El pasado mes de abril, la escritora Rosa Navarro Durán visitó la ciudad de Orihuela y la Fundación Cultural Miguel Hernández, con motivo de las actividades didácticas que está realizando en varios colegios de toda España. Orihuela era parada obligatoria de este viaje, ya que tiene que ver con su recién estrenado libro “Vida y obra de Miguel Hernández contada a los niños”, de cuya labor divulgadora se encuentra disfrutando la autora en estos momentos.
Emocionada, Rosa Navarro visitó la Casa Museo del poeta, en cuyo libro de visitas dejó su huella personal. La visión de las palmeras, “altas como Miguel”, y el entorno del Rincón Hernandiano, así como la Biblioteca Pública y el Colegio Diocesano de Santo Domingo, la transportaron aquella mañana al mundo poético de Miguel Hernández, con imágenes claras y precisas de la naturaleza y la tierra que siempre mantuvo en su corazón.
“El Eco Hernandiano” tuvo la oportunidad de hablar con ella en primera persona sobre estas actividades y las impresiones que se llevó de la ciudad hernandiana por excelencia.

Rosa Navarro Durán
- Se encuentra usted en la Orihuela natal de Miguel Hernández ¿Qué motivos le han traído a la ciudad?
Tener un encuentro con los niños a propósito de mi “Vida y poesía de Miguel Hernández”. El acto ha durado unas tres horas y ha tenido lugar en la Biblioteca Pública de Orihuela con bastantes grupos de niños. Ha sido muy ameno. Luego, por la tarde, tendré también un encuentro con los profesores. Por lo tanto, lo que me ha traído aquí es compartir el conocimiento sobre la obra de Miguel Hernández y divulgarlo entre los más pequeños, que son nuestro futuro.
- Aunque ya nos ha adelantado algo, ¿podría contarnos en qué ha consistido ese encuentro? ¿Han participado los alumnos? ¿Qué impresiones se ha llevado?
Ha sido muy interesante. Lo primero es que los niños se han portado, en general, bastante bien. Y luego he podido corroborar lo que percibo siempre: que dependiendo de la educación que reciban, se puede ver la reacción que tienen los mismos niños. En un grupo, por ejemplo, les ha sorprendido lo que les he contado sobre la posguerra, en la cual no se podía leer a Miguel Hernández porque estaba prohibido. Esto les sonaba a cosa rarísima, incluso les ha parecido como si fuera una historia no real. A diferencia de los niños del Colegio “El Palmeral”, concretamente, donde me decía algún profesor: “es que ellos pisan las mismas losas que pisó Miguel Hernández”. Eran unos chicos encantadores y mi sorpresa ha sido que he reconocido rasgos en ellos de una belleza extraordinaria que me recordaba un poco la tez morena y los ojos claros de Miguel. Eran los más guapos. Unos niños preciosos.
En cuanto al tercer grupo, querían ahondar, muy curiosamente, en la relación de Miguel Hernández y Maruja Mallo, de la cual yo no hago mención. Mi libro es una pura línea de los hechos esenciales. Si hubiera entrado en estos elementos secundarios tendría que haberlo hecho, no de veinte páginas, sino de muchas más, y para eso ya hay personas especializadas que hurgan en los detalles.
Lo interesante de esta actividad ha sido para mí eso, la distinta reacción según el ámbito social de cada uno de los alumnos.
Una niña del Colegio “El Palmeral” me ha invitado a ir a su colegio a ver las palmeras porque les he contado que nunca había visto unas palmeras como las de Orihuela. Mi visión de ellas es que eran rechonchas, bajas y anchas y, claro ¡estas son tan esbeltas! Hoy entendí muy bien la poesía de Miguel Hernández y así se lo he contado. Ellos estaban tan contentos y orgullosos que me han invitado a ir a su colegio. Eran también los de cara más limpia y más cercana a Miguel.

Los niños del otro grupo eran de un colegio religioso y a las profesoras les he parecido un poco “rojilla”, a pesar de que yo soy muy prudente. Procuro alejarme lo más posible de la historia, pero tenía que contarles mi vinculación con Miguel, que fue gracias a un profesor en el instituto. Yo soy del pueblo de Salvador Dalí, Figueras, y estudié en su mismo instituto. Por aquel entonces no conocía la existencia de Miguel Hernández y mi profesor de literatura me leyó algunos de sus poemas, a pesar de que estaban prohibidos. A partir de entonces ya no ha dejado de ser uno de mis poetas.
Mientras les hablaba de esto, algunas alumnas y profesoras me miraban como si contara una historia que no les afectara a ellas.
Por contra, los alumnos que pertenecían a los centros públicos eran tan movidos que querían hurgar demasiado en lo que no hace falta, porque no forma parte de una trayectoria lineal. Me preguntaban a quién estaba dirigido “El rayo que no cesa”, a Maruja Mallo o a Josefina. Pero lo que importa no es el destinatario sino el fruto. La vinculación del poeta con unos hechos biográficos es algo secundario porque en cuanto lees un poema pasa a ser experiencia propia. A mí las biografías me interesan siempre y cuando permitan al poeta crear. Sin embargo me ha parecido gracioso porque sin duda esa historia se la había contado algún profesor o profesora preocupado por ese asunto amoroso. Uno de los niños incluso me ha recriminado que debería estar informada sobre este tipo de cosas. Pero estos detalles, para los escolares, no deben ser lo esencial, lo esencial es la poesía.
Y éstas han sido un poco mis impresiones y las reacciones que he podido ver en los distintos ámbitos escolares, que son también un reflejo de los profesores. Lo cual me lleva siempre a la misma reflexión: a que lo importante para el ser humano es la educación.
- A propósito de su libro “Vida y poesía de Miguel Hernández contada a los niños”, ¿qué acogida está teniendo?
Pues buenísima acogida. A mí, desde luego, me ha sorprendido. Incluso a la editorial, que es mucho más difícil. En cuatro meses escasos es la cuarta edición, con lo cual realmente ha tenido muy buena acogida. Y es en este único ámbito, el escolar, porque no pretendía otra cosa. Yo no soy especialista en Miguel Hernández Soy especialista en la literatura del Siglo de Oro, aunque tengo incursiones en la poesía contemporánea. Pero yo siempre digo que cada uno es hijo de lo que lee y Miguel Hernández siempre ha sido carne de mi carne y sangre de mi sangre, como diría Federico García Lorca. Por lo tanto, era un momento adecuado para hacérselo llegar a los niños; no los de Orihuela, porque para ellos Miguel Hernández es su paisano y lo ven por todas partes pero ¿Y un niño de Bilbao? ¿Sabe quién es Miguel Hernández? ¿Y un niño de un pueblecito de Badajoz? ¿Lo sabe? Pues seguro que no.
Ahora bien, la cosa cambia si les acercas un libro con unas ilustraciones tan bellas como las que lleva éste. Algunos niños me preguntaban si las había hecho yo. ¡Que más quisiera! El ilustrador, Jordi Vila Delclòs, es un hombre con mucha sensibilidad y sus dibujos son de una belleza que anima a la lectura. Luego ya pongo yo mis anzuelos para que los niños sigan leyendo.
Yo creo que se lo debía a Miguel. Lo he hecho sólo como deuda moral con él porque era un poeta que yo no podía leer, que un profesor me abrió las páginas de su poesía y así yo puedo contribuir a que otros niños lean y sepan quién es.
¿Digamos que ha sido su pequeño homenaje a Miguel Hernández?
Sí. Es un homenaje vital porque su prohibición formó parte de mi vida y lo que tenemos que hacer es ser testimonio. Cuando les contaba a los niños qué pasaba en la época franquista, cosa que me ha llevado a ese adjetivo de rojilla (no se si lo soy o no, pero no me importa, lo llevo con mucho gusto), en cualquier caso es vida personal y yo soy testimonio. A veces los libros de historia responden a la ideología de quienes los escribe, unos van hacia un lado y otros van hacia otro. Las personas que no historiamos, que somos gente de la calle, tenemos que dar nuestro testimonio personal. Eso siempre ayuda.
Voy a contar una anécdota, y es que, una de las profesoras del colegio, precisamente del Palmeral, se ha puesto a llorar al contarme que su padre era contemporáneo de Miguel Hernández. Era labrador y me hablaba de los muchos esfuerzos que había tenido que hacer para darle estudios a ella. Yo la he consolado diciendo que ella era la victoria de su padre. Pero aquí es donde me he dado cuenta de que Miguel Hernández es todavía una herida abierta. Algunos sienten que comparten esa herida y otros la sufren porque está muy cercana a nosotros. Por desgracia, aún existe una historia no asumida por nosotros.
- Sabemos que ha estado visitando la Casa Museo Miguel Hernández pero, ¿ha tenido ocasión de visitar el resto de la ciudad?
He visto la Biblioteca y la fachada de Santo Domingo, que es el mejor lugar por donde entrar a Orihuela. He visto también la casa de Miguel Hernández, las palmeras y la sierra, la biblioteca y la casa. Yo creo que con esto casi está.

- ¿Ha percibido la huella de Miguel a su paso por la ciudad?
Sobre todo he podido leer mejor sus versos viendo la ciudad. Entendía su admiración por las palmeras, pero cuando las he visto todavía más porque me han parecido espectaculares.
Y cuando he visto la sierra y el “Cant Forat”, donde se sentaba Miguel, lo entiendo mucho mejor. Es curioso, mientras las historias personales me dan lo mismo, la tierra, no. Soy una persona muy de la tierra y me gusta ver asomar esa tierra en la poesía de Miguel. Entiendo mejor lo que veo a través de los versos.
Yo realmente soy un fruto totalmente poético de Miguel. Ahora estoy viendo Orihuela pero ya la vi antes a través de sus versos. Esta es otra de las grandes victorias de Miguel. No hay que olvidar que él fue un perdedor. Es un héroe trágico. Luchó siempre vanamente contra el destino y, en cambio, como todo héroe trágico después de muerto triunfó. Este es su triunfo.
- ¿Se sumará a las actividades del centenario durante este Año Hernandiano?
No, porque no soy especialista. No me invitan, pero hacen bien. Yo soy especialista en Literatura de la Edad de Oro. Sí tengo algunas incursiones en poesía contemporánea, pero sólo eso, incursiones muy precisas. No estoy invitada porque no estoy reconocida como experta en Miguel Hernández. En cambio sí que me siento muy contenta de acercar Miguel Hernández a los niños. Es mi etapa de divulgadora la que últimamente justifica en parte mi existencia. Me siento mucho más vinculada a la enseñanza a través de mi labor como divulgadora que no a través de mi labor como filóloga, porque la universidad se está muriendo lentamente en el campo de las humanidades. Ahí veo un cadáver y en cambio en mi labor como divulgadora puedo ver una cosa viva y positiva.
¿Es otro camino?
Sí, por supuesto. Es el futuro. Estoy construyendo el futuro piedra tras piedra como decía Miguel. Adaptación tras adaptación, estoy levantando algo que creo que es más provechoso. Pero insisto, yo no soy experta. Ahora bien, sí intento acercar Miguel Hernández a los niños. Hice mi adaptación leyendo lo máximo posible, metiéndome en la piel de Miguel Hernández, en su vida y en los versos que han sido siempre míos, eso sí.
Escribo los clásicos para que estén al alcance de los niños y disfruto mucho con ello. Creo que voy consiguiendo que los lean y estoy muy contenta. Es una labor muy placentera y, aunque soy como una pequeña intrusa en el campo de la filología al quererme meter con Miguel Hernández, la verdad es que como divulgadora, lo he hecho, me parece, lo más decentemente posible para que los niños tengan de él una imagen sin amargura pero real.

Elisa Berná Gambín
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