Encontramos al pintor Antonio López en la Sala de Exposiciones de la CAM en Alicante, muy cerca de la Explanada, a donde nos dirigíamos a ver la exposición “Clausuras”, de su alumno Pedro Cano. Tras la sorpresa inicial y la firma del tríptico del taller de pintura que iba a impartir en la sede de la Obra Social, accedió a conversar con alumnos del Taller de Empleo Miguel Hernández.
Fue usted profesor de Pedro Cano y aquí están sus puertas gigantes. ¿Adivinaba ya lo que iba a hacer, se veía ya en aquel joven alumno el pintor que iba a ser?
Era muy joven y yo también. Yo tenía treinta y él tendría veinte. Tiene ocho menos que yo; yo nací en el treinta y seis, fue en el sesenta y seis cuando lo tuve. Lo que se notaba mucho era la persona que tenía facultades. Más que la técnica era un conjunto de varias cosas; en el cuadro hay muchos elementos que te sirven para ver los méritos o las características de la persona que trabaja y en el caso de Pedro se notaba no sólo que era una persona con facilidad, sino con talento para pintar, se veía muy bien en el primer curso de la Escuela de Bellas Artes de la época, cuando la Escuela estaba antes en Alcalá.
Además, y pese a las carencias que había, que no había nada, ni medios, ni libros, ni ambiente por el aislamiento en el que estábamos, eran entusiastas. Después del día en la escuela, se iban a Madrid a pintar al natural, tenían mucha motivación.
En estas puertas se nota que es él, tienen las mismas características de entonces.

¿Definitivamente, el pintor figurativo no debe competir con la fotografía?
Son mundos distintos, ni puede ni debe. Como se ponga a competir pierde. Es un espacio muy diferente, la pintura existe desde siempre, nace del sentimiento del pintor o el escultor y la fotografía, pues tiene otra función: la de reflejar lo que dura muy poco, lo que permanece de una forma muy provisional y se muda rápido y en ese sentido la fotografía te da posibilidad de un conocimiento del mundo maravilloso, pero la pintura está antes para hablar de sentimientos, está para expresarse, para opinar, pero no hay que competir y en último caso, los pintores te dicen que ellos también trabajan con sentimientos, es muy complicado, pero no hay que competir, las dos cosas están bien y en último caso la pintura está antes, en el tiempo.
La pintura está para dialogar con los demás, para dar tu punto de vista, estás obligado a darlo. Yo creo que el fotógrafo no debe dar su punto de vista, debe dar un testimonio, si hablamos de la guerra de España el fotógrafo no debe ponerse él, Goya se pone él, Picasso se pone él, ésa es la diferencia: el fotógrafo no debe ponerse, debe ser un testigo nada más, y en ese sentido, la máquina que tiene y le acompaña es el instrumento ideal.
Le etiquetan continuamente de pintor hiperrealista, ¿es algo que no lleva del todo bien?No, no, son palabras. El hiperrealismo es un movimiento que nace en Norteamérica en los años sesenta, que coincide con nuestro trabajo de los realistas europeos y que tiene unas características y se manifiesta a través de otro lenguaje. Trabaja sobre un mundo muy contemporáneo de la gran ciudad, del coche, del ambiente urbano, agranda los tamaños, trabaja de fotografiar básicamente y tiene otro espíritu, que presenta una representación objetiva y fría que da la misma importancia y tratamiento pictórico a todos los elementos que componen la imagen. Nace en América y nosotros somos europeos, cambia, parece que no, pero cambia mucho las cosas.
Los que trabajamos con la figuración, lo que hemos hecho es volver a señalar la realidad, una realidad que ahora la vemos muy distinta a hace cincuenta años. El realismo siempre ha existido, está basado en la mirada sobre la vida y en una manera de contarlo, desde el respeto y la consideración con el mundo objetivo, que el pintor abstracto prefiere contar desde otro espacio. Hay pintores figurativos que son muy necesarios, que me han enseñado a ver la realidad y eso no está agotado, sino que nos enseña a ver el mundo. Mientras haya gente que sienta eso, merece la pena seguir trabajando, aunque siempre va a haber gente que piensa que lo único bueno es la abstracción y nada le va a hacer cambiar. Muchos creen que desde que existe la fotografía la figuración no tiene sentido; como contrapartida hay quien no entiende la abstracción, unanimidad no va a haber y a mí los dogmas me parecen espantosos. En esta época nos han regalado un gran espacio de libertad, pero la hemos usado mal y siempre hay algún listo que abusa de ella.
¿Qué espera del taller de pintura que va a impartir?Me parecen interesantes los logros, lo que se puede conseguir en este tipo de relación entre pintores y estudiantes, porque sales de tu espacio natural a un terreno que puede ser inhóspito y por el que lo imparte, que no lo hace por dinero, sino porque le vivifica y le ayuda a salir de su rutina. Es un acto de generosidad por parte de todos, que te saca un poco del aislamiento del trabajo diario y resuelve dudas que tienes en tu trabajo. La realidad en la que vivimos está llena de incógnitas y no sabemos bien lo que está ocurriendo y este cambio de impresiones es clarificador.

¿Y qué percibe que está ocurriendo?
El cambio continuo, que empezó en una zona del planeta, en el que todos los dogmas, todos los apoyos que teníamos hasta el siglo XX, los estamos cuestionando.
Los dogmas salvadores cayeron hace mucho tiempo, se han derrumbado a la vez en las religiones, en la política y en el arte. Quedan muy pocas cosas de referencia. Ha habido fracasos en muchas formas de ingeniería social en el siglo y se trata de ver cómo podemos valernos y salir adelante sin apoyos, ante el fracaso de formulas preestablecidas, de las ideologías, poniendo voluntad individual, en hacer nuestra actividad ante la confusión y falta de fe anteriores.
Vivimos sin convicciones en relación a la política, al comportamiento, a la vida; todo está en duda y vivir esto es muy duro.
¿Y eso afecta a la creación artística?Ampliamente, todo lo que lo que ocurre afuera, con tantos lenguajes tan contradictorios, esto crea muchísima angustia. Todo se mueve por individualidades, hemos perdido el criterio de qué es lo mejor, si algo es bueno o malo, somos muy diferentes unos de otros, queremos cosas distintas, lo hemos aceptado y eso ha provocado que el arte surja de la valoración de la individualidad; lo ideal sería que todo fuera como en el mundo griego, con conceptos que valen para todos.
El mundo tiene los mismos conflictos para todos, ni los artistas, ni los escritores, ni los políticos sabemos muy bien por donde tirar; el arte surge de la vida y los problemas del artista, por tanto, son los de la vida. No hay verdades de calibre para nada y este desconcierto se puede ver como algo emocionante, pero cuando te desorientas, te hace sentir muy mal porque no sabes por qué no gusta lo que haces. Eso si, cuando la respuesta es buena, es como un premio, el gran arte es un milagro que se da en muy pocas ocasiones, sus destellos aparecen entre mucho trabajo irrelevante, que de momento no es más que un estorbo, más adelante se verá el brillo de aquel que lo merezca.
El arte tiene parte de sacerdocio y poca gente hay dentro del conjunto de actividades sociales que trabaje con tal fe y con tanta generosidad, como en el mundo de la cultura. Pero es muy difícil, porque todos los dogmas, todos los apoyos que teníamos hasta el Siglo XX, estamos cuestionándolos, sólo queda el conocimiento de una manera general y la introspección, para ver de qué manera podemos sacar lo que sentimos hacia fuera.
La creación, entonces, ¿debe tener una función social?Se ve afectada por el entorno, pero la pintura se hace para comunicar cosas íntimas, personales, que son comunes e interesan entonces a muchos espectadores. No pienso que se haya creado para eso, aunque tampoco creo que la cultura deba ser sólo un adorno. Cuando Goya pinta los desastres de la guerra, lo hace con generosidad y movido por la indignación que a otros les hacía coger las armas, pero no era su deber, su deber era dar su punto de vista sobre lo que veía y expresar todo lo que él experimentaba en su vida y tratar de entregarlo en su obra, unido todo, lo personal y lo social.
¿Y cuál es en su opinión la situación de la cultura y su tendencia?El movimiento de la cultura es muy lento y no está a la vista, ocurre de una manera misteriosa, nada rápida, con conexiones diversas. Estamos en un momento de penumbra aceptado, de confusión y caos, que no es malo, porque es mejor el caos que la mentira; el hombre se ha desengañado de muchas hermosas palabras y ha aceptado esta forma de grisura. El arte desde hace dos siglos trabaja sobre lo que hay, no sobre la hermosura, lo que no quiere decir que no haya cosas maravillosas, ni que se disimule la tendencia a valorar lo sucio, lo malo; eso da prestigio, pero creo que no es bueno. Hay un tono más dramático de honestidad, sinceridad y desencanto, con problemas latentes como la superpoblación, el agua y el aire, que se van a decidir, según como decidamos relacionarnos con la naturaleza. Todo lo demás son juegos de una sociedad opulenta.
Ahora hay una tremenda tiranía de la cultura, en la que se proponen muchos nombres, muchos de los cuales no merecen estar ahí, igual que ocurre en la política, en la música y en el arte en general, pero, ¿cómo lo demuestras ante la falta de arquetipos? No puedes, así que tienes que seguir adelante.
Antonio López, que pinta muy despacio, piensa muy deprisa y elige mientras habla, la frase siguiente, precisándola como un color y alumbrándola como un parto, insistiendo en el concepto si no quedó claro, con otra explicación, que alarga la respuesta hasta agotar el tema y dejar tres más abiertos, regalo generoso para quien con el conversa, que deja la entrevista abierta por donde el placer nos guía.
Pese a lo inhóspito de la realidad, ¿no sería más fácil refugiarse en la abstracción?Pintar puedes pintar una cosa que no te guste. Madrid a mí no me gusta mucho, pero como motivo para pintar es muy interesante. A veces vas a un sitio tan bonito que estas tan a gusto, que no piensas en pintar, eso viene después. Lo primero es vivir un espacio, aunque sea un tiempo corto, luego ya se verá.
Yo pienso que ni los abstractos, digo yo, deciden serlo, los buenos. El invento de la abstracción lo hicieron gentes muy heroicas, luchando con una sociedad que no contaba con ese cambio, lo que viene después es otra historia. Cuando nace, nace con dificultad y gracias a esos héroes el arte crece. Igual que Colón con sus naves, vamos hoy a América y sabemos donde está, no tiene ni esa aventura, ni esa dificultad, ni esa gloria de conquistar nada, pero no hay que olvidar a esos primeros que descubrieron las cosas.
Con el tiempo un pintor tiene que renunciar a elementos de su pintura ¿Usted ha pagado ese peaje también?Todos tenemos que renunciar porque no hay un lenguaje unitario en arte. Si lo hubiera, como hay en el idioma, no renunciarías a nada, pero ahora el lenguaje pictórico tiene que corresponder mucho con algo que tú sientes, digamos que con tu interior. Cada pintor y cada escultor tiene que tener un toque especial y se trata de esa búsqueda. Alrededor de nosotros hay cosas muy admirables, con resultados que causan asombro, muy bien hechos y hay una tentación de, con todas esas cosas, ir cogiendo de aquí y de allí y añadirle más, y hay que tener muchísimo cuidado con esto y hay que aprender también por otro lado, tampoco puedes coger y no mirar, porque tampoco puedes encerrarte, hay que mirar, pero tienes que tener un compromiso contigo mismo y actuar en ese sentido con la mayor de las limpiezas, la mayor posible, se trata de eso entonces y no pensar que sumando, sumando elementos y cosas, vamos a encontrar nuestro estilo, es como un buen guiso: se trata de combinar muy bien dos o tres ingredientes y de ser tú mismo, eso que se dice muy pronto, pero que lleva años y tienes que tener una decisión de conseguirlo, decir “tengo que ir a por ello, pase lo que pase”, mientras te dejen.

¿Esa heroicidad es imprescindible para crear un lenguaje?
Imprescindible en cualquier disciplina y no siempre reconocida. Hoy, si quieres ser un artista de éxito parece que tienes que colorear unos colores bonitos, chorrearlos así y llenar la sala. Quiero decir que hay unas formas que son las prestigiosas, siempre ha sido así desde hace un tiempo: un arte es prestigioso porque ofrece lo fácil, luego hay dentro de eso, el que ha inventado todo eso, que lo ha tenido verdaderamente difícil. Si hablaras con Chillida, te diría todas las angustias que vivió y los años de aislamiento, Oteiza igual. Quien inicia un lenguaje o lo retoma en un lugar que no es el adecuado, exactamente vive unos años de dificultades, pero los que lo siguen lo tienen relativamente fácil. Todavía se sigue hablando de Van Gogh, como de una persona que hay que seguir, cuando en realidad muchas de las gentes que lo hacen, que son las modernas y aplaudidas, viven como Dios, son las fáciles, son las que están en los lugares oficiales.
Lo verdaderamente duro y difícil y complicado de atender sigue en la virtud. La sociedad, en general, no quiere enfrentarse con la verdad, no quiere tener delante ese espejo, la verdad es desagradable. Pienso que ese pecado que crearon ese grupo de artistas que penetraron en el secreto de las formas, y nos ofrecieron otra visión, todavía sigue gravitando sobre nosotros, de una manera muy injusta. Cuanto más desagradable es la obra, más mérito tiene y todo esto es una hermosa mentira, y a veces ni hermosa, pues el único mérito de pintores seguidores de aquellos rupturistas es la ejecución del cuadro para asombrar a la persona ignorante que te lo encarga, lo paga y lo cuelga en su pared, pero aquí hay que hablar del mundo y el mundo no es todas esas chorradas que nos están contando, es mucho más interesante y a lo mejor más feo, desde cierto punto de vista y entraña más dificultad. Yo creo que hay que trabajar teniendo en cuenta eso, ya lo vivió un poco Velázquez, Goya, lo vivieron los impresionistas y lo vivió Machado y sus amigos y lo pagó caro, tuvo que pagar un precio muy alto, no recibió ningún premio, ni reconocimiento y para nosotros es una referencia maravillosa, un hombre grandísimo, que cuando lo miras notas que va diciendo la verdad y gracias a que hay personas así, existe el arte y parece ser que es inevitable este destino, y a pesar de todo, ahí están.

¿Y luego, a seguirlos todos?
Es inevitable. Yo en Madrid estoy rodeado de gente fenomenal, que me gusta mucho, pero hay que estar siempre atento para contenerte. Yo lo he vivido en un momento determinado, porque estudiábamos todos Bellas Artes, copiando modelos los que empezamos y pensaba que figuración y abstracción podían acercarse. Yo estaba muy unido a pintores abstractos y me empezaba a afianzar en la figuración y pensé un poco lo que ha pasado. Si sumo las dos cosas, no lo pensé conscientemente, estaba en mi ánimo, voy a ver si consigo las dos cosas, toda la intensidad, la belleza plástica que tiene Lucio, que tiene la abstracción, eran pintores muy matéricos todos, importaba más la materia que la pintura. Después ya fue muchísimo más el mundo de las ideas, estaba en la sensibilidad de todos; la superficie de la tabla del lienzo debía tener mucha expresividad; por otro lado yo quería reflejar objetos, un aparador ¿como podía armonizar las dos cosas? Hice un esfuerzo y ahora yo veo que traicioné un poco las dos cosas.
No es que traicionara, tenía un malentendido verdaderamente grave: es pensar que la pintura es más pintura, cuando tiene más pintura, eso lo que es verdaderamente terrible, es un drama, porque teníamos muy poca cultura, teníamos mucha incultura; si hubiéramos conocido un cuadro de Bacon, con la poca pintura de que está hecho y lo pintura que es, lo hondo que es, y Giacometti que está hecho a veces con aguarrás, que no se sabe cómo, o Cezzanne, estábamos muy equivocados: cuando más pintura, mejor pintura y eso nos engañó, yo creo que nos traicionó, a mí también, claro, a mí como a tantos nos perdía lo que nos sobraba, o nos sobraba porque nos faltaba conocimiento y como nos faltaba conocimiento sobreactuábamos, como esos actores de las películas españolas de los años cuarenta, que dices “qué barbaridad”. Estábamos muy solos, con un sentimiento de que nos estábamos saliendo de la carretera, unido quizá, a que para hacer la realidad hay que creer en la realidad: si no crees en la realidad, si crees que la realidad la puedes mejorar añadiendo esto, quitando lo otro, ya no vas por donde debes; yo lo he vivido desde mí, de muchas maneras.
Cuando ves a Mondrian, hay que ver a la cantidad de cosas a las que renunció. Cuando ves la historia de Mondrian, esas flores que pintó, esos dibujos que hizo, esos paisajes, para acabar haciendo unas rayitas horizontales y verticales; ese hombre, conscientemente, tuvo que dejar fuera muchísimas cosas muy importantes de la pintura, de gentes que conocía y eso nos ocurre a todos.


Los nuevos lenguajes me han enseñado muchísimo en la figuración. Wermeer, Velázquez, Lucien Freud, todo el que se quiera grande de cualquier época lo veo muchísimo mejor: entro más en el secreto profundo de las formas que tienen esos trabajos, después de ver a Mondrian, porque te das cuenta que en el fondo de todos sus trabajos, sin que ellos lo pretendieran, está el entendimiento de las formas, y cuando ya entiendes eso es cuando ya te puedes poner a pintar figuración, sabiendo que es un misterio, que no es ponerse y decir pin pan, pin pan, negro, blanco, una rayas y aparece la jarra; tiene que haber un sortilegio, ¿que secreto tiene la abstracción? pues eso tiene que tener la figuración y hay mucho mal precedente y ha desprestigiado al buen precedente: que ha creado una dificultad añadida: la del asombro; después de los grandes retratos tan fantásticos que nos ha legado el Siglo XX, a ver cómo consigues asombrar con un resultado a alguien, que vaya más allá de engañar al cliente que te lo encarga y tenga un parecido, que tenga un nivel que vaya más allá de eso.
Hay que contar con eso, con que el mundo de la figuración está muy puteado, se ha encanallado en un sentido muy profundo, y por otro lado han surgido los nuevos lenguajes, que me parecen fantásticos.
¿Crecer es ir perdiendo, entonces? ¿Se afianza uno contra otros, o contra sí mismo?Te entiendo. Cuando comienzas, no te inicias en el trabajo, estás atrapado en una serie de dogmas. Yo ahora no pinto como empecé, con los años me he purificado mucho. Cuando ves una trayectoria larga, cuando ves a Velázquez, ves al Velázquez entero; cuando vemos el del Prado falta toda la primera parte, falta todo el de Sevilla, cuando lo ves entero, notas que es impresionante lo que ganó y perdió, porque no todo fueron ganancias, perdió cosas, esa concreción que tienen las formas de la vieja friendo huevos en la casa de Marta, el aguador, esa nitidez en las formas que tienen como esculturas, eso lo perdió, lo perdió en la búsqueda por el aire, por la imagen fugaz, por un sentido de las cosas que tiene un valor inmenso. No se trata de comparar, pero en el caso de Velázquez y de gente que tiene un recorrido muy hondo, digamos, siempre hay un sacrificio y en él hay una evolución desde su primera época buscando expresar algo que, para conseguirlo, tuvo que sacrificar la precisión, a cambio de qué: de conseguir una visión menos escultórica, más moderna, pero en realidad el color se hizo más sensible, más misterioso, sensual, un color local de la carne, de la tela, esa irisación del tono que vive en sí mismo, todo eso en la primera época no existe, lo va a conquistar. Si ves el último, piensas que no lo ha hecho la misma persona, son dos pintores; si ves el de Sevilla y ves el último, hay casi dos siglos de diferencia y es importante. Es el primer pintor moderno con Wermeer.


Yo cuando empecé a pintar en la calle la primera vez, en el año 61, en Tomelloso, fue la primera vez que puse el caballete en la calle. Pensé que ya necesitaba trabajar del natural directamente y me fui al amanecer, pues pensé que habría menos gente y era muy incómodo, el primer y segundo día, pero yo notaba que tenia que hacer algo que me gustaba muchísimo. Era que estaba viviendo aquello, era como hacer el amor con la persona allí pegada, no de una manera virtual, sino de una manera real y yo, que venía de una figuración muy surreal, entonces al encontrarme con aquella calle tan real, muy literalmente pintada, me pareció muy poca cosa. Quedaban fuera cosas que a mí me parecían básicas, el misterio, la creación a partir de aquello, no se, me parecía muy poco y que una foto lo podía sacar mejor, y entonces puse allí unas figuras para darle más salero y gracia y luego después hice otra calle en Atocha, puse un hombre y una mujer haciendo el amor, porque pensé que si no ponía esas personas no se iba a sentir que estaban ahí las personas en las casas, no se va a sentir la vida en ese espacio, se va a quedar un escenario sin sustancia, todo fue muy rápido desde el sesenta y uno: Atocha, el mirador de Lucio, la Gran Vía, yo era muy joven, pero estaba ya hecho.

Ahora bien, yo tenía a mi tío Antonio López, que nunca ha sobreactuado, por eso no ha competido nunca con los pintores modernos, ha sido siempre otra cosa y la cercanía con una persona así me ha alentado más. Cuando tus modelos están muy lejos como Velázquez y toda esta gente tan grande, están muy lejos y puede desalentar, pero cuando el ejemplo lo tienes muy cerca, mi tío u otros que no conocíamos como Hopper, o Ander Withe o Freud, que estaban pintando en ese momento, sientes el respaldo.



En el 75 cuando me puse a pintar la Gran Vía, ¿qué pasó? Pensé que en ningún momento tenía qué forzar nada, veía tanto en aquellas paredes, en aquel suelo, en aquel asfalto, en el hecho material de aquellas formas delante de mí, que me parecía una cosa indecente el distraer, el crear nada que creara malentendidos y distrajera al intentar materializar y construir con la pintura, todo aquel espacio arquitectónico, tan lleno de misterio en sí mismo, que no necesitaba reforzarlo con nada; lo viví así y hasta que no sientes eso y no lo encuentras y habrá gente que no lo sienta nunca, que necesites reforzarlo con unas imágenes que están en su mente, no decides tu estilo.

A Hopper, por ejemplo, le notas mucho unos argumentos. Es muy importante lo que ocurre en sus espacios; la historia es más importante que el escenario, la oficina, si no está el jefe de la oficina y la secretaria abriendo el cajón, no es el cuadro que él necesita. Yo pintaba la oficina vacía y a través de la mesa y las paredes, a través de la luz, de la alfombra, a través de los elementos que tuviera, estaría, en cierto modo, todo lo que tenía que estar. Hay que tener un poco claro esto y hacer un acto de fe en la realidad. Es cuando Velázquez crece en la grandeza del mundo real, entonces la realidad te premiará y te dará cosas muy extraordinarias, para ti y los espectadores; entonces son posiciones extremas, pero también era una posición extrema Cezzanne, cuando inventa la pintura tan conscientemente y empieza a decir: bueno, en una manzana es más importante la pintura que la manzana, eso ocurre con carácter general y empieza a dar unas pinceladas grandes para que se vea que es pintura. Hoy, con toda la que ha caído, parece que eso lo puede hacer cualquier señor con la gorra, pero en aquel momento, eso era romper con el mundo, porque las cosas no se hacían así.

Claro, claro, eso es verdad, es una cosa que nos pierde un poco a todos y en el arte es malo. En la vida, que te miren los demás vale, porque impide que hagas una tontería detrás de otra, pero en el arte hay que actuar con mucha desfachatez y mucha irresponsabilidad y ser tu mismo como sea, porque es como puedes llegar al fondo de ti mismo, pero están los demás y quieres gustar, quieres conquistar y ahí, en armonizar todo eso, está el problema.
¿Parece que el artista siempre ha sido rebelde?Yo creo que es una suerte serlo lo que es una tristeza es ser tantas cosas, conductor de autobús o mujer de la limpieza o campesino, eso es lo que de verdad es duro, lo nuestro es una cosa estupenda, preciosa, el único problema es que a lo mejor tú no lo consigues con la rapidez que tu quieres, o no obtienes la notoriedad que tú quieres, te la tienen que dar los demás, estás en manos de los demás.
Yo estoy en un sitio como Madrid que es agotador. Luego a mi me gustan mucho las personas, unas menos, pero en general me gustan. Yo confío mucho en el encuentro con las personas y aprovecho cualquier circunstancia que está dentro de lo que yo soy capaz de entregar y me posibilita su encuentro, el salir de mi vida de todos los días, el salir de Madrid unos días y conocer otros sitios. Que más se puede pedir.
¿Qué próximos talleres tiene previsto impartir?En verano iré a la Universidad de Murcia, a la sede de Los Alcázares a impartir uno sobre paisaje y luego a la Fundación Los Álamos de Cieza y quizá otro en Torrevieja.

Y allí nos fuimos para completar el encuentro, entre jóvenes pintores de todos sitios, seleccionados por la Fundación Los Álamos, que llevó sus obras para contrastarlas con la opinión de Antonio López con la veneración de un sabio: Karla Frechilla de Madrid, Eva Ruiz de Orihuela, José Semitiel de Cieza, Antonio Tapia de Murcia, Juan Naranjo y Estefanía Urrutia de Madrid, Cristóbal Perez Garcia de Málaga, Cesar Rodríguez de Torrevieja, Jesús Díez Menárguez, Olga Parra, entre otros asistieron aquí y luego en Torrevieja, organizado por la concejalía de Cultura del Ayuntamiento. A intensos talleres en los que hubo sonrisas y lágrimas, pues este buscador de la verdad, dedicado a la pintura, no tiene inconveniente en decirla a quien se la pide, a veces sin la envoltura de la caridad.
Expuestos los cuadros en la sombra de un porche, bajo una parra en el ubérrimo y bien cuidado huerto de Los Álamos, agua abajo del puente de hierro de Cieza, Antonio López repara en un tríptico que recoge un paisaje y pregunta por el autor, que es autora: es Eva Ruiz, a la que pregunta de dónde es, de Orihuela: ¡ah!, de la patria de Miguel Hernández.
“Me choca este paisaje, porque siempre he visto estos paisajes pintados de forma superficial y efectista. Me gusta mucho, está con un sentido de las cosas, está bien contado y transmite verdad. Me parece que está muy bien hecho, que tiene mucha sensibilidad y no tiene tonterías, tiene la tensión que tiene, no hay ninguna coquetería y está hecho con seriedad y sentimiento, me sorprende que no te hayas situado en la estética de lo levantino, en lo tópicos, porque es un cuadro muy austero, trabajado con muy pocos colores y sin embargo no pobre de color, que no abusaba de la materia y no había una sobreactuación de nada.”

Antonio López, sobre el comentario del cuadro y su composición, del peso del cielo y los tonos de la tierra y la huerta representada, a través de tres colores bien combinados, resume la trayectoria de la conquista del paisaje en la pintura, según la tónica que mantendría en los tres talleres, de hilvanar autores clásicos y modernos y temas en la historia del arte, sobre obras concretas de alumnos, con vivencias de su trayectoria, experiencia impagable que los seleccionados reciben con atención reverencial: “el paisaje es el último espacio que conquista la pintura, pues ya había resuelto el problema de la figura, tanto en pintura como en escultura, pero hasta que no llega Corot y se pone delante de un tema no se consigue de verdad lo que es la esencia del aire, después vienen los impresionistas, pero eso ya está resuelto y dura muy poco porque después llega el arte moderno, salvo excepciones en Vermeer o en algunas acuarelas de Durero, como excepciones fuera de su tiempo, que no tienen continuidad. De una manera reglamentada hasta Corot, hasta mitad del siglo XIX, no se resuelve muy pronto, con los relieves asirios”.
De nuevo se detiene ante otro paisaje impecable de la Vega de Cieza, con una casa con parra en el centro y algún elemento abstracto en el cielo.
¿De quién es este cielo? Aparece José Semitiel, como pidiendo disculpas y preparado.“Está muy bien, la atención centrada en la casa, el paisaje detrás resuelto con la distancia, el color detallado y difuminado atrás y aquí en el cielo introduces un argumento abstracto que rompe la unidad y lo convierte en una abstracción. Hay que tener cuidado en no mezclar elementos contradictorios”.

“Es una necesidad por cerrar el espacio por mi propia personalidad, no crea que es por incorporar elementos extraños”, le contesta el autor.
Bien, pero ¿eso lo hubieras hecho en el s. XIX?
No. Claro, lo haces ahora que tienes todos los estilos a la mano para elegir lo que quieres. Es el gran legado del siglo que nos ha dejado la pintura. Sabemos que tenemos detrás miles de años de tradición para poder elegir, es como hacer un retrato de mujer y elegir la boca de Sofía Loren, los ojos de Liza Mineli y así, pues puede que no te salga el mejor retrato. En pintura pasa igual y se ha hecho mucho, lo ha hecho el equipo Crónica, lo he hecho yo y he corregido. Está bien que las cosas contengan las características propias, con sus propias limitaciones, un Cezanne no puede ser un Degas; yo lo he vivido en un momento determinado, cuando empezaba en la Escuela de Bellas Artes y quería pintar como mi compañero Lucio y como mi tío Antonio López y traicionaba a los dos y me pasaba quitando salpicaduras de los cuadros, incluso una vez vendidos, con el permiso de los dueños, que no siempre me lo dan, porque dicen que es parte de la pintura y la cambio; por lo demás el cuadro está muy bien.
¿Has tardado mucho en hacerlo?Seis meses.
¿Nada más?Nada más.
¿Y vendes?Afortunadamente sí.
¿Y expones? ¿Como está Cieza de salas?Pues hay tres galerías y varias academias, con trabajo desde los colegios.

Buen ejemplo el de Cieza, con bullir cultural y deportivo, junto a un optimismo vital innato, que se refleja en el habla festiva que ya recogiera Juan García Abellán, en su recorrido gastronómico por la región, que se ve acompañado por iniciativas como la del anfitrión José Luis Pardos, atento y al quite en todo momento, que ante la lluvia inoportuna, tras cinco años de sequía, nos acoge en un estudio inferior, distribuye a la prensa y recibe a los invitados, junto a Conrado Navalón y Carlos Gual, directivos de la Fundación que ha creado, que recibe la donación del bien cuidado huerto y los seis mil volúmenes de su biblioteca personal, con destino a la realización de actividades culturales con el apoyo del Ayuntamiento de Cieza y la Universidad de Murcia.
Allí quedamos, junto a Karla Frechilla y sus composiciones oníricas, que descoyuntan la realidad, alejada del realismo. Hay otros mundos pero están en éste, que acompañó al pintor de regreso a Madrid y envió sus vivencias estos días a la página web de la Fundación.
Haber conocido a un artista como Antonio López ha sido un privilegio, imagino que para todos. Simplemente con conocerle habría sido suficiente.
Un hombre sencillo y complicado, al que no le falta ni le sobra nada para ser un artista. De gesto marcado en rostro y en manos, y de una grandísima expresividad. Un hombre apasionado del arte que "no quiere saber nada de nada que no tenga algo que ver con el arte", como él dice.
Genio por dentro y por fuera dice casi todo lo que piensa, y piensa infinitamente más de lo que dice.
Gracias a su enorme experiencia y a sus cuidadísimos estudios de la vida como concepto más amplio, cada una de sus palabras son importantes. A veces complicadas de interpretar, a veces duras y siempre importantes. No deja de ser, a fin de cuentas, sólo una persona, pero eso sí, una persona excepcional.
Después de comentar las obras de los afortunados que estábamos con él, codo con codo, sé que a priori parece brusco y directo. Mi modesta opinión es que a pesar de lo que pueda parecer, él dice sólo lo que cree que va a favorecer al futuro de esa persona. Sin hacerte perder el tiempo te da su opinión. En ocasiones con cuidado y otras sin el.
Siempre se preocupa por que los demás aportemos, opinemos y sobretodo intenta una y otra vez, y en poco tiempo, conocernos.
Nuestra historia personal le preocupa tanto como nuestra "destreza" a la que quita importancia y de la que habla como una simple característica más que debe ser parte de un artista.
Y es eso, para Antonio el arte es su vida, porque así debe de ser para alguien que trata de conseguir ser un auténtico artista. En este tema uno no puede hablar de profesión, debe hablar de "vida" ya que el arte se vincula tantísimo a tus pensamientos, sensaciones, conocimientos, situación personal, modo de percibir... Que es algo más que una profesión a la que uno pueda dedicarle de 9 a 8 de la tarde. Pocos afortunados viven tan intensamente aunque sea por pequeñas cosas. Y creo que por eso es tan "duro" o directo en ocasiones porque su opinión no es la única en esta vida y no es siempre la mejor ni verdad absoluta, pero si que es cierto que es un "maestro", que posee una larga experiencia y años vividos en esta "vida" que es el arte.
En mi caso personal he tenido suerte. Suerte que me ha acompañado desde el momento que tuve la gran oportunidad de ser parte de estos dos días tan especiales, suerte de compartir con un gran artista y de conocer gente estupenda, y de cada cosa llevarme un poquito dentro de mí.
Gran suerte al poder disfrutar de palabras tan gratas y halagadoras del mismísimo Antonio López sobre mis cuadros, y de la gran lección que me dio en tan sólo un corto espacio de tiempo. Sin conocerme apenas, y después de haberme sacado 4 palabras mal dichas de mí, y sólo viendo unas fotos de mi obra, tuve en todo momento la sensación de que me conocía y sabía de mis mas callados secretos.
Gracias a estas palabras y al haberme rodeado de gente con las mismas inquietudes, de haber respirado ese aire diferente, estoy dispuesta a cambiar de nuevo el rumbo de mis pasos perdidos.
Muchos pensarán que sólo ha sido un fin de semana y que nada significa todo aquello, pero para mí ha supuesto mucho, os lo aseguro, y procuro no olvidarlo ni un solo día... No quiero volver a olvidar. ¡Hacía tiempo que no me rodeaba de arte, desde el tiempo en que mis padres me dieron tanto! Y no puedo volver a olvidar.
Con conocerle habría sido suficiente, pero más allá de sus palabras, de haber conocido a todas esas personas, de haber bebido tanta hospitalidad, de haber respirado puro desde hace tiempo, después de todo esto, tuve el lujo de poder acompañar a Antonio López a su casa en un viaje lleno de palabras hasta Madrid. ¡Ciudad tan rica y tan "llena"!. Puedo presumir de haber conocido un poquito más al ¡"maestro"! ¡Ya no se puede pedir más!
Y no sigo porque como seguro que diría Antonio me estoy poniendo ¡muy "cursi"! así que sólo quiero deciros:

Muchísimas gracias a todos.
Alfredo Jiménez Gómez