Este año se cumple el primer centenario de la muerte de uno de los oriolanos que, ideales políticos y religiosos al margen, más renombre ha dado a su ciudad natal a través de su legado humanístico, representado sobre todo por ‘La Lectura Popular’, periódico fundado en 1883, que ‘llegó a tirar 70.000 ejemplares y se difundió por todo el mundo’, según afirma Francisco Martínez Marín en su ‘Antología Crítica Bio-Bibliográfica de Escritores Oriolanos’ (inédita). La vida de Clavarana estuvo al principio muy marcada por el liberalismo, pero acabó siendo un ferviente defensor de la causa católica, combatiendo los ideales que años antes había propugnado. Hombre de ingenio agudo, de corazón sencillo y de fe inquebrantable, recibió elogios y admiraciones de todos los estratos y de todas las autoridades en las materias que tocó. Sin embargo, ‘nunca estaba conforme con sus escritos: era un perfeccionista’, agrega Martínez Marín. El escritor y periodista alicantino Emilio Chipont escribió en ‘La Verdad’ en 1973 sobre Clavarana que ‘tenía un estilo mitad Miguel Mihura, mitad Tono de Lara ’ (éste último ha sido uno de los grandes del humorismo español contemporáneo y co-fundador de ‘La Codorniz’). De Clavarana dijo Amancio Meseguer en 1905 en ‘La Lectura Popular’ que ‘le acompañaban iniciativa e ímpetu irresistibles, imaginación fogosa, palabra chispeante y finísima sátira’.

Adolfo Clavarana y Garriga nació el 9 de septiembre de 1844 en Orihuela. ‘Se crió entre liberales progresistas y fue liberal’ en una primera etapa de su vida, según la biografía escrita por Amancio Meseguer y reproducida en ‘La Lectura Popular’ el 15 de marzo de 1905. Sus primeros estudios fueron los de Perito Mercantil, graduándose en 1863. Casado a los 22 años con Josefa Bofill, estuvo tras el mostrador de la casa de su suegro, quincallero. Pero acabó siendo un hombre de amplia y rica formación. En 1869 se hizo Bachiller en Artes y después emprendió la carrera de Medicina, que abandonó a los tres años. Más tarde, se marchó a Salamanca para estudiar la carrera de Derecho, licenciándose en 1874. En mayo de 1875 se matriculó en el Colegio de Abogados de Orihuela. Fue secretario del Ayuntamiento de la ciudad y logró un bufete prestigioso en poco tiempo. También entró en el mundo de la política de la mano de Tomás Capdepón. Al principio militó en el Partido Fusionista, que se fundó en 1880. Después, lo abandonó con la subida al poder de Sagasta.
En la citada biografía se afirmaba que ‘... dotado por Dios de clarísimo entendimiento, su inflexible lógica le arrebataba irresistiblemente a buscar la verdad, lo cual procuraba a los veintidós años encaramándose en el desván de la casa para devorar las obras del jesuita Balmes, mientras los demás rabiaban y pateaban, y le buscaban inútilmente para que atendiese al comercio de su suegro, en cuya casa habitaba: la prosa comercial le amargaba sobremanera a pesar de su título de Perito Mercantil. Huyendo de ella, su genio de artista le hizo músico hábil, pintor aventajado, caricaturista temible, poeta ocurrente y, por último, en dieciocho meses, abogado: esfuerzo que por poco le cuesta la vida (...) No tardó en ser el primer abogado de la comarca y, fiel a sus principios liberales, él era quien manejaba el palo de la gaita fusionista entonces constitucional en este cacicato. Desempeñó los cargos de Síndico y Secretario del Ayuntamiento y allí hizo famoso su ingenio en unas tan memorables como liberales elecciones, pero repugnaban a su natural honrado las miserias y bajezas de la política liberal. No pudiendo aguantar más aquella atmósfera, que le revolvía el estómago, se separó de ella cabalmente al subir al poder Sagasta’.
Clavarana también empezó, a los dos años de trabajar en el bufete, a dar sus primeros pasos en el mundo del periodismo como colaborador fijo de ‘El Segura’, periódico oriolano, tras el ofrecimiento que le hizo su prestigioso director Justo Lafuente para escribir como colaborador fijo. En esta publicación tuvo, como compañeros de lucha literaria, a José María Sarget, Ernesto Gisbert y Ballesteros, Manuel Brunetto, F. Agrassot, J.Mª Garriga, J. García Nicola y Carmelo Gómez García, entre otros nombres de primera fila a nivel local.
Entre 1877 y 1883, empezó a fraguarse el gran cambio en Clavarana, debido a varios acontecimientos que iban a marcarle profundamente. Tomás Capdepón murió en 1877. Su muerte y su entierro lo conmovieron mucho. Después, abandonó el Partido Fusionista. Al poco tiempo, realizó unos ejercicios espirituales con el padre jesuita La Hoz, los cuales resultaron vitales para Clavarana. Además, también empezó a comprender que ‘una cosa era la justicia y otra bien distinta la judicatura’. Este cúmulo de circunstancias llevaron a Clavarana a ‘entregarse al servicio de la religión’, según afirman los profesores José Guillén y José Muñoz Garrigós en su ‘Antología de Escritores Oriolanos’ (Orihuela, 1974). Impetuoso e insosegable, de clarísimo entendimiento, la fuerza que antes empleó en ayudar a los liberales pasó a utilizarla en contra de los mismos ‘para servir de cencerro católico’ , según sus propias palabras. Dice Martínez Marín que Clavarana ‘usa esa dureza y ese sarcasmo al servicio de la Iglesia en contra de sus enemigos. Sin piedad. Sin concesiones para nadie. Su claro entendimiento, si hubiera seguido en los liberales, hubiera alcanzado el primer puesto de España. Renunció a lo fácil por amor a Dios’. Contaba Amancio Meseguer en su biografía que ‘... no era por lo visto la Misericordia Divina del mismo parecer que los liberales. Solícito con él, le llevó a los inolvidables ejercicios espirituales dados por los padres jesuitas Jacas y La Hoz; y por ministerio de éste último le hizo resolverse a servir a Dios de veras’.
Decía el propio Clavarana que ‘de entregarme a Dios ha de ser del todo. Amarle y servirle dentro del corazón y ayudar en la vida pública a los que en el gobierno de la nación trabajan por arrancar la fe al pueblo y extinguirla de la nación española y del mundo entero no pueder ser: guerra, pues, al liberalismo, que es el enemigo de Cristo hoy día, y a ponerme resueltamente enfrente de él’. Para Clavarana había llegado el momento de unirse forzosamente a los que en la sociedad de su época defendían a Cristo.
Para cumplir este propósito, y poner por obra el consejo del padre La Hoz de emplear en la gloria de Dios el don de sátira que de la Providencia había recibido, Clavarana fundó el 3 de mayo de 1883 ‘La Lectura Popular’, publicación dirigida fundamentalmente al pueblo. En su subtítulo podía leerse que estaba ‘dedicada a las clases trabajadoras’. Sostenía Amancio Meseguer que ‘... humildemente nacida y sin más intento que sacrificar a Dios en la proporción de sus fuerzas, su descanso e intereses, creció de tal manera y le absorbió de modo que hubo de dejar la abogacía. No fue ésta sola la causa. Dada la vehemencia de su carácter y su amor a la justicia, vivía en perpetua indignación, como él decía, en el trabajo profesional hasta el punto de acabar con su salud y empujarle a cerrar el despacho por conservarla’. Decía en 1905 ‘El Correo Ibérico’, de Tortosa, de este periódico bimensual de Clavarana ‘que se introducía por las cárceles, que penetraba en los talleres, que buscaba al obrero, vistiéndose como él, muy humilde, muy demócrata; y con lenguaje sencillo, para que lo entendieran todos, iba llenando aquellas columnitas de una prosa amena, sugestiva, interesante, que a muchos les sabía a pepinillos en vinagre, que muchos por primera vez la leían arrugando el entrecejo, pero que a todos acababa por parecerles buena, sin réplica, convincente, como saturada de verdadera y sólida doctrina. ¡Qué periodiquillo tan grande y cuánto bien ha hecho!’. Según ‘El Pueblo de Orihuela’, con fecha 3-III-1930, eran ‘hojas inmortales, que penetraron en ciudades y en pueblos, en las casas, en las escuelas y en los templos’.
Al principio, Clavarana no firmaba los artículos, ‘pero Meseguer le obligó a ello, pensando en el patrimonio de sus hijos’, prosigue relatando Martínez Marín. Clavarana cuidó personalmente de ‘La Lectura Popular’ hasta el mismo día de su muerte, cuando pasó a sustituirle su hijo Julián Clavarana Bofill y después Amancio Meseguer hasta 1914. Después, su continuador fue Luis Almarcha hasta 1936. Además, Clavarana fundaría otra nueva publicación en 1894, llamada ‘La Noticia Diaria’, que iba encaminada también a ‘regenerar a Orihuela del liberalismo’.
Relata Amancio Meseguer que ‘ ... meditado el asunto con el reposo y recta intención de quien había despreciado su propio interés por el de Cristo y vencida su hereditaria y liberal repugnancia, se adhirió al partido carlista (...) Cuando la deplorable amputación del partido carlista, Clavarana, siguiendo en el firme criterio que le había conducido a los carlistas, se dio por amputado; se quedó con los que después fueron apodados integristas y fue uno de los ochenta que merecieron ser citados a la primera y secreta reunión preparatoria del partido tradicionalista, en cuyas determinaciones influyó notablemente. Desde entonces ha seguido firme en su puesto, defendiendo la santa intransigencia cristiana’. El integrismo tenía mucho arraigo en la comarca de la Vega Baja, aunque también había elementos vinculados a la misma ideología en otros puntos de la provincia. Además del abogado y publicista Claravana, editor de ‘La Lectura Popular’, que además de revista era una imprenta en la cual se publicaron numerosas obritas y folletos de carácter religioso, en la ciudad de Alicante Vicente Calatayud y Emilio Senante, catedráticos de instituto, representaban también el tradicionalismo.
Por lo que respecta a su obra, la mayoría de críticos distinguen en la misma dos etapas bien diferenciadas:
- La primera alcanza hasta 1883, incluyendo sus colaboraciones fijas en ‘El Segura’ (1878-1789). Algunas de sus obras de esta etapa son ‘Poema: A la reina (María de las Mercedes)’ (julio de 1878), ‘A los toros’ y ‘Escuelas Nocturnas’ (septiembre de 1878), ‘La vida’ (Octubre de 1878), ‘El día de los muertos’ (noviembre de 1878), ‘Cesarino’ (obra elegíaca de corte teatral) (diciembre de 1878), ‘El ábaco’ (diciembre de 1878) y ‘Canales y Canalones’ (1879). Aparte de esta obra, figura también ‘Un fanático’ (Alicante, 1892). Apunta Martínez Marín que en esta primera etapa en ‘El Segura’ hay una línea ‘casi distinta de escribir, llamémosle más alegre, menos sarcástica e irritable, porque aún no habían comenzado los sinsabores, las desilusiones y los desengaños’, y añade que en sus trabajos en este periódico ‘se advierte la ilusión y la alegría, hasta el desenfado, sin olvidar la impecable forma de los temas ofrecidos, desde un bello poema a la muerte de la Reina hasta los toros pasando por su apoyo en pro del ferrocarril Alicante-Murcia y el ramal de Torrevieja’.
- La segunda etapa se corresponde con toda su labor en ‘La Lectura Popular’, la cual se caracteriza por su carácter apologético-satírico-dogmático. Según los profesores Guillén y Muñoz Garrigós, esta parte se puede dividir en cuatro apartados distintos: artículos, cuentos morales, pensamientos y poesías.
- Artículos. De su obra se desprende claramente que Clavarana era, ante todo, un periodista que puso su arte al servicio de la causa católica. Sus artículos eran a un mismo tiempo sociales, políticos, literarios, económicos, históricos, jurídicos y, sobre todo, religiosos y teológicos. ‘Su literatura es una constante preocupación por el fin del hombre: el fin de la sociedad, de la familia, del individuo, de la política y de la economía, de la industria y del comercio, de la poesía y de la elocuencia, de la milicia y de la magistratura. Todos los temas son tocados por su pluma periodística, y en todos ellos, con más o menos intensidad, aparece la intención moral (...) Clavarana fue, principalmente, un polemista católico. Sus artículos están en gran parte encaminados a divulgar las ideas católicas’. A lo largo de los volúmenes de su obra, no hay ningún escrito que no haga una acalorada defensa de los principios del catolicismo. En este apartado, hay que destacar su trabajo ‘La Opiata de Satanás’, en el que se combaten las doctrinas del Modernismo. Fue publicado en su periódico en 1888.
- Cuentos morales. Afirman Guillén y Muñoz Garrigós que son ‘lo mejor’ de su producción: ‘En ellos, sin perder la intención didáctica que anima toda su obra, pone de manifiesto su sencillo estilo y su gracia chispeante. En casi todos asoma la intención certera del autor, la rapidez, la desenvoltura, el colorido, la viveza, la variedad, su temperamento esencialmente satírico y el dominio del diálogo -ligero, suelto, gráfico-’. Entre estos cuentos, pueden destacarse ‘La correspondencia del tio Matraca’, ‘Blas Trápala’, ‘El Maestro Cerote’ y ‘La llave del cielo’, así como ‘El terno seco’ y ‘La moneda del otro mundo’, los cuales ‘trajeron en candelero a media España. Era un nuevo género creado por Clavarana’, apunta Martínez Marín. La mayoría de ellos, dado su carácter inconformista, aguardaba durante semanas y, a veces, meses en cajas hasta su terminación y publicación.
- Pensamientos. Son máximas en las que se encierra una idea moral o filosófica; frases de corta extensión en las que se condensaban los pensamientos del autor.
- Poesías. Las poesías que aparecen en algunos de sus libros son más bien escasas, de muy inferior calidad, sin inspiración ni cuerda lírica. Sus temas eran de carácter didáctico-moral y festivo.
Toda esta producción literaria, aparte de unos ‘Apuntes sobre los amojonamientos de la redonda de las salinas de Torrevieja’ (Orihuela, 1892), se halla integrada en una sola obra titulada ‘Lecturas populares. Colección de cuentos, artículos y diálogos de buen humor’. La primera edición se hizo en Madrid en 1885 y encierra una compilación de todos sus trabajos periodísticos publicados preferentemente en ‘La Lectura Popular’. La obra fue reeditada varias veces, pero ya en la tipografía de dicho periódico (Calle Bellot, nº 3, de Orihuela). La segunda edición se hizo en 1910 (constaba de 7 volúmenes con 196 páginas cada uno e ilustrados con abundantes grabados) y la tercera en 1925 (ya con 10 volúmenes). Guillén y Muñoz Garrigós agregan que ‘la intención de Adolfo Clavarana al publicar esta obra fue la misma que durante tantos años le animó en su quehacer periodístico: la defensa y propagación de la verdad y del catolicismo’.
El propio Clavarana decía ‘altísima y hermosa tarea ha sido siempre la de difundir la verdad, pero nunca tan alta y hermosa como hoy en que cunde el error y la mentira se propaga vestida con ropajes con todas las ciencias y con el seductor adorno de todas las artes’. También decía el oriolano: ‘mucho tiempo ha que, dolorosamente impresionados por el espectáculo de corrupción e impiedad que la prensa irreligiosa está dando al mundo, y por la infame obra de descristianización que está llevando a cabo, nos sentíamos inclinados a hacer algo, siquiera fuese pequeño y como para satisfacer los sentimientos de nuestro corazón; algo que contrarreste la influencia de esas corrientes de hielo que, si Dios no lo remedia, van a extinguir pronto la vida moral de la sociedad y de la familia’.
Conocemos diversas ponencias sobre este ilustres oriolano: ‘Los cuentos de Adolfo Clavarana’ del presbítero Fernando Brú Giménez (II Asamblea de Escritores, en Orihuela, 21-V-1972) y ‘Ensayo’ sobre los escritores más notables oriolanos por José Muñoz Garrigós (II Asamblea de Escritores, en Orihuela, 21-V-1972), así como citas de los historiadores y escritores Juan Sansano, Ernesto Gisbert, Isidro Albert y Vicente Ramos, entre otros. ‘Pero todavía está por hacer la labor de conjunto que aúne el texto completo, lo catalogue y ofrezca en forma crítica el comentario que este importante autor merece’, considera Martínez Marín.
Adolfo Clavarana falleció el 14 de febrero de 1905. Según Amancio Meseguer, estaba ‘enfermo y lleno de cuidados y aflicciones de familia’. Los padecimientos físicos le aquejaban de antiguo y en los últimos años había visto morir a sus hijos Adolfo y José, afectándole además el hecho de observar ‘con pavor el avance del liberalismo en todo el mundo y oye el rumor de la tempestad anarquista que se avecina’, como escribió Amancio Meseguer.
Tras su fallecimiento, la prensa oriolana de la época y numerosas publicaciones de toda España se volcaron en elogios hacia su persona, así como la propia redacción de su periódico. En el número 517 (año XXIV) del 1 de marzo de 1905, en ‘La Lectura Popular’ se escribió que ‘era un hombre incomparable que fundó y dirigió esta humilde publicación, en la que vertió los raudales de su entendimiento y los fervores de su alma enamorada de la verdad y puesta fidelísimamente a su servicio’, mientras que, desde el periódico ‘La Voz de Alicante’, Manuel Senante suscribió, al trascender la noticia, que ‘el inimitable y venerado maestro, el compañero y amigo del alma, el brillante escritor, el esforzado paladín de la causa católica, el genial e infatigable periodista Adolfo Clavarana ha muerto (...) La prensa católica está de duelo (...) Hombre de talento extraordinario, de fácil pluma, de elocuente palabra, de erudición vastísima, ofrecíale el mundo brillante porvenir si a servirle se hubiera decidido, pero (...) todo lo dejó para consagrarse por entero al servicio de Dios’.
En la revista ‘El Siglo Futuro’, de Madrid, se escribió el 1 de marzo del mismo año, a raíz del óbito, que ‘fue un trueno en su mocedad; hombre de inagotable y mal empleado ingenio, cuando comenzó a sentar la cabeza; el primer abogado de la comarca, cuando se le antojó licenciarse en Derecho y en 18 meses se hizo abogado; el más listo de los políticos, el más elocuente de los letrados; el más travieso de los secretarios de Ayuntamiento; el más temible de los escritores; el más sangriento satírico; ese fue el Clavarana liberal; hombre llamado a ser todo lo que hubiese querido por los caminos de la perdición’.
Sirvan también de ejemplos sobre la figura, obra y secuelas de Adolfo Clavarana otros comentarios, juicios y valoraciones que a continuación reproducimos. Para el Padre Isla: ‘fue el primer hombre que ha tenido Orihuela en muchos años y (...) este primer hombre es el modelo de los que suele formar la Iglesia Católica cuando da con madera de primera clase (...) Fue el mago de la pluma popular, la mejor cortada de cuantas en su tiempo conoció España...’. He aquí lo que dijo el magistrado Álvaro Landeira: ‘Adolfo Clavarana es, sin discusión, una de las figuras más grandes de nuestra época. Su obra de propaganda es asombrosa’ y recordaba que ‘nos conocimos en Valencia, al comenzar él la Carrera Mercantil y yo Derecho. Su ingenio atraía. Su colección de cuentos, artículos y diálogos de buen humor podrían calificarse en el orden didáctico-poético bajo forma de novela, aunque no esté escrita en verso; pero no es preciso esto, para ver que la versificación sea esencial para la poesía en oposición a la prosa. La poesía es pasión, agitación del espíritu, lucha, fuego en los sentimientos, vehemencia en la imaginación, colorido y figura en el lenguaje. De esto tienen los escritos de Clavarana’.
El publicista Félix Sardá y Salvany se expresaba así: ‘Nadie como él dio tan de firme, de filo siempre y de punta, nunca de plano, contra toda suerte de liberalismos y liberales, fustigó tan recio como supo y pudo los errores del mundo’. Por otro lado, Ramón Nocedal, en ‘El Siglo Futuro’, de Madrid, le dedicó un extenso artículo elegíaco: ‘No creo que nadie, por medio de la prensa periódica, haya hecho tanto bien en estos tiempos como Adolfo Clavarana. Su lógica, ingenio, gracia, altura de miras, profundidad y ligereza son admirables’. El Padre Vilariño lo enjuició como ‘apóstol de la prensa católica’, señalando que ‘la verdadera gloria, el verdadero mérito de Clavarana es el haber ejercido del tal modo el apostolado de la prensa, que, si la Asociación de la Prensa hubiese de levantar estatuas, debía ser el primero a quien se le levantase (...) No hizo su periódico para que figurara en el álbum de los literatos, sino para que se leyese y fuese a los jornaleros y a los pobres’.
Los profesores Guillén y Muñoz Garrigós calificaron su lenguaje como ‘sencillo, natural; las palabras le brotan de la pluma con facilidad y frescura, refrenando en lo posible la ampulosidad de la época. A pesar de ello, el autor manifestó a veces sus esfuerzos por dar forma artística, no siempre conseguida, a sus ideas teológicas y metafísicas, quejándose de la falta de brillantez de lo escrito y la fatiga de su imaginación con horas de penoso ejercicio’. Por su parte, Francisco Martínez Marín considera que ‘Clavarana creó un nuevo género literario para ir al pueblo y llegarle al corazón con la naturaleza, la gracia y el arte. Es tan difícil de imitar y seguir en su vida ejemplar como en sus dotes de literato. Los que quisieron seguir sus huellas confesaron su fracaso. Sus obras son muy buscadas por bibliófilos. Fogoso orador, autor didáctico y claro, y novelista y cuentista eximio. Pinta paisajes e interiores y describe tipos y paisajes en cuatro rasgos. Inigualable en la creación. Ese fue Adolfo Clavarana’.