La Gaceta Literaria
1. Ficha descriptiva
Cabecera: La Gaceta Literaria.
Subtítulo: Ibérica-americana, internacional. Letras, Arte, Ciencia.
Periodicidad: Quincenal.
Lengua que utiliza: Castellano. Cronología: Se publicó entre 1927 y 1932.
Redacción y administración: Hasta 1929 estaba situada en la calle Canarias, nº 41, en Madrid; a partir de dicho año, y por la entrada del grupo CIAP en la publicación, la redacción pasó a estar ubicada en la calle Príncipe de Vergara, nª 42/44.
Características técnicas: formato de 61X42 centímetros, con unas 15 páginas aproximadamente por número. Incluía diversas ilustraciones, de temática diversa, así como algunas fotografías.
2. Ficha analítica
Director y gerente: Ernesto Giménez Caballero.
Secretarios: Guillermo de Torre y César M. Arconada.
Administrador: José Medel / Asociados: Pedro Sainz Rodríguez, director asociado desde la integración de C.I.A.P. en 1929.
Suscripción: Para España y países del convenio postal hispano americano, la suscripción anual era de 7.50 pesetas. Para el extranjero, ascendía a 10 pesetas.

Nombrar La Gaceta Literaria es nombrar una de las revistas clave de la vanguardia española. Fundada por Ernesto Giménez Caballero, tuvo una periodicidad quincenal, y durante sus casi cinco años de existencia abarcó la crítica de algunos de los sucesos más significativos del mundo de la cultura española. Parte de la tremenda importancia que tuvo la revista fue propiciada por el momento en el que surgió, el de maduración definitiva de una generación literaria, la del 27, que fue además reforzada con otras figuras de peso anteriores. La Gaceta Literaria fue concebida como un amplio lugar común en el que poder dar cabida a diversas facetas artísticas de también diversos artistas; así, tanto escritores, como pintores, políticos, cineastas y gente de todo tipo poblaron las páginas de este periódico, confiriéndole un status de distinción con respecto al resto de publicaciones de la época. Cualquier manifestación artística tenía, pues, cabida en la Gaceta.
Y en el terreno de las letras, el que más nos interesa lógicamente, ese afán aglutinador también se mostró con diáfana claridad. Escritores de varias generaciones literarias fueron asiduos colaboradores de la publicación, algo que no era ciertamente usual en la época, pues las revistas solían decantarse por un tipo de escritores; o bien denostaban las generaciones anteriores, promulgando la modernidad, o bien se anquilosaban en los clásicos más recientes, sin dar cabida a las nuevas hornadas que ofrecía el panorama literario. Pero en la Gaceta no ocurría así. Así veremos compartir páginas a varias generaciones literarias españolas que, a cada cual más brillante, aseguraban que cada número de la publicación fuera un auténtico regocijo para los amantes de la gran literatura española de principios del siglo XX: Baroja, Unamuno o Valle Inclán, Gómez de la Sena y Juan Ramón Jiménez, así como lo más granado de la generación del 27, de la que La Gaceta Literaria fue, de algún modo, órgano difusor.
El programa inicial de la revista, esbozado en 1927, se abría camino para ser una publicación de difusión nacional, pero también internacional; Europa e Hispanoamérica también estaban en el punto de mira de la Gaceta. Abierta, lingüísticamente, a todas las provincias españolas pretendía, en palabras del propio Ortega y Gasset, “curar a las letras de su provincialismo”. Así pues, una revista de información, pero también de crítica, orientada hacia el vasto mundo de las artes, y que pretendía dar cabida, como ya hemos comentado a generaciones actuales, pero también a las anteriores. Nos encontramos en sus páginas reseñas literarias, más o menos extensas, sobre distintos libros de actualidad o sobre otros recomendados; artículos de opinión, de índole diversa; comentarios monográficos sobre la vida de un escritor al que se reivindica; y también secciones diversas en las que se habla de libros portugueses, pero también catalanes, gallegos americanos, europeos e incluso sefardíes, cumpliendo en parte con ese afán de internacionalismo de l que hacia gala en programa.
Un contenido no sólo literario, en el que las noticias informativas y de crítica literaria se combinaban, pues no se centraba únicamente en reseñas bibliográficas, sino también en noticias sobre arte, teatro, cine, la vida universitaria o sus famosos “escaparates de libros”. Sus actividades, promovidas todas desde el seno de la publicación, ofrecían una variopinta gama de alternativas a la lectura de la misma. En la editorial dependiente de la propia revista, aparecieron distintos libros publicados que también merecen una mención aparte. Como, por ejemplo, el volumen colectivo de homenaje a Cataluña, así como libros de Ramón Gómez de la Serna, Benjamín Jarnés o el propio Ernesto Giménez Caballero. Además, a partir de 1929 se inauguró “La Galería”, una sala de exposiciones que, con su ubicación en la calle Miguel Moya, se exponían muebles metálicos pero también diversas obras de artistas de vanguardia. También se promovieron concursos literarios, banquetes homenajes o un cine club.
Su nómina de colaboradores era de las mejores con las que se podía contar, a nivel nacional, en aquellos momentos. Así, los lectores de la publicación pudieron deleitarse con las firmas de gente como Rafael Alberti, Vicente Aleixandre. Dámaso Alonso, Manuel Altolaguirre, Francisco Ayala, Max Aub, Azorín, Luis Buñuel, José María de Cossío, Gerardo Diego, Pedro Garfias, Jorge Guillén, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Menéndez Pidal, José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán o Francisco Vighi, entre otros. Así como una amplia nomina de escritores portugueses, americanos, europeos e incluso sefardíes. Todo un crisol de nacionalidades, con la única expectativa de poder ofrecer así una panorámica mucho más amplia del mundo artístico que intentaban abarcar.
A pesar de que la Gaceta naciese con una preocupación únicamente literaria, la progresiva politización de sus ideas fue un factor que impregnó cada vez más sus páginas. Focalizada en su director, Giménez Caballero, la pretendida condición de ser una revista apolítica no fue tal, pues sufrió un reseñable giro hacia la derecha más fascista que la acercó a su fin. Por tanto, una Gaceta cada vez más politizada vio cómo la mayor parte de sus colaboradores la iban abandonando progresivamente, queriéndose mantener al margen de esos nuevos ideales que se vislumbraban desde sus páginas. En 1931, la postura de la revista se había hecho insostenible, y la ideología de su director estaba tan marcada y confesa que ya no podía sostenerse por sí sola. Intentando salvar la publicación, intentó destacar sus virtudes republicanas, pero nada consiguió sino poner un triste epitafio a una de las revistas más significativas de las letras hispánicas.
Intercalados con la edición de la Gaceta, comenzaron a salir publicados los números que, entre 1931 y 1932, Giménez Caballero escribió íntegramente, y que salieron bajo el título de El Robinsón Literario de España. Aislado, cual Robinsón Crusoe en su isla en su isla, los suplementos que escribía contenían fundamentalmente comentarios acerca de la actividad política y literaria del momento, todos aderezados con el peculiar punto de vista y la aguda y fina escritura de su director.
Fue Antonio Machado el que definiera a Ernesto Giménez Caballero como “gran estandarte, cartelista y jaleador” de todo un ejército juvenil. Pues bien, estas palabras dichas con aparente ligereza tienen una gran trascendencia vistas casi ochenta años después. Nacido en Madrid en 1899, fue el único miembro de su familia que se decidió a escoger el camino de la literatura. Tras estudiar Filosofía y Letras en Madrid, escribió su primer libro en 1923, Notas marruecas de un soldado narra las experiencias que tuvo al participar en la guerra africana. La obra, a pesar de valerle complicaciones con la justicia, ya le supuso el recibir elogios y alabanzas por parte de escritores de la talla de Miguel de Unamuno. Inició posteriormente su trabajo como lector de Español en Estrasburgo, iniciando ya a su regreso sus primeros contactos con el movimiento ultraísta de vanguardia. Comenzaron también incursiones en el mundo de la prensa escrita, y destacó como crítico literario y como entrevistador en El Sol. Y es en 1927 cuando crea La Gaceta Literaria, con César M. Arconada y Guillermo de Torre como secretarios. A pesar de que esta labor le ocupó plenamente durante varios años, tampoco dejó a un lado su carrera como escritor, viendo la luz en aquellos años obras como Carteles, Los toros, las castañuelas y la Virgen, Hércules jugando a los dados, Yo, inspector de alcantarillas o Julepe de menta.
Su labor de agitador y renovador de las letras españolas fue muy significativa. Así, y siempre amparado por el diván de La Gaceta, puso en marcha un cineclub, en el que se proyectaban las filmaciones europeas más significativas de aquella década de los 20, incluyendo también dos películas dirigidas por él mismo (Esencia de verbena y Noticiario de Cine club). Asistió al 2º Congreso Internacional de Cine Independiente que tuvo lugar en Bruselas, donde inició contactos con los representantes italianos, lo cual indicó ese giro ideológico hacia la derecha que estaba experimentando. Esa evolución ideológica hacia el fascismo quedó constatada gracias a En torno al casticismo de Italia, y le valió quedarse algo aislado en las letras españolas. Durante el transcurso de la guerra civil formará parte de las tropas franquistas, siendo uno de los principales intelectuales del bando. Al finalizar la guerra, y tras diversas vicisitudes, fue destinado en 1948 a Paraguay, donde ejerció el cargo de Embajador de España. Tras su posterior regreso a España moriría en Madrid en 1988, a la edad de 89 años.
El mérito que haya podido tener Ernesto Giménez Caballero en las letras españolas hay que buscarlo en el hecho de haber sido el fundador de una de las revistas más significativas en influyentes de las vanguardias hispánicas. Pues a través de La Gaceta, Gecé agitó el panorama literario y cultural español, dotándolo de una nueva vitalidad, promoviendo nuevas tendencias, dando conferencias o rindiendo tributos a aquellos escritores que lo merecían. Así pues, fue más estandarte que jaleador.
Y fue precisamente a Ernesto Giménez Caballero a quien recurriría Miguel Hernández cuando buscó trabajo en aquel su primer viaje a Madrid. Recomendado por Concha de Albornoz, en 1931 Miguel visitó la redacción de la Gaceta, en una entrevista que el propio Gecé recordaba así: “Yo inicié unas “Memorias” de “La Gaceta Literaria”. En ellas pensaba incluir lo que no se sabe de Miguel Hernández, pastor de Orihuela que me envió Conchita de Albornoz en 1931, y que me traía un enorme limón como un puñado de oro. Yo revelé a aquel poeta en mi “Robinsón Literario”, y luego conmigo y Ramón Sijé y alguien más iniciamos un saludo de mano abierta ante el busto inaugural de Gabriel Miró con jerseys azules. Entonces hacía poesía católica y gongorina. Y le gustaban los “pasteles de gloria” de su pueblo tanto como a mí”.
Hace referencia a esa visita de Miguel, buscando todavía promoción para su Perito en lunas, y antes de que ambos radicalizaran más si cabe sus posturas políticas, viéndose enfrentados en la guerra civil. Ante la poca atención y ayuda que Gecé le prestara, Miguel le escribió una carta en la que, dirigiéndose a él como “admirable, admirado Robinsón”, le informaba de que, viéndose su dinero agotado, no le quedaría más remedio que emprender pronto su regreso a Orihuela, como así sucedería finalmente. A pesar de que no quedara muy satisfecho con la crítica que de su obra hizo Gecé, este fue el encuentro que tuvo Miguel con la revista de vanguardia más importante de las que surgieron en aquella España de los años veinte, y también con su director, el siempre extravagante pero lleno de talento Ernesto Giménez Caballero.
Óscar Moreno
Pilar Sánchez