
Para empezar a reseñar una obra como la que tenemos entre las manos, lo habitual sería decir que nos encontramos ante un libro de poesía. Sin embargo, es algo más que un libro: se trata de un canto a la libertad y a los derechos del pueblo de la época en el que se sitúa su autor: Miguel Hernández.
Una cuidadosa selección de algunos de los poemas más destacados del poeta Miguel Hernández. Sus versos hablan de temáticas contrapuestas, como la naturaleza, el amor, la familia, pero también son palabras que denuncian dolor, muerte, guerra e injusticias sociales y políticas de la época.
Un breve recorrido por la vida y obra del autor oriolano, que se divide en tres partes que corresponden a otras tantas etapas de la vida de Miguel.
Si bien, se trata de un libro dirigido a un target joven, recomendado especialmente para un lector novel, poco acostumbrado a la poesía. Es por ello, que se caracteriza por ser sencillo y vistoso, acompañado de unas ilustraciones que ayudan a comprender mejor cada poema.
Ésta no es la primera obra de Miguel Hernández que se orienta al público infantil y juvenil, puesto que otros autores han aproximado ya la poesía de Miguel Hernández a los más pequeños. Basta con recordar la antología preparada por Francisco Esteve que llevaba por título “Miguel Hernández para niños” y que fue editada por primera vez en 1979. Años después (2006), fue publicada la obra “4 Poemas de Miguel Hernández y una canción de cuna”, en la que los poemas cuentan ya con el acompañamiento de ilustraciones muy delicadas y personificadas, con una perspectiva muy realista.
Sin embargo, esta edición aporta un enfoque muy diferente a los anteriores, puesto que las ilustraciones, en este caso de la mano de la alicantina Paula Alenda, reflejan un mundo más surrealista y complejo, en el que se identifica más claramente a los poemas de Miguel Hernández y su enmarañada vida. Se añade a esto una particularidad: las líneas contemporáneas de estos trazos, con una visión mucho más moderna, acercan al clásico autor oriolano a la época actual, la era de los mass media y de la imagen en la que los videojuegos, la televisión y otros aparatos electrónicos están a la orden del día en decadencia de los libros y, principalmente, de los clásicos, que sobreviven entre toda esta telaraña gracias a unos pocos.
Estas ilustraciones, pintadas con acuarela, llaman la atención de los lectores y refuerzan los poemas con sus formas ingenuas y colores cálidos típicos del Mediterráneo, donde el autor pasó la mayor parte de su vida.
A todo esto acompaña una encuadernación bastante rica, en cartoné, muy adecuada para el manejo de esta antología por los más pequeños.
Entre los sujetos que han hecho posible que esta obra salga a la luz hay que agradecer, en primer lugar a la editorial Luis Vives (Edelvives), que ha incluido en su colección “Adarga” esta antología poética. Dicha colección de literatura infantil y juvenil ha adaptado obras clásicas de diferentes autores españoles, como “Don Quijote” de Miguel de Cervantes, “El Cantar del Mio Cid”, “Caminos y Cantares” de Antonio y Manuel Machado, “Huerto del Limonar”, poetas del 27…, para acercar a los más pequeños estas grandes obras literarias y que no queden en el olvido.
Tras comentar a modo de resumen la “fachada” de esta obra, es hora de introducirnos un poco más y viajar por ella, poniendo al descubierto sus emociones e introduciéndonos en la época en la que se ubica: una etapa dramática, de pobreza, lucha por los derechos y libertades, guerra, intolerancia y dramatismo.
La primera parada de este fabuloso viaje la encontramos en las primeras páginas. Hallamos en primer lugar un prólogo, “Apuntes para una biografía”, en la que se cuenta de forma sencilla y amena la trayectoria de Miguel, desde su nacimiento hasta su muerte, así como sus obras más destacadas. Esta introducción al igual que la selección de los poemas y las anotaciones a pie de página, ha sido obra de Juan Nieto Marín, el cual ha sabido conducir muy bien este trabajo para conseguir sus objetivos: la difusión y conocimiento de la obra de Miguel Hernández por los más jóvenes.
De tal modo, la obra está dividida en tres partes en las que se repasa la obra poética del autor siguiendo un orden cronológico, en el que se puede observar las diferentes etapas por las que pasó: su juventud e infancia, el periodo de guerra y madurez intelectual y la etapa en prisión.
La segunda parada, por tanto, es la del capítulo primero. En él hace referencia a la naturaleza (a los pájaros, plantas, al alba…). El ambiente familiar de Miguel queda marcado en sus primeros poemas, así como en su primer libro: “Perito en lunas” (1933). “El rayo que no cesa” (1936) es otra de las obras elegidas para formar parte de esta antología. En ella, destacan los sonetos de tema amoroso y pasional. En esta parte del libro también encontramos la célebre “Elegía” dedicada a su amigo Ramón Sijé tras su muerte, así como el poema titulado “El silbo del dale”, que da nombre a esta obra.
Dale que dale, dale
molino, piedra, aire,
cabrero, monte, astro,
dale que dale largo.
Dale que dale, Dios,
¡ay!
Hasta la perfección.
Las ilustraciones en esta primera parte se caracterizan por su sencillez y vistosidad, que apoyan gráficamente dichos poemas y ayudan a su comprensión. Sin embargo, los dibujos son cada vez más tristes a medida que avanza su vida y los desamores van haciéndose notar.
Damos un paso más y pasamos a la segunda parte de esta antología. En ella se ve reflejado el compromiso político del poeta durante los años de guerra: poesía militante, donde se entrelaza el mundo social, colectivo con el personal, donde se solidariza con las injusticias sociales y se conmueve con el dolor más humano. Sin embargo, entre tanto odio queda un espacio para el amor y la pasión. Durante esta etapa escribe “Viento del pueblo”, en el que se solidariza con un pueblo en guerra, acechado por las barbaries e injusticias de la época. Otro de los libros escritos durante este periodo, “El hombre acecha”, refleja el paso de la guerra y sus consecuencias devastadoras. Elige en este caso un tono más sobrio, que se ve acompañado por unas ilustraciones más tristes (plantas marchitas, hojas cayendo, gatos negros…), utilizando colores más oscuros que reflejan sus sentimientos.
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me avientan la garganta.
Los poemas empiezan a ser más extensos y complejos, reflejo de su maduración literaria. En esta parte encontramos poemas tan populares como “El niño yuntero”.
Llegamos ya al final de este viaje por la antología de Miguel Hernández y nos tropezamos con la tercera y última parte. Los poemas hallados en esta parte fueron escritos por Miguel durante los años que pasó en prisión. Fue su etapa más dura, por la lejanía de sus seres queridos, por la muerte de su hijo y por un mundo de ilusiones que se derrumba con el paso del tiempo. Aquí, escribe su poesía más madura, pero también más reflexiva y dolorosa. Su obra más destacada en este periodo es “Cancionero y romancero de ausencias”, publicada en 1958, tras su muerte, que recopila los poemas que escribió durante su estancia en la cárcel.
La mayoría de poemas de esta parte del libro son de corta extensión y aparentemente sencillos. Sin embargo, encierran una gran sabiduría y esperanza, además de un gran dolor.
En esta recopilación se encuentran algunos de sus poemas más profundos y toca los temas más destacados de la totalidad de su obra: el amor, la vida y la muerte.
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
Las ilustraciones que podemos ver en este capítulo se caracterizan por ser muy abstractas y subjetivas, acorde al tipo de poesía. Se simboliza con dibujos tristes y sombríos: días lluviosos, nubes grisáceas, gatos negros…, que muestran las emociones de Miguel al escribir estos poemas, sentimientos de dolor y muerte.
Concluimos este repaso por la obra del poeta llegando a la conclusión de que estamos ante una de las obras más completas para jóvenes escritas sobre este autor, no sólo por la cuidada selección de poemas, labor desarrollada por Juan Nieto Marín, sino además por el tipo de ilustraciones, las cuales dan a este libro un toque contemporáneo y fresco.
Vemos el paso de la inocente infancia a una vida hecha a base de golpes, dolor y hostilidad.
Tenemos ante nosotros una gran obra que ha conseguido contrastar de forma extraordinaria el estilo clásico de las composiciones de Miguel Hernández, como “El niño yuntero”, “Nanas de la cebolla” o “Elegía”, con la modernidad de las ilustraciones de Paula Alenda con sus formas ingenuas y acuarelas frescas que representan el aroma mediterráneo y potencian el significado de la obra poética de Miguel.
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