Presentación del libro de Francisco Esteve y Jesucristo Riquelme

El lunes 7 de abril de 2003, se presentaron en la Sala Histórica de la Biblioteca Pública del Estado “Fernando de Loazes” los dos volúmenes de la obra Miguel Hernández, Antología Comentada, realizada por los profesores Francisco Esteve y Jesucristo Riquelme. La presentación, corrió a cargo del también profesor Mariano Abad. Éste inició su disertación con la afirmación de que “Miguel Hernández sigue siendo un poeta necesario”. Cobra sentido en esta obra un empeño o necesidad: la necesidad divulgativa. En este sentido, sin renunciar al aspecto crítico como en cualquier antología, vamos a ver un asomo de lo divulgativo, desde todas las facetas, para poder, así, ofrecer una imagen global y coherente del poeta.

El primer volumen, dedicado a la poesía, se abre con un prólogo de Arturo del Hoyo, editor del primer intento español de antología poética de Miguel Hernández. Aparece después, y a modo de presentación o introducción, una biografía, sintética, pero adecuada al propósito. El referente, como deja claro el editor, es la primera edición de la Obra Completa, de Espasa-Calpe, publicada en 1992.

En cuanto al criterio organizativo de la antología, algo ambicioso y atrevido quizá, no ha sido otro que el temático, pretendiendo así comprender el desarrollo de la personalidad y la producción literaria de Miguel Hernández, que van íntimamente unidas. Sólo habría que recordar la confesión del poeta “la poesía es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no escribir”.

Los temas que destaca el editor son cinco: el amor, la conciencia social, el compromiso político durante la guerra, el amor a la naturaleza y sus inquietudes íntimas, surgiendo de éstos, como ramas, distintos subtemas: de la naturaleza, los fenómenos atmosféricos, la flora y la fauna, el agua y la tierra; con respecto a la poesía amorosa, se podría hablar de un amor atormentado y un amor a la muerte; en lo concerniente a la poesía de compromiso social, podríamos citar el trabajo, la paz, la justicia y el hambre. El pueblo, España y el toro y, en última instancia el dolor, las cárceles, las ausencias y la enfermedad son los subtemas de su poesía de guerra, y finalmente, en su poesía última, podríamos destacar como claves, la pena, la muerte, la ausencia y la libertad.

El propósito de facilitar el conocimiento y la evolución del poeta se consigue así, debiendo destacar que Miguel fue muy prolífico, “quemando” y “concentrando” en diez años los movimientos literarios de principios de siglo en la Literatura Española.

Muy interesante, en esa evolución que destacábamos, puede ser la que sufre su poesía amorosa. Su concepción amorosa en Perito en lunas, es de tipo sexual, en El rayo que no cesa, posee un carácter místico y sensual y en los poemas de guerra vemos un amor de tipo colectivo.

Sobre su poesía social, en su poesía de guerra, hay también una evolución, de lo épico hacia lo intimista. En los veinticinco poemas de Viento del pueblo, aparece España reflejada, lo cual viene a desmontar el mito de su “antiespañolidad”.
La edición dispone, además, de una gran cantidad de notas a pie de página para contextualizar los poemas, aludiendo a las interpretaciones de la crítica, de los poemas y de las cartas y otras obras relacionadas.

Después, se insertan una bibliografía y un índice alfabético con los versos.

El segundo volumen, se ha dedicado a la prosa, aunque también al teatro, teatro que escribió en verso, aunque los imperativos editoriales obligan a hacer esta distinción. Ésta, será la primera antología que recoja el teatro Hernandiano, ahondando así en el intento divulgativo que se impusieron los editores al principio. Lo que hay que destacar es lo prolífico de Miguel como autor teatral, aunque el éxito fuera otra cosa. Sobre el enfoque dado a su teatro, digamos que éste se ha “antologado” para contrastar esa evolución. Hay que hacer constar, no obstante, el equilibrio entre lo divulgativo y el rigor, lo cual, no obsta para hablar de una síntesis asumible por un lector que se aproxime a su teatro por primera vez.

Aquí se ha realizado un profundo estudio de las seis obras que se antologan, precedidas de una introducción que permite acercarse al desarrollo de la obra. Los textos seleccionados, coherentes y con sentido de manera autónoma, son representables, siendo muy interesantes las puestas en escena –pocas- y la publicación de una reseña de las representaciones de las obras de Miguel.

De las otras facetas prosísticas de Miguel que aparecen en la obra, merecen un especial interés las cartas que aquí se estudian. Estos trece documentos nos van a acercar a determinadas facetas de su vida.

También se van a ver recogidas aquí sus prosas poéticas o líricas, algo también novedoso a nivel de antología y que Miguel cultiva con constancia desde el principio, y su periodismo de guerra, finalizando con la edición de los cuentos que hizo para su hijo Manuel: El potro oscuro y El conejito.

El volumen, lo cierran un epílogo y un apéndice junto con la acostumbrada bibliografía y una cronología y un apéndice, que recoge textos que no aparecieron en la Obra Completa en 1992 por aparecer después, y que recoge textos como el himno de “La Repartiora”, cartas no recogidas con anterioridad y que dirigió a la familia de Ramón Sijé y que recoge Aitor Larrabide, cartas desde la cárcel, textos periodísticos que han aparecido recientemente, artículos de la guerra, e incluso textos apócrifos de crítica musical.

Resumiendo, tenemos aquí una visión completa que permite forjarse una idea completa de cada uno de los aspectos de un poeta complejo como Miguel Hernández, de un poeta por el que, como destacó el profesor Esteve, debemos sentir una gran satisfacción por la vigencia de su palabra y de su mensaje, vivo. Él fue un poeta atípico, autodidacta y tópico, tópico etimológicamente hablando (del griego “topos”, lugar), por la unión con su tierra, pues a él no se le puede entender sin Orihuela.

Para el profesor Riquelme, Miguel Hernández es universal y es un clásico del siglo XX, sin ningún afán provinciano. Su valor y su fuerza, perduran. Ha querido ser coherente, y hacer algo no comentado, sino muy comentado por todos los datos que aportamos. Es, en conjunto, una polifonía de voces, donde aparece un Miguel Hernández dramaturgo y prosista desconocido. Es un chico de 28 años, cumplidos en la cárcel. Miguel, pasó del anonimato en 1935-36 a un reconocimiento en el 37.

También podemos destacar del libro algunas facetas desconocidas de Miguel, como el gusto por las nuevas iniciativas creativas del momento, como el cine, llegando incluso a proponer a Buero Vallejo dedicarse al Séptimo Arte.

Finalmente, recordar lo que quizá ha sido menos conocido, su faceta de dibujante. Miguel no fue un gran dibujante, pero sí un ilustrador de sus poemas con cierto candor y mimo. Estos dibujos, han sido expuestos por el Ayuntamiento de Elche y quizá puedan venir a Orihuela en un futuro no muy lejano.

“Miguel Hernández, terminó fiel a sí mismo dentro de sus libros. Abrámoslos e impregnémonos de su espíritu por doquier”.

A continuación hubo un recital músico-poético a cargo de los recitadores Jesucristo Riquelme, Laura Moñino y Pepe Vegara, y Pilar Casanova tocando el violín. Recitaron poemas como “Pintada y no vacía está mi casa”, “Vals de los enamorados” o “Las abarcas desiertas”, que pretendían ilustrar las cuatro etapas de su producción poética. En total, dieciséis poemas que estaban complementados con la proyección de fotografías y dibujos y motivos alusivos a los poemas y a Miguel Hernández.

Manuel Ramón Vera Abadía
María Zaragoza Riquelme



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