Entrevista a David Fraguas

Premio Nacional de Poesía Fundación Cultural Miguel Hernández

 

David Fraguas (Madrid, 1976) es licenciado en Psiquiatría. Trabaja en el Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes (Madrid). Inició su actividad poética en la adolescencia y ha ganado algunos premios literarios como el Luis Rosales en 1998, el Dolores Mañas en 1999, el Andrés García Madrid en el 2000 o finalista del Premio Adonais en el año 2006. Con su libro, “La importancia de las horas”, ha conseguido el Premio Nacional de Poesía Fundación Cultural Miguel Hernández 2008, dirigido a creadores menores de 35 años, dotado con 3.000 euros, un elemento artístico acreditativo y su publicación en la editorial Devenir de Madrid.  Ha escrito poemas para varias revistas, pero éste es su primer libro de poemas, que ha sido publicado con la colaboración de las concejalías de Juventud y Cultura del Ayuntamiento de Orihuela.

“Coherente, bien articulado, fiel a sus lecturas de poetas españoles clásicos y también extranjeros, en el que se conjugan los poemas de corte culturalista y los variados en métrica y tono”. Así fue calificado el poemario ganador por parte del Jurado decisorio.

Actualmente comparte su actividad profesional con la preparación de su tesis doctoral sobre la función psicoterapéutica de la palabra en la obra de Cervantes.
“La importancia de las horas” es, como su autor nos dice, un canto a las horas en las que nada sucede:

y la noche se aleja
y aletean palomas en tus ojos
y es momento de recordar que existes y que existo
y que hemos coincidido
esta vez para siempre
en un lugar del mundo
al fondo de este verso
donde nada sucede
tan sólo el lento paso de las horas.

Teniendo en cuenta que su profesión poco tiene que ver con la poesía, ¿cómo comenzó su inclinación por esta rama de la literatura?

Empecé a escribir poemas –juntar versos- en la adolescencia. Supongo que es una edad propicia, una época inclinada al descubrimiento de nuevos territorios y nuevas formas de expresión. Las lecturas de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez guiaron mis primeras incursiones en la poesía.

Su formación como psiquiatra, ¿se ve reflejada, de algún modo, en sus obras?

He pensado en ello varias veces, pero no tengo una respuesta definitiva. El trato con personas que sufren enfermedades mentales es muy importante en mi vida. Me ayuda a aprender sobre el ser humano, sobre el valor y la fragilidad de los sentimientos. De alguna manera, todo ello ha influido en mí y, por tanto, en mis poemas. Pero si me preguntáis por un verso, un poema, un estilo que refleje esa influencia, no sé qué decir.

Esta obra, ¿la escribió específicamente para presentarla al Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández o era una obra ya acabada?

Escribí el libro entre 2004 y 2008. Nunca he escrito un poema para un premio. Tenía el libro en las manos. Quería publicarlo y me hablaron del Premio Miguel Hernández. Me gustó, me pareció serio, y decidí enviarlo.

Este premio lo ganó en 2008. ¿Ha cambiado en algo su carrera literaria desde esa fecha?

No sé si en mi caso se puede hablar de carrera literaria, quizá “paso” o “eslabón” literario. Éste ha sido mi primer libro publicado. Me gusta escribir y lo hago despacio, en ratos libres, cuando la vida lo pide y las tareas cotidianas lo permiten. La concesión del Premio y publicación del libro fueron muy importantes en mi vida. Por supuesto, significaron un cambio: el primer libro publicado, una suerte de reconocimiento a las horas dedicadas en escribir los poemas. Lo demás sigue igual. Y espero que siga así muchos años.

¿Cuáles son sus autores predilectos?

El libro finaliza con un índice de “deudas literarias”. Autores a los que les debo algo, deudas “literarias”, pero también de vida, de esperanza. ¿Qué escritores prefiero? Cervantes, Quevedo, Galdós, Stevenson, Machado, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Aleixandre, Miguel Hernández, José Hierro. Y muchos otros que ahora olvido.

¿Qué piensa que puede aportar la poesía de Miguel Hernández a las nuevas generaciones de escritores?

Miguel Hernández es un autor contemporáneo. Quiero decir, un poeta del siglo XXI. Pero también fue un poeta del XX y lo será del XXII. Esa es su mayor virtud. Miguel Hernández es un poeta para todos y para siempre. Un poeta para adolescentes y para ingenuos, para solitarios y para los que ven pasar las horas desde la ventanilla de un tren, para los que apuran el último cigarrillo de su vida, los que beben el primer café de la mañana y bostezan y recuerdan que esa tarde tienen que llevar a los niños al dentista y que el mes no termina y el dinero no llega, para los que disfrutan de una tarde de sol en el segundo mes de su jubilación, para los niños que salen de clase con alborozo y han olvidado el nombre del poeta que escribió aquellos versos que tienen que memorizar para mañana: “Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos…”.

¿Qué opina de la labor que realiza la Fundación Cultural Miguel Hernández?

La Fundación Cultural Miguel Hernández abre las puertas a muchos jóvenes que, como yo, intentamos darnos a conocer en el “campo” de la poesía. Es una labor imprescindible en esta sociedad. La poesía establece puentes de relación humana que fortalecen y dignifican a las personas. De alguna manera, la poesía nos hace mejores. Claro que la poesía no está sólo en los libros. “Libro, cuando te cierro / abro la vida”, escribió Pablo Neruda. Lo dijo con la palabra poética, y, al leerlo, nos entrega una chispa de vida, nos hace un poco mejores. La poesía es un grito contra la barbarie que inunda el mundo. La voz y la memoria del poeta Miguel Hernández hablan de todo ello. Por eso, organizaciones como la Fundación Cultural Miguel Hernández resultan necesarias en nuestra sociedad.

¿Propondría alguna actividad especial para el Centenario de Miguel Hernández, que se celebrará el próximo año?

Supongo que la Fundación ha pensado en ello. La divulgación de la obra del poeta es lo más importante.

¿Qué proyectos tiene para el futuro?

Terminar mi tesis (trata sobre la función psicoterapéutica de la palabra en el “Quijote”), seguir con mi trabajo (psiquiatría) y con la poesía. Escribo despacio, con largos periodos de contemplación sin conseguir un solo poema. No tengo prisa. La poesía es un lugar al que regreso cada cierto tiempo, un territorio de aventuras aún por vivir.

María Rodríguez Martínez
Mónica Guirao Beltrán
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