RAMÓN SIJÉ. COMPAÑERO DE MIGUEL HERNÁNDEZ


A mi buen amigo y compañero
Don Pedro Cartagena Bueno,
Ex Alcalde de Orihuela,
que quiso saber la relación
personal de Ramón Sijé
con Miguel Hernández y
que cumplió con toda dignidad
su cargo, y con toda honestidad
personal en todo momento y lugar.

En Orihuela, su pueblo y el de Miguel Hernández, conocido como Pepito Marín, nació Ramón Sijé (seudónimo que utilizó en sus ensayos filosóficos, políticos y religiosos).

Fue un hombre singular que no tuvo más inclinaciones que la lectura. Profundo pensador y con poderosa capacidad intelectual, tuvo una memoria prodigiosa, siendo los rasgos más característicos para su identificación física: pequeño de estatura, enclenque, enjuto, descuidado en su vestir, frente despejada y cráneo dolicéfalo. Con una gran carga de humanidad, con inquietud por los desequilibrios sociales y por las irritantes diferencias sociales; sencillo en su conducta, nunca presumió de su talento. Se distinguió como el mejor alumno en el colegio de Santo Domingo. Sus escritos tuvieron siempre una adhesión a las doctrinas filosóficas y religiosas. Fue un cristiano ferviente.

Le conocí personalmente por mi amistad con su hermano Justino cuando los compañeros de éste y yo visitábamos su casa en la Calle Mayor de Orihuela. Justino también utilizó un seudónimo en sus escritos literarios, el de Gabriel Sijé. Su convencido catolicismo en presencia de un enfrentamiento entre los españoles debido a la intransigencia política así como a la falta de cultura llevó a sus escritos el convencimiento de que la única ley que debía sistematizar la convivencia era la ley de Dios.

En su plena juventud, triunfó la Segunda República Española y fue testigo excepcional de las tensiones y discrepancias que agitaron a España en el siglo XX. Las sufrió espiritualmente y las manifestó a sus amigos íntimos con tristeza siempre, dando lugar a tener el presagio de una guerra civil en España. Odio y errores ancestrales lo conmovieron. Unos consideraron a la República con el calificativo de perversa, y otros con un régimen positivamente social, que habría dado a luz al oscurantismo cultural y religioso.

La situación política y social, conflictiva y violenta, nunca fue aceptada por Ramón Sijé. Así lo manifestó íntimamente a su hermano Justino. Fui testigo de que nunca se inclinó ni por el fascismo ni por el comunismo, porque siempre llevaban la violencia consigo. Rechazó siempre y en público intelectual que la violencia en todos sus aspectos era contraria a la razón. Por vía de consecuencia y por acendrado cristianismo y también por su capacidad de lectura, no tengo duda de que leyera a Calvino y al militar y estadista inglés Oliver Cromwell, personalidades artífices proclives a un régimen teocrático. Así lo presumíamos su hermano y yo, que su profundo cristianismo era Jesús de Nazaret, que le llevó a un pensamiento trascendental de que su verdadero Dios era el Dios de la Paz, único creador e increado.

Siempre se pronunciaba en sus escritos y en sus tertulias afirmando que toda guerra, motivada o incluso necesaria, acarreaba una despiadada crueldad, haciendo víctimas a personas inocentes no interviniendo en la contienda.

Ramón Sijé, consecuentemente, siempre fue un gran defensor de los derechos humanos y le irritaban las desigualdades sociales. Así pues, consideró que la única verdad absoluta era excluyente y exclusiva: la que exigía las normas de conducta de la teocracia. Estudió profundamente las instituciones de la Iglesia, aceptando sus normas; por lo cual rechazó el relativismo moral y no admitió otra moral que no fuera la de la Iglesia Católica.

Se preguntó una inmensa minoría del pueblo de Orihuela, cómo era posible que un hombre de cristianismo vehemente pudo tener amistad con Miguel Hernández, por defender éste último a la República Española. Esa inmensa minoría consideraba a su vez a Miguel Hernández "rojo", que así se llamó sin distinción a toda persona que defendió la República.

Hubo oriolanos que no podemos identificar que dijeron que se dio un alejamiento personal por los motivos expuestos entre Miguel y Ramón Sijé. No fue cierto.

Ramón Sijé fue el Magíster único y bueno que llevó de la mano a Miguel para que leyera a los clásicos, lo que consiguió logrando una cultura que no aprendió de ninguna otra persona. Ramón Sijé sólo consideró a Miguel Hernández como "poeta", exclusivamente como poeta, no importándole en absoluto otras diferencias de ideas y pensamientos distintos a los suyos propios, y esta verdad la guardó hasta que, rompiendo su silencio, dijo afirmando que Miguel sería "un gran poeta español y universal".

Aquella inmensa minoría de oriolanos llegó necia y temerariamente a afirmaciones de lo contrario. Yo mismo fui testigo de que muchos oriolanos dijeron lo antedicho, que para mí es un atentado a la cultura y a la inteligencia, no leyeron nunca la obra poética de Miguel Hernández. Y otros no pudieron hacerlo para su vergüenza al no saber leer ni escribir, diciendo que era solo un "pastor de cabras".

En definitiva, la relación personal de Sijé con Miguel Hernández, siendo la persona descrita de Ramón como cristiano ardiente, no podía ser otra que de una pura amistad que llevó a Miguel Hernández a considerarlo como compañero del alma, escribiendo a su muerte una elegía, composición literaria de género lírico de tal contenido espiritual que se considera como única en la literatura española.

Lloró la muerte de su compañero profundamente afectado y tanto fue así que, según sus propias palabras, estando ausente de Orihuela no pudo besar su noble frente antes de que Ramón Sijé fuera llevado al cementerio.

Ambos dieron una lección moral respetando su amistad no obstante la diferencia de ideas políticas y religiosas, dando lugar al diálogo y a la convivencia.

Antonio Escudero Esquer
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