Miguel en el recuerdo
TESTIMONIO DE ANTONIO GIMÉNEZ IBARRA SOBRE MIGUEL HERNÁNDEZ
“Su padre le decía que escribiendo versos no iba ser nunca nadie”

Sentado en su sillón y rodeado de sus libros, Antonio Giménez arranca una mueca para hablar del poeta. Defiende la calidad de su obra por encima de cualquier comentario biográfico, “A Miguel hay que leerlo, ya que su poesía es la que vale”. Tuvo la ocasión de escuchar a Miguel Hernández recitar unos versos en el cementerio y ahora sus recuerdos se transforman en palabras, que viajan a través del tiempo, para rendirle su particular homenaje a “uno de los poetas más importantes que ha existido”.

¿Cuáles son los primeros recuerdos que le vienen a la memoria sobre Miguel Hernández?

Los primeros recuerdos que me vienen a la memoria son de cuando yo era pequeño. En aquellos años los cabreros iban de casa en casa repartiendo la leche, llevaban las cabras y en la misma puerta las ordeñaban. En alguna ocasión, recuerdo como mi madre me daba un vaso con un poco de azúcar y esperaba a que llegara Miguel o su hermano Vicente, a veces, venían los dos juntos, a traernos la leche. De esta forma conocí a Miguel.

¿Coincidió con Miguel en la escuela?

Acudimos al mismo colegio pero no coincidimos en la misma clase, ya que él era más mayor que yo. Miguel estudió en el Colegio Santo Domingo de los Jesuitas en las escuelas del Ave María, porque el padre tenía mucha amistad y buena relación con los Jesuitas, y no entró como monaguillo como se ha comentado. Vicente, el padre de Miguel, era consejero de los Jesuitas para la compra de ganado, que luego se cocinaba para los alumnos internos del Colegio.

Miguel estuvo unos años en el Colegio y hubiera seguido en él, a no ser que, por una desgracia, falleció su tío en Barcelona, y el negocio familiar se vino abajo, y se redujo la venta de leche, por lo que el padre tuvo la necesidad de la colaboración de sus hijos para ayudar a salir adelante a la familia. El padre tuvo que sacar a su hijo Miguel del Colegio y dedicarle de lleno al negocio.

¿Tenía Miguel una buena relación con su padre?

La relación era la de aquellos tiempos. Su padre era un hombre enérgico como la mayoría de los padres. Miguel tenía la vocación de poeta y, claro, lo sacaron del colegio y esto hizo que la relación de amistad con su padre no fuera muy agradable. Su padre le decía que escribiendo versos no iba a ser nunca nadie. Pero el padre de Miguel fue un hombre muy respetable y una excelente persona, sólo pocas personas como Francisco Martínez Marín han hablado bien de la familia de Miguel.

¿Tuvo la ocasión de escuchar a Miguel Hernández recitar alguno de sus versos?

Miguel se reunía en la Tahona con sus amigos para recitar poesías, pero no fue allí donde tuve la ocasión de escucharlo sino en el cementerio. Yo iba al cementerio con frecuencia porque se había muerto un primo mío y Miguel que tenía costumbre de ir mucho por allí, se encontraba un día con unos amigos en la puerta de entrada del cementerio, a los lados, había dos bancos de obra adosados a la pared, donde estábamos sentados.-Uno de los que acompañaban a Miguel le dijo: ¿por qué no nos dices alguna poesía de este lugar? Enseguida dijo Miguel; “Escuchad; Entró una vez un poeta a un viejo cementerio y vió en un rincón un montón de huesos y en una calavera había germinado una florecilla silvestre, de las que nacen en el campo.- y dijo:

¡Pobre flor! ¡ Qué mal naciste!
¡Qué fatal que fue tu suerte!
Al primer paso que diste
tropezaste con la muerte.
El dejarte, es cosa triste
el cogerte, cosa fuerte,
pues dejarte con la vida
es quedarte con la muerte.-

Aquello me gustó tanto que le dije a Miguel Hernández que me lo copiara. Llevaba un papel de estraza en el bolsillo de mi pantalón. Lo saqué y me lo puse a copiar, Miguel terminó de copiarlo. Me lo dedicó y lo guardé. Estos versos no los había revelado hasta el cincuenta aniversario de su muerte. Ahora los sigo recordando día tras día, ya que es para mí uno de los poemas más bellos de Miguel.

Se ha comentado que Miguel ha escrito sólo sobre temas de la guerra, ¿qué hay de cierto en esto?

Eso no es verdad, hay que leer a Miguel Hernández, es lo primero que decimos todos los que apreciamos a Miguel. Ver los versos que escribió en tiempos de guerra como El Rayo que no cesa, unas poesías que han corrido el mundo entero y le han dado la fama como a uno de los grandes poetas de este siglo. También tiene poemas preciosos dedicados a la Virgen, y auto sacramental- religioso. De hecho, un arzobispo francés le dirigió una carta de recomendación a Franco solicitando perdón para Miguel, ya que un hombre que había sido capaz de escribir un hermoso auto sacramental- religioso, no podía tener maldad en su alma.

¿Ha tenido la oportunidad de leer la biografía de José Luis Ferris?

Sí, y me parece muy buena, ya que en ciertos aspectos se acerca bastante a la realidad, se nota que ha tenido una información muy exacta de la vida de Miguel Hernández, ya que nombra ciertas cosas que no se habían publicado aún. Pero es una pena que se hable más de la vida de Miguel; su infancia, su adolescencia, su juventud y luego siendo mayor, que de su poesía.

¿Cree que se le han hecho suficientes homenajes a este escritor oriolano?

Por muchos homenajes que se le hagan se hablará poco de él. Para mí, Miguel es uno de los poetas más importantes que ha existido. Cuando hayan pasado cien años de la muerte de Miguel Hernández no se hablará de los defectos de su familia, entonces verán que la poesía de este escritor es una de las mejores que ha habido. A Miguel hay que leerlo, ya que su poesía es la que vale.

¿Qué le parece la labor que está realizando la Fundación para la difusión de la vida y obra del poeta?

La labor que se está realizando desde la Fundación, dirigida por Juan José Sánchez Balaguer es magnífica. No podía haber sido de otra manera. Estoy siguiendo todos los actos de la Primavera Hernandiana que desde la Fundación se han hecho para recordar a Miguel y me parece maravilloso. Creo que no hay que regatear lo más mínimo en todo lo que se pueda hacer por esta poeta tan grande.

Miguel Hernández se dará a conocer en todos los sitios del mundo entero. Es más, Orihuela es conocida gracias a Miguel Hernández.

Nuria Illescas


Subir