Miguel nos describirá en su poesía toda su vida, por tanto la imposibilidad de separar la vida de la obra nos lleva a un detenimiento más sociológico del poeta. Todo aquello que se le vaya quedando en la memoria a lo largo de su corta e intensa vida, serán hechos de gran relevancia, que mantendrá presente y envolverá sus pensamientos e inquietudes plasmados en todo aquello que escribe.
El treinta de octubre de 1910 en Orihuela, nace Miguel Hernández en una familia humilde y sencilla, en la calle San Juan, 80. El matrimonio Hernández es llamado y conocido por el pueblo oriolano como “Los Visenterre”.
Será el tercero de cuatro hermanos: Vicente, Elvira, Miguel y Encarna, que logró sobrevivir y ser compañera de juegos de Miguel en un momento en el que el índice de mortandad infantil era altísimo y después de tres hermanas que no sobrevivieron. Todo esto dejará en la mente del poeta reminiscencias que más tarde plasmará en su poesía.
A los cuatro años de Miguel, la familia se traslada a la calle de Arriba, donde serán vecinos de Carlos Fenoll y Don Luis Almarcha, futuros amigos incuestionables de la familia.
La figura de la madre y lo que conlleva el rol estereotipado de la época le influye, retratando siempre a la madre con una imagen resignada y tierna. Son bastantes los poemas que le hacen referencia, e incluso, tras los personajes masculinos de su teatro, siempre hay una madre. Los primeros recuerdos del poeta, están envueltos en las imágenes del lugar donde pasó sus primeros años, viendo a la mujer, a la esposa, a la madre, trabajando sin descanso en casa, y sacando adelante a la familia.

más que una muela cuando me pariste....
Miguel comienza su formación académica en el Colegio de Santo Domingo. Como cualquier chaval de su edad, crece entre la ‘arrejullaera’, que es una piedra lisa que se encuentra en la subida al seminario de Orihuela, por donde, como si de un tobogán se tratase se deslizaba hacia abajo, se baña en el agua fría de río, y hace travesuras. A los catorce años su padre pretende que siga su profesión de tratante de ganado y finaliza su vida de estudiante. Él será encargado de pasturar el rebaño. La influencia directa de la profesión de pastor será el contacto con la naturaleza y el largo tiempo en soledad. Esto le proporciona un marco de actuación para hacer lo que le gusta: leer y reflexionar sobre los libros prestados por algunos de sus amigos, como Luis Almarcha.
Miguel era autodidacta, también determinado por sus comentarios literarios posteriores con otros poetas y amigos. Pero lo que realmente le aporta mayor inspiración es el contacto con lo natural, con la tierra, el verdor, la sierra. Exalta las características más destacadas de la naturaleza mediterránea, y aquellas que son más insignificantes las convierte significativas con su poesía: El conocimiento profundo de la vida natural y elemental, agua, cielo, tierra, árboles, sierra, fecundaciones, nacimiento y muerte.
Si queréis el goce de visión tan grata
que la mente a creerlo terca se resiste;
si queréis en una blonda catarata
de color y luces arreglar la vista;
Si queréis en ámbitos tan maravillosos
como en los que en sueños la altamente yerra
revolar,en estos versos milagrosos.
Contemplad mi pueblo. Contemplad mi tierra...

Entre las personas que le importan están sus amigos de la niñez, tanto José Marín (Ramón Sijé), como Carlos Fenoll, se socializan con Miguel. Sus conversaciones en la tahona y sus disputas literarias ocasionan, en algunos casos, una homogeneidad en sus pensamientos, y en otras, el respeto a la diversidad de opiniones. Porque el respeto es la clave de su amistad. El apoyo incondicional demuestra el aprecio y el apego real hacia quien lo quiere.
Carlos Fenoll fue un hermano para Miguel, se convirtió en su referente. Pero fue más que eso. En él obtuvo el afecto y la comprensión que, en un momento, todos necesitamos para seguir adelante. El nombre de Miguel aparece por primera vez en la prensa local, gracias a su amigo Fenoll. La relación con Ramón Sijé se fragua un poco más tarde.
Aquí debemos destacar cómo la poesía fue entonces capaz de eliminar las diferencias y barreras entre clases sociales, cómo en una Orihuela muy estructurada, interactuaron personas de diferentes status socioeconómicos.
La presencia de Ramón Sijé, en la vida de Miguel, es determinante para entender ciertos aspectos de su obra y de su personalidad, de hecho la amalgama de características de los dos poetas rozaba el esplendor, por ello tenían mucho que aportar el uno al otro. Ramón Sijé, tiene inteligencia y mucha formación mientras que Miguel tiene ese instinto e imaginación del que carece Sijé.
“Hermano, hermano ¿Qué alegría he sentido al leer tu alentadora carta, al ver que me llamas hermano” Hermanos somos, sí... en todo: Me pasa lo que a ti, en todas partes oigo el eco de esa tu voz... que tu recuerdo...Miguel lee a los clásicos a través de la Biblioteca de Autores Españoles, la Biblioteca del círculo de Bellas Artes y la de Teodomiro donde lee a los autores universales de la colección de ‘Novelas y cuentos’, además de libros prestados por Luís Almarcha y el propio Sijé.
Su primer libro publicado, Perito en Lunas , es toda una época hernandiana e incluso poética. Experto en lunas, la luna de continua impermanencia, sueño y transformación.
Sufrió una fuerte decepción ante la indiferencia con que su libro fue acogido. Las reseñas no abundaron y ni siquiera fueron excesivamente alabadas.
Su amigo Lorca lo anima. Miguel utiliza una técnica metafórica que resulta de difícil entendimiento, sin embargo la gran novedad es que las formas parecen complejas pero el fondo es de gran simplicidad, mientras que la poesía vanguardista utilizaba tanto las formas como el fondo complejo. En éste, su primer libro, se deja patente el uso que hacía Miguel de la poesía. Era su mecanismo de defensa y protección de su condición social, siempre determinado con lo que vive en cada momento.
A partir de ahora, continúa una lucha ambiciosa por el anhelo de logros y reconocimiento social, que pese a las vicisitudes, el empeño por el más profundo entusiasmo, la perseverancia y la tenacidad, darán el fruto a tan ansiado fin.
Como una fontana que,
eterna, en brotar persiste,
como un sendero, me iré...
y no acabaré de irme.
María Zaragoza Riquelme