
Juan Sansano Benisa nació el 30 de septiembre de 1887 en Orihuela. Su padre, Simón Sansano, fue un modesto carpintero.
Estudió en el Colegio de la Merced, donde cursaría estudios primarios hasta que, en 1896, con 9 años, abandona el primer curso de Bachillerato, debido a las estrecheces económicas por las que pasaba su familia.
Encontró trabajo como meritorio en los talleres de La Lectura Popular, propiedad de Adolfo Clavarana. A los diez años, conocía bien las rotativas periodísticas, que pronto se verían modernizadas por la tipografía.
En 1907 funda el Centro Tradicionalista, siendo el redactor de su reglamento fundacional y ocupando el cargo de secretario.
Su labor como escritor empezó en el Diario de Murcia, pero pronto sintió la necesidad de publicar sus propios periódicos. De 1902 es el periódico España, realizado a pluma, y que circulaba de mano en mano. Meses después vería la luz El Relámpago, en el que colaboraban, entre otros, Ángel García Rogel o Antonio Balaguer Ruiz. A esta publicación le siguió, finalmente, La Bella Nereida.
La fama lírica de Sansano pronto se extiende por municipios de la provincia. En 1908 publica, en Orihuela, Flores Silvestres, su primer libro de poesía que fue prologado por Justo García Soriano. En 1910 compra una pequeña imprenta, que le permitirá crear nuevas publicaciones, como La Semana, Primavera, El Clarín y El Regional. En 1914, un año después de casarse, decide desmontar el taller y trasladar su residencia a Madrid. Allí conoce al poeta malagueño Salvador Rueda, que le prologa sus Canciones de la caminata, de 1914. En 1916 abandona Madrid y se traslada a Monóvar. El 12 de noviembre de 1918, en el homenaje a Canalejas y al pie de su estatua, Sansano improvisa el poema “A Alicante”, con tal éxito que Alonso de Rojas, director de El Día, le incorpora a su plantilla.
Poco a poco irá subiendo en el organigrama de dicho diario y, así, el 1 de enero de 1924, es nombrado redactor. En 1926 pasarán a ser de su propiedad tanto el diario como los talleres en los que se imprimía.
El carácter de Sansano fue siempre temerario y decidido, emprendiendo peligrosas, por no decir polémicas, campañas en la prensa de la época, de índole moral y material. Ese mismo espíritu, una vez instaurada la II Republica, le llevó a arremeter a diario en sus artículos contra la misma, razón por la cual las turbas arremetieron contra su casa y los talleres de El Día.
Durante la guerra civil sufrió bastante. Finalizada la misma es nombrado primero Delegado de Prensa de Falange y, más tarde, director de Arriba, integrándose luego como redactor en la Hoja Oficial del Lunes de Alicante, intentando infructuosamente sacar a la calle otro diario. Lo que sí consigue es ver publicados sus trabajos por todo el país, gracias a la prensa afín al Movimiento, habiendo sido felicitado por algunos de sus trabajos.
Su ultimo libro, Poesías, aparece en 1946. Dos años mas tarde, en 1948, enfermará, quedando postrado en la cama hasta su muerte, acaecida en 1955.
Fue colaborador, además, de publicaciones periódicas de América y España, como Blanco y Negro, La Verdad, de Murcia, Información, de Alicante, La Unión Ilustrada, de Málaga, Estudio, de Elche, Dígame, de Madrid o Jornada, de Valencia.
Su verso presenta un carácter humano y terrenal, brota espontáneamente. Sigue los modelos de Salvador Rueda, Pedro Jara Carrillo o Vicente Medina. Perpetúa su amor a la Patria, pero sobre todo a la tierra en la que nació.
En su obra, se puede rastrear una evolución también: primero es neorromántico, como atestiguan Flores Silvestres (1908) o Canciones de la caminata (1914). Poco después, su verso se va a ir haciendo modernista, por influencia del malagueño Salvador Rueda. Tampoco se nos debe escapar que hay pequeños rasgos de la ternura de Vicente Medina y del magisterio lírico de Gabriel y Galán que completan su estilo, desvelado en Canciones de amor (1931).
Casi al final de su vida se hace patente el dolor. La soledad, el pesimismo, la guerra y sus consecuencias, le harán desengañarse poco a poco del hombre, al que ve como enemigo claro de sus semejantes. Vicente Ramos destaca de Sansano su faceta de “precursor de la escuela oriolana”, así como su perfil de hombre hecho a sí mismo que surge de la nada, luchando y sufriendo toda su vida.
Juan Sansano fue uno de los primeros en “pregonar” la valía de Miguel Hernández de manera profética. Uno de sus periódicos, El Día, es de los primeros en recoger los versos de Miguel Hernández, pudiendo llegar a presumir de ser el descubridor del genial oriolano. E incluso el mismo Miguel llegó a dedicar tres de estos poemas a Juan Sansano. El primero de ellos, publicado el 15 de octubre de 1930 y titulado “La Bendita Tierra”, se abre con la elogiosa frase que a continuación se transcribe: ‘A don Juan Sansano, eminentísimo poeta de Orihuela. Para que aspire aunque levemente los enervantes aromas de la maravillosa huerta oriolana’. El segundo de ellos, titulado “A don Juan Sansano”, sería publicado el 24 de abril de 1931. Por último lugar incluyó unas palabras en referencia a una obra suya: “A Sansano por su libro Canciones de amor”. A pesar de ser tan solo tres los textos a los que nos hemos referido, dejan constancia de que la relación entre ellos fue, al menos al principio, cordial y constante.
Sansano le recibió en Alicante varias veces y, en ese afán por darles a conocer tanto él como a su poesía, aprovechará cualquier acto, como el homenaje a Salvador Sellés, para dedicarle palabras encomiásticas.
La precoz detección de esa genialidad por parte de Sansano fue muy acertada, iniciándose una relación de mutuo respeto y admiración entre ambos.
En 1931 se publica, como ha sido comentado, el libro de Sansano Canciones de amor, que contaba con lo que llamaba “ofrendas” de otros poetas, como Pedro Luis de Gálvez, Carlos Lozano, Antonio Montoro, García Soriano, Siro López y, por supuesto, el propio Miguel Hernández. A Miguel le corresponderá el honor de cerrar el libro al haberle reservado las tres paginas finales para que publicase los tres sonetos, con el título, “Para cerrar el libro: el poeta Sansano”. También publicó el poema “Juan Sansano” en la revista oriolana Destellos ese mismo año.
La relación entre Sansano y Hernández seguirá fructificando por un tiempo. Así, cuando Hernández publicó Perito en lunas, Sansano se ofrecerá para ayudarle a vender libros, aunque, por desgracia, en la capital alicantina su éxito será escaso. Después de esto, la relación se enfriará; Miguel marchará a Madrid en busca de la gloria y de la fama, y Sansano iniciará su particular calvario, conquistando, como dicen algunos autores, póstumamente el olvido. Aunque esto no llegue a ser del todo cierto, pues en América sigue gozando de reconocimiento y cierto prestigio.
Mariló Avila