COMISARIO
Ficha técnica

A) FICHA DESCRIPTIVA

Ø Cabecera

  • Titulo: Comisario.
  • Subtitulo: Revista para los Comisarios.
  • Lugar: Valencia.

Ø Datación

  • Cronología: 1938 – 1939.
  • Primer número: Septiembre de 1938.
  • Ultimo número: Enero de 1939.
  • Números editados: 5.

Ø Sede social

  • Redacción: Valencia, C.G.A.E. Comisariado, Base Turia, num. 1.
  • Administración: Valencia, C.G.A.E. Comisariado, Base Turia, num. 1.
  • Teléfono: No consta.
  • Lugar donde se imprime: La crítica considera que el lugar de impresión era Valencia.
  • Impresores: No consta.
  • Dirección de la imprenta: No consta.

Ø Características técnicas

  • Número de medio de páginas: 64.
  • Dimensiones: 17 x 24cms. Portada a color.
  • Número de columnas: 1 – 2.
  • Secciones: No hay secciones.
  • Cabe destacar el especial interés que tenía la revista por incluir los himnos de todas las unidades de los ejércitos para su publicación.
  • Suplementos o números extraordinarios: El número de noviembre fue un numero extraordinario cuyo precio fue de 10 pesetas.
  • Libros editados: No hay.
  • Ilustraciones: La revista fue ilustrada con caricaturas y carteles. La mayoría de las ilustraciones y fotografías aparecían sin firma, de acuerdo con las ideas colectivistas del momento. Las ilustraciones firmadas aparecen bajo el nombre de Francisco Carreño, Antonio Ballester, Pérez Contel, J. Garay y Eduardo Vicente.
  • Periodicidad: Mensual.

B) FICHA ANALÍTICA

Ø Empresa periodística

  • Editores y administradores: Comisariado del Grupo de Ejércitos de la Zona Central.
  • Director: Manuel Llácer.
  • Administradores: No consta.
  • Precio del ejemplar: 5 pesetas.
  • Puntos de venta: Distribución exclusiva entre los diferentes comisariados.
  • Suscripción: No consta.
  • Colaboradores: Entre otros, Lan Adomián, Rafael Alberti, Antonio Aparicio, Pablo Bono, Federico García Lorca, Miguel Hernández, José Laín, Antonio Machado, Leopoldo Menéndez e Ignacio Rodríguez.
La revista Comisario publica su primer número en septiembre de 1938. Con nombre similar, El Comisario -revista semanal-, había dejado de publicarse a finales de 1937. Posteriormente a Comisario se comenzará a editar Comisarios, consistente en un Boletín informativo, pero de menor interés que la revista que nos ocupa.

Comisario sale publicada de las imprentas valencianas, con periodicidad mensual, pero no sin gran cantidad de inconvenientes relacionados, directa o indirectamente, con el periodo bélico en el cual se encontraba inmersa España.

Según recoge José Luis García Martín, en su estudio introductorio de la “Edición facsimilar de Comisario 1938-1939”, edición de 2003, ‘ésta no pretende hacer ningún difícil alarde de independencia intelectual. Su función es difundir las consignas gubernamentales en los últimos meses de la guerra. Es la más tardía, por su fecha de publicación y quizás la más desconocida de las revistas republicanas, que cubría tanto el campo informativo como el cultural y el político’.

La publicación salió a un precio bastante elevado, teniendo en cuenta la escasez imperante en la época que vio la luz. El coste del primer número fue de 5 pesetas, e incluso el número especial de noviembre asciende a 10 pesetas. El total de páginas de la publicación oscilará ente 60 y 65.

La calidad de la revista queda patente tanto en su forma como en sus textos, manteniendo una cuidada presentación y unos amplios contenidos.

En el primer número, de septiembre de 1938, encontramos una misiva “A todos los Comisarios”; en ella, se explica el porqué y para qué de la publicación, a quién va dirigida y con qué objetivos. Con ello, se intentaban plasmar las diferentes voces del comisariado, en las que se recogen las variadas opiniones y puntos de vista siempre con la máxima libertad. Buscan así fundamentaciones a su posición, e intentan encontrar las bases del convencimiento revolucionario.

La misiva, va dirigida especialmente al colectivo de comisarios, apoyando sus actividades e interés en cumplir sus objetivos. Por medio de los variados artículos que componían la publicación, intentaban resolver posibles dudas comunes a todos ellos y proporcionar además soluciones viables. Debía también cumplir una labor educativa y de concienciación de las personas a las que iba dirigida, esto es, por y para los comisarios. Aun así, en alguna ocasión también se llegó a repartir por el frente de batalla, entre los soldados rasos.

Uno de los apartados de la revista consistía en efectuar un reconocimiento público, y también por los méritos contraídos, a aquellos compañeros caídos en el campo de batalla.

El saludo del General José Miaja, en las páginas del primer número, intentaba proporcionar ánimo e ilusión a los combatientes, incentivándolos a aprender de sus mandos y comisarios. Por iniciativas de este tipo, se llegó a considerar la revista como una válvula de cultura.

Los comisarios de todas las unidades en las que estuvieran destinados debían orientar sus esfuerzos y trabajo para lograr arraigar en la conciencia de los combatientes el sentido de la campaña.

En el primer número, se hace también un homenaje a Ángel Barcía, uno de los comisarios muertos en el frente. Este texto se complementa con diferentes artículos de los comisarios de guerra, donde el más interesante es, quizás, el de Enrique Castro, subcomisario general de guerra, que versa sobre las tareas de un comisario en esta fase de la guerra.

La revista intentaba crear una sólida disciplina en su unidad, que asegurase la victoria sobre el fascismo ‘inculcando los fundamentos de nuestra lucha a todos los combatientes, robusteciendo en ellos la unidad política, fortaleciendo en los mismos el deseo de obedecer y cumplir a todo trance las ordenes, “consolidamos la resistencia”’, tal y como encontramos recogido en el primer número. Esto viene a confirmar la sospecha de que el hueco dejado por la revista semanal El Comisario no quedó cubierto hasta la llegada de Comisario, en septiembre del 38.

En el segundo número, se recoge un artículo, “Hablo a los Comisarios”, en el que se halaga el fondo y la forma del primer número, al que Leopoldo Menéndez califica de ‘compendio de ideas de valor incalculable’. Lo que se pretende es asegurar su difusión y vinculación con el trabajo y la vida diaria del comisariado medio. En el mes de diciembre se volverá a hacer referencia al éxito de los contenidos de la publicación entre sus lectores.

En definitiva, cada número recogía las tareas del comisariado, la propaganda en las filas enemigas, experiencias tras las batallas, arengas de los comisarios, normas de organización y, como es lógico, homenajes a comisarios, algunos de ellos caídos en la batalla.

Algo que otorga una indudable personalidad a la revista es el interés destacado por las diferentes piezas musicales, de ámbito militar, que se recogerán en varios números.

Todo el aspecto artístico de la publicación será tratado con sumo cuidado, de tal forma que el resultado es sorprendente, máxime si tenemos en cuenta el momento histórico en el cual se publica, así como las dificultades de medios, tanto técnicos como económicos, por las que tuvo que pasar.

El último número de Comisario está fechado en enero de 1939, aunque la tirada no pudo distribuirse hasta el mes de febrero, con tan mala suerte que casi la totalidad de la tirada fue destruida. Tan sólo pudieron salvarse unos cuantos ejemplares.

Será en este último número- Año II, Nº5, enero 1939- en el que Miguel Hernández participe, con su poema “Madre España”. Coincide además que se trata de la última publicación de algún texto suyo antes de su posterior encarcelamiento. José Luis García Martín ha definido este poema como ‘poema con algo de réquiem funeral ante la inminencia de la derrota: la madre patria es la tierra que ha de acogernos tras el parto inverso de la madre’.

La revista, posteriormente, cayó en el olvido, e incluso fue desatendida por aquellos que participaron en ella. Este olvido forzoso al que fue relegado es debido, posiblemente, al descrédito en el cual se hundió la figura del ‘comisario político’, base en la que se sustentaban los pilares de la publicación.

Manuel Llácer es uno de los directores de las revistas histórica más desconocidos y sigilosos. Su rastro es difícil de seguir y su anonimato ha traspasado el tiempo.

Valenciano, tuvo como amigos y colaboradores, entre otros, a componentes de la vanguardia valenciana de los años 30 como Tonico Ballester, Pérez Contel, escultores ampliamente reconocido, y los pintores Carreño y Eduardo Vicente, a ellos, al igual que la también revista valenciana “Nueva Cultura”, se debe su calidad artística.

Manuel Llácer estudió Arquitectura en Madrid junto con su gran amigo Miguel Abad Miró. La arquitectura, junto a la lucha política y su entregada mujer Victoria Gil de Ramales, fueron sus grandes pasiones.

Nos consta que el matrimonio fue el artífice de la propaganda del Ejército Popular de la República Española, y nos queda constancia de su artículo en la revista El Comisario, “El arma de la propaganda en la defensa de Madrid”, en el que se brinda a recordar la defensa de Madrid, y por último, no olvidemos que Manuel Llácer fue también director fundador de la revista La Voz del Combatiente.

Cecilia Espinosa
Mariló Avila
Trini Ruiz
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