Entrevista a Alfonso Berrocal

Alfonso Berrocal Betés nació en Madrid en el año 1973. Es profesor de Lengua y Literatura en la Enseñanza Secundaria. En 2008 defendió, en la Universidad Autónoma de Madrid, su tesis doctoral sobre la relación entre el pensamiento de María Zambrano y la poesía de Emilio Prados. Colabora como secretario técnico de la “Revista de Hispanismo Filosófico”. Participó en el II Congreso Internacional Miguel Hernández con un trabajo sobre Miguel Hernández y María Zambrano. En el Congreso Internacional “Pensamiento y Palabra: en recuerdo de María Zambrano” presentó la comunicación “Exilio, poesía y pensamiento a través de la correspondencia de Emilio Prados y María Zambrano”. Actualmente reside en Bruselas.

¿Cómo surgió su interés por la figura y obra de Miguel Hernández?

Ha sido un proceso gradual, desde que lo leí en el colegio siendo muy joven ha sido un poeta que me ha deslumbrado siempre. A la edad de 16 o 17 años en que uno siente ciertos valores como la amistad o el compromiso de un modo casi visceral, un poema, aunque sea típico de antologías escolares, como la “Elegía” a Ramón Sijé, por ejemplo, te conmueve especialmente. Esa primera emoción hizo que uno buscara al poeta en libros como “El rayo que no cesa” o “Viento del pueblo”, que leí también por esa edad. Del mismo modo, el destino vital de Miguel Hernández, que uno conoce de forma general y posteriormente intenta ir ampliando, hace que a nivel humano sea un poeta del que resulta imposible apartar la mirada. Luego se han dado dos circunstancias decisivas, una de ellas es que, sin que yo lo sospechara inicialmente, podía formar parte de mi tesis doctoral, como así fue, y el poeta adquirió otra dimensión, enriquecedora también, a través del estudio. La otra circunstancia es ser amigo de Aitor Larrabide, que es un permanente foco de contagio del  conocimiento y el amor a la obra de Miguel Hernández.

¿Cuál es la razón de que se haya interesado por la relación entre el poeta oriolano y María Zambrano?

Fundamentalmente, a partir de la filosofía de María Zambrano. Mi tesis es de filosofía, que es la carrera que estudié, y de un modo general me interesa ese campo de encuentro y desencuentro de la filosofía y la literatura. El caso de María Zambrano es excepcional, en mi opinión, porque su pensamiento filosófico sobre la poesía, o la llamada “razón poética”, está arraigada en una tradición literaria española y en un diálogo con los poetas de su tiempo absolutamente franco y sin establecer un discurso de autoridad. Hay “filósofos de la poesía” que se sienten excusados de leer poesía, o de dejarla hablar realmente, o les basta con uno o dos poetas. El caso de Zambrano es todo lo contrario, de ahí su originalidad. En mi estudio he tratado de recomponer ese diálogo del pensamiento de María Zambrano con los poetas de su tiempo. Emilio Prados adquiere una singularidad especial, pero en absoluto son desdeñables figuras como Bergamín, Cernuda o el propio Miguel Hernández. Zambrano y Hernández fueron amigos, y si su amistad aparenta ser un pequeño episodio es, sin duda, por las circunstancias vitales de ambos. Miguel Hernández le dedicó un poema en 1934 y ella escribió un artículo sobre el poeta en 1977. Es, prácticamente, todo lo que tenemos, pero más allá de los documentos y desde el punto de vista crítico no me parece exagerado afirmar que Miguel Hernández puede contarse perfectamente entre los poetas que prestan ese aliento “poético” a la razón, tal como la definió María Zambrano.

Es usted profesor de Lengua y Literatura en la Enseñanza Secundaria. ¿Cree que se le dedica suficiente tiempo al estudio de la obra de Miguel Hernández en la Educación Secundaria Obligatoria y en Bachillerato?

Creo que esto forma parte del debate de la situación de nuestra educación y su porvenir y de la degradación general de las llamadas “Humanidades”. No hace tanto que yo hice el COU, y en comparación con 2º de Bachillerato creo que leíamos más obras. Si no me equivoco, a propósito del Centenario se ha declarado a Miguel Hernández lectura obligatoria en alguna comunidad autónoma. No está mal. A veces el profesor no sólo siente, por parte de los alumnos, el rechazo a la lectura, sino cierta indiferencia o actitud peyorativa hacia su contenido mismo. No obstante, en el último colegio que trabajé, un centro bilingüe, se preparaban unos exámenes externos del sistema de educación británica llamados IGCSE, en los dos últimos años, “El rayo que no cesa” era una de las lecturas del IGCSE de Literatura española, y fui testigo de cómo durante cerca de un trimestre, el libro se leyó y se “desmenuzó” y los compañeros que preparaban aquella asignatura se desvivieron por acercar la obra del poeta a los alumnos. Sé que es un caso muy particular, pero con todo, y porque para ser profesor hace falta cierta dosis de esperanza, me resisto a creer que en estos momentos no haya un solo alumno en cualquier rincón de España que esté dispuesto a querer saber más de Miguel Hernández de lo que dice su libro de texto, o a dejarse deslumbrar por la intensidad de su poesía.  Y seguramente lo esté leyendo como tantos de nosotros lo hemos leído.

¿Cómo cree que puede influir la figura de Miguel Hernández en los actuales escritores?

Creo que Miguel Hernández es uno de nuestros más grandes poetas, y por tanto una lectura necesaria para cualquier escritor. Pertenece a su pasado literario más brillante y aún próximo. La fuerza y tensión expresiva de Miguel Hernández, o la forma en que aparece el mundo y el amor en su poesía, es absolutamente singular. Igualmente, siempre ha sido un referente de la llamada “poesía social”, y aunque este género haya cumplido ya su papel, está todavía muy lejos de caducar el sentido humano latente (latido de corazón vivo) de la poesía de Miguel Hernández.

¿Qué opinión le merece la situación actual de la figura de Miguel Hernández?

Tengo la impresión de que en los últimos tiempos poco a poco ha ido saliendo del claustro y de la etiqueta de ser en exclusividad “el poeta del pueblo”, “el poeta comprometido”, etc. –y sin que necesariamente tenga que dejar de ser eso- ha ido alcanzando la plenitud y unidad de su figura y su obra. Algo que, en mi opinión, le hace mucha más justicia. No está tan lejos la última edición de sus obras completas, y acontecimientos como la biografía de Ferris, por ejemplo, permiten a los lectores juzgar y situar en una trayectoria vital y literaria, lo que, quizá antes, formaba parte de lo difuso del testimonio aislado, del tópico e incluso del mito. Del mismo modo se ha avanzado mucho en el estudio de aspectos concretos y documentales, con gran nivel técnico, como creo que ya se puso de manifiesto hace unos años con motivo del II Congreso Internacional. Así que, a buen seguro, el año Miguel Hernández va a servir para completar y enriquecer ese sentido unitario de la figura del poeta.

¿Qué conocimiento tiene de las actividades que, desde la Fundación Cultural Miguel Hernández, se están programando con motivo del Centenario?

El trabajo de la Fundación, tanto a nivel divulgativo como científico, explica en buena medida ese proceso por el que la figura de Miguel Hernández está ganando plenitud y unidad. El éxito de lo programado tiene ya la garantía de todo lo hecho hasta ahora, desde las publicaciones al cuidado y búsqueda de los archivos y documentos, un trabajo que por parecer propio de especialistas queda a veces en el silencio. Pero de cara al centenario destacaría el trabajo hacia la difusión internacional como, por ejemplo, que la Fundación promueva o colabore con homenajes a Miguel Hernández que se van a celebrar en más de una docena de países, o con universidades de gran prestigio como Cambridge, o con un foro de encuentro de especialistas. Del mismo modo me parece muy oportuno el no perder el vínculo con lo popular –siempre presente en el poeta- a través de recitales, conciertos o exposiciones.

¿Tiene pensado colaborar con la Fundación Cultural Miguel Hernández, en el año del Centenario?

Estaría encantado de poder hacerlo.

¿Tiene algún proyecto en funcionamiento actualmente relacionado con el poeta alicantino?

Hace apenas un mes he escrito un pequeño prólogo para una edición de “Cancionero y romancero de ausencias” que Ediciones Vitruvio va a publicar en breve. No es una edición crítica ni un estudio sino una invitación y un encuentro con la última poesía de Miguel Hernández.

Mónica Guirao Beltrán
María Rodríguez Martínez

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