
Emilio Prados nace el 4 de marzo de 1899 en Málaga. Fue bautizado con el nombre de Emilio Casimiro Prados Such en la parroquia del Sagrario de la Catedral de la misma ciudad.
Su padre provenía de una familia campesina de Alhama de Granada. Trabajó durante algún tiempo en distintas zonas de Andalucía. Una vez establecido en Málaga consiguió, en pocos años, ser propietario de una importante fábrica de muebles, que proporcionó a la familia una holgada posición económica.
Su madre pertenecía a una familia de la burguesía malagueña de arraigada tradición liberal.
Emilio Prados pasó sus primeros años escolares con Vicente Aleixandre, en el parvulario de don Ventura Barranco, lugar por el que también pasó Severo Ochoa. Tuvo una salud delicada, que le llevó a pasar frecuentes temporadas en el campo. Este contacto con la vida natural dejará en él una huella imborrable.
A los 15 años se marcha a Madrid, para acabar el Bachillerato. A través de su hermano Miguel acude a las reuniones de la ILE (Institución Libre de Enseñanza), donde conoce a Antonio Machado, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez. Su amistad con Juan Ramón Jiménez determina su orientación hacia la poesía, que comienza a escribir en secreto.
En 1918 ingresa en la Residencia de Estudiantes.
En 1921 padece una tuberculosis pulmonar que le obliga a ingresar en el sanatorio de Davos Platz (Suiza).
En 1922 asiste a un congreso de Filosofía en la Universidad de Friburgo (Alemania), donde entra en contacto con la vanguardia artística y literaria alemana, que resultará decisiva para su vocación de escritor. Comienza en esta época su acercamiento a la obra de los grandes románticos alemanes; Goethe y Novalis lo aproximan a una línea de pensamiento que culminará en sus libros de la etapa mexicana.
En 1925 su padre adquiere la imprenta Sur, en la que comienza a trabajar Emilio Prados y de la que sale la revista Litoral. Es también en esta revista donde publica Tiempo, su primer libro poético. En esta época empieza la correspondencia con León Sánchez Cuesta. Las orientaciones y el apoyo del librero madrileño mitigan la soledad de estos años.
En 1926 aparecen los dos primeros números de la revista Litoral. El año 1927 fue de gran actividad en la imprenta, publicando obras de Bergamín, Altolaguirre, García Lorca, Hinojosa, Cernuda, Jose Fina de la Torre y el mismo Emilio Prados.

En 1928, Cernuda pasa el verano en Málaga y afianza su amistad con Emilio Prados, con el que planea realizar una antología de poesía española contemporánea.
En 1929, y con el número 9, la revista Litoral concluye su publicación.
Hasta este momento tiene lugar lo que se conoce como su primera etapa, en la que funde elementos vanguardistas y surrealistas con sus raíces arábigo-andaluzas. A esta primera etapa corresponden obras tales como el ya citado Tiempo (1925), Veinte poemas en verso (1925), Canciones del farero (1926), o El misterio del agua (1926-1927).
A partir de 1932 comienza su segunda etapa, en la que se entrega a la poesía social y política con un lenguaje surrealista. Paralelamente a sus actividades creadoras, su compromiso social se va decantando por un progresivo interés hacia los sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad.
Al estallar la guerra en Málaga se traslada a Madrid, entrando a formar parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas.
En 1937 participa, con Serrano Plaja y Gil-Albert, en la organización del II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura.
En 1938 aparece en Nuestra Bandera una reseña de Viento del pueblo, de Miguel Hernández, único texto crítico que se conoce de Emilio Prados. Ese mismo año recibe el Premio Nacional de Literatura por la recopilación de su poesía de guerra, Destino fiel.
Las obras que corresponden a esta segunda etapa son La voz cautiva (1933), Andando, andando por el mundo (1934), La tierra que no alienta (1935), Seis estancias (1936), Llanto en la sangre (1933-1936), El llanto subterráneo (1936), Tres cantos (1937), Romances (1937), Cancionero menor para los combatientes (1936-1938), y el anteriormente citado Destino fiel (1938). También participa en la realización del famoso Romancero general de la guerra de España (1937).
Su tercera y última etapa corresponde a su exilio en México, desde 1939 hasta su muerte en 1962. En esta etapa sus poesías emanan un profundo sentimiento de desarraigo y soledad.
En su recta final, y con sus ultimas obras: Mínima muerte (1944), Jardín cerrado (1940-1946), Memoria del olvido (1940), Río natural (1957), Circuncisión del sueño (1957), y Signos del ser (1962), Emilio Prados se dirige hacia una poesía cada vez más densa y filosófica, hacia el concepto de vida nueva, autoafirmándose en su independencia y en la visión abierta y vanguardista que siempre había defendido la generación del 27.
El 24 de abril de 1962, Emilio Prados, murió en Ciudad de México (México), cuando contaba con 63 años. De manera póstuma apareció Últimos poemas (1965).
En 1996 el legado de Emilio Prados es incorporado el Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes, de Madrid.
El 14 de julio de 1998, en un acto celebrado en el Palacio Provincial, es nombrado “Hijo Predilecto de la Provincia de Málaga”.
Mariló Ávila