción; En toda su hermosura)”. De “Poemas sueltos II” (poemas publicados en “El Gallo Crisis”).
- Pág. 7: dibujo de Felipe Orlando.
- Pág. 9, 3 de las 42 octavas reales de “Perito en lunas”: la nº XII (Lo abominable); la nº XIII (Gallo); la nº XXV (Horno y luna).
- Pág. 10: 2 poemas de “El silbo vulnerado”, nº 1 y 2, “Para cuando me ves tengo compuesto” y “Sin poder, como llevan las hormigas”. De “Poemas sueltos II” (El silbo vulnerado).
- Pág. 11: dibujo de Felipe Orlando.
- Pág. 13: 2 sonetos de “El rayo que no cesa”, nº 2 y 8, “No cesará este rayo que me habita” y “Por tu pie la blancura más bailable”.
- Pág. 14: poema “Muerte nupcial”, de “Poemas últimos”.
- Pág. 15: dibujo de Felipe Orlando.
- Pág. 17: 2 poemas del “Cancionero y romancero de ausencias” (“Troncos de soledad” y “Aunque tú no estás, mis ojos”).
- Pág. 18: poema “Relación que dedico a mi amiga Delia”, perteneciente a “Poemas sueltos III”.
- Pág. 19: dibujo de Felipe Orlando.
Pilar Fernández Vidal
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