Miguel Hernández, La Mujer trabajadora y Semana Santa

Este mes de marzo veremos que Miguel Hernández también escribía sobre temas de plena actualidad en nuestros días, como son:
-La mujer trabajadora (8 de marzo: “Día Internacional de la mujer”)
-La Semana Santa (celebración muy arraigada en Orihuela)

A lo largo de su epistolario incluye múltiples referencias a trabajadoras golpeadas duramente por la vida como su madre, su esposa y sus hermanas. Miguel proclama libremente las injusticias que sufren y pone duras notas reivindicándolas como trabajadoras.

Trabajan sin descanso en casa, sacan adelante a la familia y ayudan en las labores del campo.

Uno de sus poemas está dedicado a la figura de Rosario Sánchez Mora, “Rosario la dinamitera”, personaje real que tuvo relevancia durante la Guerra Civil española.

“...
Rosario, dinamitera,
puede ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.”

También en su prosa destaca la figura de esta mujer en “Rosario y Felisa”. La retrata como una mujer valiente, con coraje de hombre, mujer incansable con altos ideales que la llevan incluso a perder una mano (Rosario fabricaba bombas y las arrojaba al enemigo).

A Felisa nos la describe como campesina, noble, poco habladora y una gran trabajadora. Mujer de temple firme capaz de escribir a máquina y no interrumpir su concentración en la escritura ni en el continuo caer de las bombas y los obuses.

“...Cuando Felisa acaba su trabajo, si es que lo acaba,
son las dos o las tres de la madrugada”.

En “Compañera de nuestros días” nos muestra con detalle la imagen de la típica campesina española donde se ven reflejadas muchísimas mujeres de su época, incluida su madre. Nos dice que “es una de las víctimas del régimen esclavizador de la criatura femenina. Enferma, agotada, empequeñecida por los grandes trabajos, las grandes privaciones y las injusticias grandes, ella me hace exigir y procurar con todas mis fuerzas una justicia, una alegría, una vida nueva para la mujer”.

Como vemos Miguel pide justicia y apoya a la mujer porque lo vive muy de cerca, nos habla de sus hermanas fregando las losas del suelo de su casa arrodilladas (cuando tan sólo eran unas niñas) y lavando la ropa incluso hasta sangrar las manos.

También nos relata lo mal pagadas que estaban las mujeres y que los jornales eran humillantes, a pesar de que realizaban agotadoras faenas. Todo esto marcó a la mujer, que vivía con resignación a fuerza de respirar una atmósfera brutal. Pero siempre mujer.

Dejando atrás este tema de la mujer, nos adentramos en otra temática que también embargó a nuestro poeta. Si hay en Orihuela –tierra natal de Miguel- una tradición, fiesta y sentimiento arraigado en el sentir de la ciudad y sus ciudadanos es su Semana Santa.

“La Semana Grande” de Orihuela, como así hemos llegado a denominarla, es un tema que en cuanto a sentimiento no ha cambiado a lo largo de los 75 años que separan aquella Semana Santa de antaño y la actual, aquella donde Miguel reflejaba elementos clave en su poesía: los cirios, los mantos, los velos ...

 

En poemas como “Palmero y Domingo de Ramos”:

Luz comba, y no, creada por el mozo,
talludo espulgador de los racimos:
no a fuerza, y sí, de bronces en rebozo,
sí a fuerza, y no, de esparto y tiempo opimos.
Por el domingo más brillante fuimos
con la luz, enarcada de alborozo,
en ristre, bajo un claustro de mañanas,
hasta el eterno abril de las persianas
.”

O “El Nazareno” :

Y entre mil encapuchados con mil llamas de mil cirios,
con las carnes desgarradas aún más pálidas que lirios
y la cruz sobre los hombros cruza, humilde, el Nazareno

Poemas que nos muestran la Orihuela de iglesias, con profundas convicciones religiosas, que no dejan impasible a quien las observa. Si tenemos en cuenta su educación religiosa y su carácter influenciable en cuanto a su formación como poeta, debemos pensar que igualmente que se vio influido por elementos como la naturaleza, el amor, los animales..., también entenderemos que en sus primeros poemas escriba sobre la Semana Santa.

Hay un momento en la prosa de Miguel Hernández, recogido en la carta que escribe a Ramón Sijé durante su primer viaje a Madrid, el 17 de marzo de 1932, en la que expresa a su amigo las vicisitudes que está pasando, sin recursos económicos y sin una salida pronta para conseguir su objetivo de instalarse como poeta. Pasa hambre, penurias físicas e incluso sufre de soledad y es precisamente en este momento de decaimiento físico y psicológico cuando una evocación y un efímero pensamiento sobre su Semana Santa de Orihuela le hace volver temporalmente a casa y al sabor que se siente en su ciudad natal que hecha mucho de menos en Madrid:

“Decidme si hay procesiones. Aquí ni se notará que es Semana de Pasión”

Aunque sus convicciones religiosas fuesen perdiendo arraigo en él, las tradiciones de su ciudad no dejan de traerle de vuelta a casa desde los lugares que lo adoptan como poeta.

Mª José Lidón Andrés
Trini Ruiz Báguenas

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