
Con motivo de la celebración del Centenario del nacimiento del poeta oriolano Miguel Hernández, el Cronista Oficial de Molina de Segura, Antonio de los Reyes, rinde su particular homenaje al alicantino, con la publicación de “Miguel Hernández y su relación con Murcia”, un breve opúsculo de 15 páginas, que fue presentado, el miércoles 28 de abril, en la Biblioteca Salvador García Aguilar, dentro del marco de las actividades de la “Primavera del Libro”.
Este ensayo, editado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura, se centra, especialmente, en la relación que existió entre Raimundo de los Reyes, padre del autor, y redactor entonces del periódico “La Verdad”, y Miguel Hernández, una relación que se remonta a 1932, gracias a la mediación de Ramón Sijé.
En el cuadernillo, Antonio de los Reyes, cuenta cómo su padre promovió la publicación de “Perito en lunas”, primer poemario del oriolano. En la década de los 30, el periodista Raimundo de los Reyes crea, junto a Antonio Oliver y el investigador y ensayista murciano José Ballester (redactor-jefe de “La Verdad”), la revista y la editorial “Sudeste”, publicación que se encargaba de mantener vivo el espíritu del grupo murciano de la Generación del 27. Narra el autor sus recuerdos sobre las visitas que Miguel Hernández realizaba a su casa para corregir las pruebas de su poemario, y cómo su padre, director de “Sudeste”, ayudó a publicar el libro del que era, en aquel entonces, una joven promesa de la literatura española, y al que le uniría una gran amistad.
Además, De los Reyes realiza un breve repaso por las distintas publicaciones literarias de la época, y da cuenta, también, de diversos aspectos de las relaciones entre Miguel Hernández y algunos escritores de la Generación del 27. Pero eso sí, hay que matizar que Antonio de los Reyes no pretende dar una lección magistral sobre los pormenores de esta Generación, ya que según el propio autor existen suficientes estudiosos, valga como ejemplo el profesor Francisco Javier Díez de Revenga, que poseen un amplio conocimiento sobre el tema. Su única intención es la de recordar a una serie de literatos murcianos que contribuyeron a enriquecer el panorama poético de la Murcia de aquel periodo cultural. En este sentido, se citan nombres como Carmen Conde, la primera mujer académica de la Lengua; A. Para-Vico, representante de Lorca, José Rodríguez Cánovas, Antonio Oliver (esposo de Carmen Conde y autor de notables libros), José Ballester, Andrés Sobejano, Jorge Guillén, Joaquín de Entrambasaguas, Giménez Caballero..., que contribuyeron a elevar el tono de la nueva poesía murciana a través de sus publicaciones y de las numerosas actividades que realizaron, y de las que también formaron parte poetas de la talla de Rafael Alberti, Gerardo Diego, Gabriel Celaya, Leopoldo Lugones, José Bergamín, Leopoldo Panero…, que colaboraron en distintas publicaciones de otras provincias, como “Litoral”, en Málaga;“Gallo”, en Granada; “Cruz y Raya”, en Madrid... dejando patente la fluida relación que existía entre los jóvenes poetas. Y todo ello ofreciéndonos una panorámica del ámbito cultural y festivo de la Murcia de aquellos años anteriores a la Guerra Civil. Una ciudad rural, agrícola, “de refajo y alpargatas”, en la que en el aspecto cultural destacaban el teatro (en aquellos días se estrena “La Parranda”), el cine en el Teatro Circo, certámenes, recitales, mítines políticos, Bando de la Huerta, Entierro de la Sardina, romerías…
Y tras todo ese “telón de fondo”, se encontraba, en aquellos años, el joven Miguel escribiendo sus poesías desde su Orihuela natal. Comienza entonces el autor un acercamiento a distintos aspectos de la trayectoria vital del oriolano: como su amistad con Luis Almarcha, canónigo de la Catedral de Orihuela, quien le facilitaría la lectura de los clásicos españoles y avalaría la publicación de su primigenio poemario “Perito en lunas”, pagando el importe de la edición; o de cómo el joven Miguel entró a trabajar, gracias a la intervención del periodista Raimundo de los Reyes, a las órdenes de José María de Cossío en la editorial Espasa-Calpe, y en la que empezó a mostrar su gusto por lo taurino; o curiosidades acerca de sus preferencias en lo referente a la lectura de sus poemas, ya que “sólo dejaba leer él o él leía sus composiciones” (p.11).
En 1932, con motivo del homenaje que se realizó en Orihuela al poeta Gabriel Miró, un grupo de escritores murcianos se desplazó para participar en el acto. Fue entonces cuando Carmen Conde, Antonio Oliver, María Cegarra y Raimundo de los Reyes, conocieron, a través de Ramón Sijé, a Miguel Hernández y, a partir de ese momento, comenzaron sus encuentros poéticos.
Murcia continuaba en ese tiempo con el ambiente artístico y literario que conoció en años anteriores (1927-1928), cuando se publicó la revista “Verso y Prosa”, fundada por Juan Guerrero Ruiz y Jorge Guillén, y en la que colaboraron los mejores autores de la Generación del 27 (Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Cernuda...) y un sinfín de publicaciones periódicas editadas en Murcia y en otras localidades, como “El Bazar Murciano”, “La Luz de Mula”, “La Campana”, “Amanecer en Águilas”, “El Eco de Cartagena”, “Faro de la Juventud”… Pero si hay un diario que se alza como estandarte de toda esta generación de jóvenes poetas, ese es, sin duda, “La Verdad”, en cuyas páginas se recogían novedades literarias y artísticas sobre actos y autores, ensayos, reseñas, críticas, exposiciones, artículos de pintura como los de Garay o Gaya… y en la que colaboraron asiduamente firmas tan prestigiosas como la de Antonio Oliver, José Rodríguez Cánovas, Rabel Urbano, Ramón Sijé, y el mismísimo Miguel Hernández. Así nacerá un fuerte vínculo entre los escritores de la capital murciana, Cartagena y Orihuela, prueba fehaciente de su excelente amistad y su alta categoría intelectual.
En 1930 apareció en “La Verdad” una noticia sobre la publicación de una nueva revista, “Sudeste. Cuaderno murciano de literatura universal”, que pese a su gran éxito sólo llegó a publicar cuatro números, dada su efímera duración. Esta revista, de carácter local y tendencia literaria, estuvo dirigida por varios escritores, entre ellos, Raimundo de los Reyes y José Ballester en Murcia, Antonio Oliver en Cartagena y Juan Lacomba en Valencia y, posteriormente, por el propio Federico García Lorca. En ella se apreciaba un excelente gusto por lo avanzado, por el abandono de posturas caducas y decadentes, alejándose, por completo, de los “románticos trasnochados”, para mostrar un selecto catálogo de autores regionales, en cuyas páginas figurarán obras inéditas de las figuras más representativas de nuestras letras.
La revista continuó hasta los últimos momentos anteriores a la guerra civil, a través de las publicaciones que con la editorial “Sudeste” se llevaron a cabo, ya que ésta se convirtió en una prolongación de la anterior, solucionándose así los problemas económicos por los que atravesaba la revista.
Fue entonces cuando Raimundo de los Reyes decidió publicar las poesías de Miguel, y cuando se hicieron frecuentes las visitas de uno a Murcia y de otro a Orihuela. Aunque hay que señalar, cuenta el autor, que Miguel se mostraba “reacio” a la hora de corregir algunos aspectos de su libro, y cita como ejemplo la elección del título “Poliedros”, con el que no estaba muy de acuerdo el periodista murciano. Aunque hay que recalcar que esta figura sí aparece recogida en una de las 42 octavas reales, prueba del papel esencial que la imagen metafórica ocupa en esta obra:
en el poliedro de la vidriera…” (p.12)
Miguel tuvo que cambiarlo finalmente por el de “Perito en lunas”, que también aparece recogido en el poemario:
para curtir la luna de la era, (…)
Oh tú, perito en lunas; que yo sepa
qué luna es de mejor sabor y cepa.” (p.13)
La edición se acabó de imprimir el día 20 de enero de 1933, con prólogo de su buen amigo Ramón Sijé, y un retrato “curioso” de Miguel Hernández, como la imagen que también ilustra este opúsculo.
Al final del volumen nos ofrece el cronista murciano una panorámica de Molina de Segura en aquel periodo, en la que todavía imperaba el caciquismo y donde apenas tenían cabida las nuevas inquietudes poéticas locales, para las que habrá que recurrir a publicaciones como “Molina Nueva”, de 1927, de carácter político-religioso-social y dirigida por el músico José Sandoval; “Los Mengues”, de 1927, dirigida por Eduardo Linares; “La Defensa”, que apareció en el año 1932, dirigida por Juan Antonio Espallardo; o “Amanecer”, cuyo primer número se remonta a 1932.
El colofón a este cuadernillo-homenaje lo bordan unos versos del poema “Pastora de mis besos”, pertenecientes a “El rayo que no cesa”, y que Antonio de los Reyes aprendió de pequeño:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.”
En definitiva, nos encontramos ante un ensayo que rinde tributo al escritor oriolano, mostrándonos unas pinceladas de la que fue su corta pero intensa vida, a través de las relaciones que cultivó, especialmente con el grupo del 27, en la vecina Murcia.
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