Prensa Histórica
Alcándara
Ficha Descriptiva

Cabecera

Título: Alcándara.

Subtítulo: Cuadernos Literarios.

Lugar: Melilla.

Lengua que utiliza: Castellano.

Datación

Primer número En 1951.

Segundo, y último número, En 1952.

Sede Social

Dirección y administración: Plaza de Torres Quevedo, 4. Melilla.

Teléfono: 1771.

Características técnicas

Número de páginas: 21.

Dimensiones: 25 x 20,5 cm.

Número de columnas: Habitualmente dos.

Estructura

Ilustraciones: Contiene ilustraciones de Asensio Sáez en pequeño tamaño y de influencia surrealista. Así como un encarte en el número 1; se trata de una felicitación navideña de Rafael Álvarez Ortega.

Ficha Técnica

Aspectos económicos

Suscripciones: Venta al número 6 Pta.

Suscripción corriente .... 2 números 10 Pta.

Suscripción de honor .... 2 números 20 Pta.

Equipo redaccional

Director: Miguel Fernández.

Secretario: José Gálvez.

Colaboradores:

Revista Nº 1: Miguel Hernández, Ventura Doreste, Blas de Otero, Enrique Azcoaga, Ángela Figuera, Juan Guerrero Zamora, Langston Hughes, José Luis Hidalgo, José Hierro, María de Gracia Ifach, Leopoldo de Luis, Trina Mercader, Juan Ruíz Peña, Vicente Ramos, José María Antón y Jacinto López Gorgé.

Revista Nº 2: Vicente Aleixandre, Víctor Andrés Catena, Carmen Conde, Pedro Caba, Dulce María Loynaz, Rafael Laffón, Lorenzo Gomis, Luis López Anglada, José M. Caballero Bonald, Victoriano Crémer, Concha Zardoya, Manuel Pilares, Angelina Gatell, Pío Gómez Nisa, Rafael Álvarez Ortega, José María Aguirre, Vicente Carrasco, Mario Ángel Marrodán y Jacinto López Gorgé.

El director de la revista, Miguel Fernández, publicó en su número 1 dos poemas inéditos de Miguel Hernández. Otra prueba de su admiración por el poeta oriolano es esta carta, publicada en un periódico del antiguo Marruecos español y que reproducimos a continuación:

Homenaje a Miguel Hernández

(“El Telegrama del Rif”, 5 de agosto de 1951)

“En Alicante, su ciudad natal, nuestra, por razón de su nacimiento, se nos murió, como del rayo, Miguel Hernández, a quien tanto queremos. Porque Miguel, entre todos los muertos de elegía, sobre Federico, sobre tus amigos, estabas tú mismo. En Orihuela existe un cielo morado por el que se te ve pastor sobre la jara, pastor sobre el cantueso, a cualquier hora de Sorolla o Gabriel Miró aunque sólo este amarillo de Levante sea para alfombrar la tierra que tú pastoreabas.

Orihuela tiene un cielo morado porque nació de ti mismo, y si la miras, si bien sabes mirarla comprenderás mejor el balcón altivo, el agua de la calle en la que querías fletar barcos, la barranca como una espalda implacable. Levante por ti será estepa, gravedad; nacerá de la pisada el olor a tierra húmeda; reventará en las muelas el trigo candeal, los panes olorosos darán la forma de tu mano en la de Ramón Sijé y desde la panadería, con los dedos enharinados por diminutas galletas eucarísticas harás subir la campanilla, el aquilón del “Silbo”.

Figúrate si te hubieran visto así, con los dientes enharinados, con la zamarra enharinada, con un traje de pana enharinado y terroso; figúrate, repito –porque no quiero recordar la guerra ni el año 1942 ni tu tumba sencilla: “Miguel Hernández: Poeta”- que Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Federico, Manolo Altolaguirre, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti... te hubieran descubierto la risa. ¿Qué coro de carcajadas chilenas y andaluzas te hubieran acompañado la tarde?.

Y es que, Miguel, yo recuerdo a todos esos amigos que te han llorado en España y América con llanto épico, llanto de sur, llanto de los trópicos y quisiera que tan sólo hubieran reído contigo mordiendo las manzanas de tu huerto, que no te escribieran elegías, que no existiese un rincón izquierdo del cementerio adonde se te llevan rosas... Duele la muerte que nos viene de ti, porque no sabes cómo esas generaciones que te preceden van gustando de la tierra y su reino. El adolescente que hoy canta no conoce más que tu mandamiento y las vivas estampas coloreadas. Ya ves, Miguel, yo quería hablar de tantas cosas tuyas sobre este libro póstumo homenaje que unos amigos –Manuel Molina y Vicente Ramos- han recogido, quería hablar de tu poesía, y a sido del poeta. Leyendo estos últimos poemas tuyos, se habla con un pueblo, y cuando un pueblo cabe exactamente dentro del corazón por la voz de uno de sus hombres, llamamos a éste, héroe. Héroe, tú, pastor, soldado y poeta, albañil constante, muro tras muro... ¿te acuerdas?”.

Además, en la revista se publicó una sentida reseña realizada por el alicantino Jacinto López Gorgé de la edición de “Seis poemas inéditos y nueve más”, realizada en Alicante. Varios colaboradores de la revista habían disfrutado de la amistad con el poeta oriolano, como Enrique Azcoaga, Leopoldo de Luis, Vicente Ramos, Vicente Aleixandre, Carmen Conde y Concha Zardoya. Entre los suscriptores de honor también figuraban amigos de Miguel Hernández: Josefina Escribano (“María de Gracia Ifach”) y Pedro Pérez-Clotet. Destaca Efrén Fenoll, hermano del poeta-panadero Carlos, de la tahona de la calle de Arriba.

Aspectos Históricos

Significación y difusión

“Alcándara” apareció en 1951 como sucesora de la revista Manantial; ambas revistas aparecieron en Melilla y la gran mayoría de los colaboradores de “Manantial” colaboraron en “Alcándara”, dirigida por el melillense Miguel Fernández. Incluso el diseño, las viñetas y dibujos eran obra del unionense Asensio Sáez, que ya colaboró en “Manantial”. También los suscriptores de “Manantial” fueron recogidos por “Alcándara”.

Estas dos revistas melillenses se convirtieron en una plataforma del pensamiento literario en una época en que la poesía era un género minoritario.

El final de la revista fue provocado por la publicación de una carta de Víctor Andrés Catena que terminaba con la frase que en su día utilizara La Pasionaria en 1936: “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”. El Director General de Prensa Juan Aparicio prohibió la aparición de “Alcándara”.

Sin embargo, la presencia de poetas como Blas de Otero, Leopoldo de Luis, Lorenzo Gomis, Victoriano Crémer, Pío Gómez Nisa, etc., que posteriormente adoptarán una veta social, nos inclina a pensar que la raíz moderadamente izquierdista de su contenido influyó también en la clausura de sus actividades editoriales.

Curiosamente en contra de lo que la crítica nos ha hecho creer, tradicionalmente, el mundo literario no era homogéneo y tranquilo. Había corrientes de fondo, sobre todo en las revistas literarias de provincias donde se aprecia un grado de tensión social importante. Prueba de esta pasión polemizadora surgida en la periferia la encontramos, por ejemplo, en
la disputa entre José María Antón, colaborador de “Alcándara”, y Pedro Caba, redactor de la revista literaria valenciana “Humano”, que responde en el número 2 de la revista a una crítica que José M. Antón le había hecho en el número 1.

Los redactores de la revista conocían perfectamente el terreno en el que se movían: “... Alcándara llega en una hora pésima. Volarán nuestras aves en un aire carente de voces auténticas, mas nos asiste una razón de nacimiento. No teníamos más remedio que ser. Podemos lograr algo verdadero si lo verdadero no es más que permanecer fiel a los últimos mandatos. Podemos equivocarnos, pero Alcándara sabrá, en este caso, morirse por sí sola, tal y como ha surgido. Pero antes afirmará los aires puros, los impuros vientos que corren en nuestro mundo literario y humano”.

En cuanto a la difusión, teniendo en cuenta tanto a los colaboradores como a los suscriptores, podemos decir que la revista tuvo una importante difusión por, prácticamente toda la geografía nacional. Alicante (Vicente Ramos), Burgos (J. Ruiz Peña), Trina Mercader (Tetuán), María de Gracia Ifach (Madrid), Canarias (Ventura Doreste), Bilbao (Blas de Otero), Cantabria (José Hierro).

Entre los suscriptores: Málaga (Pérez Clotet), Sevilla (Rafael Laffón). También encontramos colaboraciones muy concretas de escritores como Langston Hughes, Dulce María Loynaz y Vicente Aleixandre.

José María Latorre Flores
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