Amistad eterna: Pablo Neruda y Miguel (Alfonso Enrique)

Resulta indudable que para explicar esta relación es preciso enmarcar estas dos figuras literarias en el contexto enmarañado que representa el Madrid de los años treinta, así como las corrientes ideológicas y literarias que los envuelve. También es indispensable señalar la influencia tan destacada que asumen escritores tales como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Unamuno, etc., que marcan, sin lugar a dudas, el camino a seguir a las jóvenes promesas e incluso a elementos exóticos como Pablo Neruda, el cual, al mismo tiempo que es influenciado por estos ilustres escritores también aporta savia nueva para mayor prestigio de nuestra lengua.

A este respecto, su presencia es totalmente comparable a la labor que Rubén Darío realizó en nuestro país y tan fecunda como aquélla. Enriqueció los diferentes ámbitos creativos, aprendiendo a su vez la forma de conjugar conceptos como el misterio y la exactitud, o el clasicismo con la pasión. Ésta visita fue fructífera en muchos aspectos, como hemos podido comprobar, pero queda asimismo un aspecto que no debe ser subestimado: la estrecha relación que se produce entre los pueblos hermanos de ambos continentes.

Neruda llega a Barcelona en calidad de cónsul de Chile, pero pronto muestra sus dotes literarias. En 1934 ofrece en la Universidad de Madrid una conferencia-recital en que es presentado por Federico García Lorca. En 1935 logra ser trasladado a Madrid con la misma responsabilidad diplomática antes citada. Este dato es importante ya que será en la capital donde se encontrará con Miguel. En concreto, se conocieron en la llamada ‘Casa de las Flores’ en Madrid, domicilio en donde el cónsul celebraba tertulias literarias. Es aquí donde Miguel quedó eternamente fascinado por su futuro mentor. Éste, a cambio, le entrega desde el primer momento su amistad y protección.

Esta estrecha relación se refleja en la participación de Miguel en el folleto-homenaje, impreso por la editorial Plutarco, que contiene los ‘Tres Cantos Materiales’, de Residencia en la tierra. Miguel, lejos de su círculo intelectual oriolano, y de su conservadurismo, explora en estas tierras madrileñas y, asimismo nerudianas, nuevos senderos para su obra poética. En concreto le arrastra hacia una poesía social y política. Por poner un ejemplo de la nueva influencia que recibe señalemos la crítica que efectúa Neruda de la revista “El Gallo Crisis”, de inspiración neocatólica, que Miguel trata de vender en Madrid por encargo de Ramón Sijé.

Al comenzar el año 1935, los cambios son ya perceptibles, se acercaban a su término los años de más intenso barroquismo neogongorino, la etapa de Perito en lunas que había estado influenciado por fuertes reminiscencias de nuestro Siglo de Oro. Es el momento en que en él despunta la poesía comprometida, portadora de un mensaje vital y humano, de mayorías, cuya cualidad esencial será la claridad que tanto le había aconsejado Neruda, el cual nunca se había preocupado por la perfección de la forma.

Aquí reside la importancia de Neruda: él fue quien rompió sus cadenas, transportándolo a una literatura más honda y con mayor implicación social, es lo que se desprende de la entusiasta crítica a Residencia en la tierra que apareció en los folletones de ‘El Sol’. Poemas hernandianos de este periodo son una proyección directa de esta estética proclamada por el maestro Neruda. La garra, el ansia de destrucción, la amargura del dolor, el hambre, las cárceles se convierten en sus nuevos focos de inspiración poética.

También hay que destacar la ideología marxista, de la cual se empapa hasta los mismísimos huesos en casa de Neruda. Acontecimientos como la revolución de los mineros en Asturias en octubre de 1934, le llevaron a pensar y a plasmar en su obra una sociedad más justa, además de implicarle cada vez más en la ideología izquierdista. La revolución llevada a la poesía se plasmará en su obra ya en 1935 en su drama “Los hijos de la piedra”. Miguel canta el tema de la sangre en poemas cumbres como “Sino sangriento” y “Mi sangre es un camino”.

En el legado que Neruda le entrega a Miguel no podemos dejar a un lado el superrealismo nerudiano, el cual también alimenta al poeta en su quehacer cotidiano en pos del perfeccionamiento técnico de sus escritos, aspecto este que le afecta mayor incluso que el surrealismo francés que tan en boga estaba por aquellas fechas.

La victoria del amor

A Maria Dolores Alemán Sánchez,
Verdadera inspiración de mi corazón.

Largo es el camino que me lleva a ti, mas no cejo en mi empeño,
y pese a los obstáculos de la vida,
accederé a través de tu rosado pecho,
a tu ardiente corazón.
Me alojaré en él,
y a pesar del tiempo y el espacio,
jamás caminaré por la angosta senda del olvido.
Me embriagaré del dulce aroma que exhalas y,
adornaré mi ser, con innumerables pétalos, que embellecerán
mi humilde faz.
Engalanado de esta guisa, me presentaré ante ti,
dispuesto a danzar la armoniosa melodía del amanecer;
para desafiar a la muerte, portadora del gélido hálito maldecido.
Así y por siempre, prevaleceremos cuando ya sólo reposen
nuestros desgastados osarios y la nada invite a pensar que nuestros cuerpos se puedan hallar.

Alfonso Enrique Moya Torres
Orihuela, 9 de Mayo de 2003

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