Nacieron el mismo año -Miguel lo hizo sólo unos pocos días antes- y en la misma calle, siendo compañeros en el Colegio de Santo Domingo, y se iniciaron durante los años de juventud en las inquietudes literarias y políticas. Esta amistad en Orihuela, íntima y entrañable, tuvo continuidad también en Madrid, donde coincidieron ambos. Su relación se rompió bruscamente por la guerra civil, viéndose por última vez en mayo de 1936 en la capital de España. Augusto era, como llegó a afirmar el chileno Fernando Santivan, Premio Nacional de Literatura en 1952, ‘un pescador de amigos’.
El oriolano está considerado como una de las personalidades más influyentes en el campo de la Filosofía en Hispanoamérica, donde se afincó tras su exilio en 1939. Este ‘intelectual socialista’, como lo definía su amigo Ramón Pérez Álvarez, fue profesor en universidades de Bolivia y Chile, así como mentor de varias generaciones de profesores o difusores del saber filosófico, tanto de origen español como hispanoamericano, teniendo además un gran número de publicaciones. ‘Su influencia en el campo del pensamiento en general está fuera de duda. Auténtico buscador de verdades filosóficas, su pensamiento se extiende a todos los aspectos del hombre actual, con un tratamiento que, si bien está inducido por Hartmann, se rejuvenece constantemente con la puesta al día de los problemas que en el hombre suscita el mundo de hoy’, tal y como afirman los profesores Guillén y Muñoz Garrigós.

Su relación con Miguel Hernández es uno de los apartados que más interés despierta en su biografía, ya que se conocían desde niños, al coincidir, como se ha mencionado, en el Colegio de Santo Domingo como estudiantes. De esta relación sabemos por la cartas de Pescador a Ramón Sijé y a Ramón Pérez Álvarez, por los testimonios de éste último y de Francisco Martínez Marín, por una entrevista de prensa concedida a Hoja del Lunes, de Alicante y por los recuerdos del propio Pescador, esparcidos en sus libros, artículos, entrevistas y, sobre todo, en sus memorias inéditas, de las que dio a conocer al profesor José Muñoz Garrigós el contenido de algunos capítulos relacionados con Miguel Hernández y Ramón Sijé. Tristemente, el epistolario entre el poeta y Pescador, conservado en casa de éste, se perdió durante los avatares de la guerra, como confirmó en su día el filósofo.
Una entrevista en Hoja del Lunes de Alicante
En enero de 1977, durante una visita a su ciudad natal, el filósofo oriolano -entonces profesor Jefe del Departamento de Lógica y Epistemología de la Universidad de la ciudad de Concepción (Chile)-, declaraba a Hoja del Lunes de Alicante, en un artículo titulado ‘Intimidades y grandezas de Miguel Hernández contadas por un amigo de la infancia: Augusto Pescador’, que ‘nos conocimos en la calle donde nacimos, jugando de pequeños. Él ya vivía en la calle de Arriba. Fuimos monaguillos con los Jesuitas. En las fotografías de fin de curso siempre aparecemos juntos. Miguel empezó a escribir poesías en ‘El Pueblo’, que editaban los Sindicatos Católicos y dirigía don Luis Almarcha. Miguel fue siempre un sentidor, no un pensador (...) En una ocasión nos reunimos los dos [Ramón Sijé y Pescador] con Miguel, en el huerto de su casa, bajo la higuera, donde nos recitó ‘El torero más valiente’. Y nos leyó una novela, de la cual no se conoce rastro alguno, que la protagonizaba el ambiente de la calle de Arriba con sus pintorescos personajes de la vecindad (...) ¿Hasta dónde hubiera llegado la poesía de Miguel, en lo universal, de haber gozado de libertad y sin su muerte tan prematura?’. Esta novela, titulada La tragedia de Calisto, fue publicada en el tomo II de la Obra Completa en 1992.
Sobre sus primeras relaciones con el mundo político, decía Pescador: ‘recuerdo a Miguel en el año 1931 en las primeras reuniones para formar la Juventud Socialista donde fue elegido como primer presidente. Pero no llegó a actuar en función de tal cargo. Miguel era muy influenciable. Sentía más que pensaba’. Se le preguntó a Pescador si Miguel Hernández conoció a Giménez Caballero en Orihuela y respondió que ‘personalmente no. Miguel era tímido. A Ernesto Giménez Caballero lo recibimos Ramón Sijé, José María Ballesteros, Juan Bellod y yo (...) Es posible que Miguel Hernández estuviera en todos los actos. Creo que sí. Pero yo no lo recuerdo entre nosotros. No se hizo ver’.
En cuanto a la estancia del poeta en Madrid, el filósofo de Orihuela decía que Miguel Hernández ‘nunca dejó de ser tímido, influenciable y sentidor. Añoraba Orihuela todos los días. Y su obsesión por el regreso era constante. En el año 1932 yo cumplía el servicio militar en Madrid. Ya era abogado y vivía en la misma pensión con Juan y Guillermo Bellod, estudiante el primero de Derecho y el segundo de Medicina, en la calle Altamirano, en el número 25, por el barrio de Argüelles. Miguel nos visitaba casi todos los días para ‘respirar el ambiente de Orihuela’. El no perder en Madrid el contacto con sus paisanos era vital para su ánimo’. Cuando Miguel fue detenido en el tren, en mayo de 1932, por llevar un billete de caridad a nombre de un amigo se le encontró también la cédula personal de Augusto Pescador: ‘Cuando Miguel añoraba a Orihuela no había forma de convencerle. Y Miguel regresaba siempre precipitadamente’.
Sobre detalles concretos de la presencia hernandiana en la capital de España, Pescador recordaba que ‘el primer recital poético que presenció en Madrid fue el de Berta Singerman. Yo le acompañé. La actuación de la poetisa argentina le entusiasmó. Después asistimos al recital de García Lorca que, con el título de ‘Un poeta español en Nueva York,’ ofreció en la Residencia de Señoritas. Miguel Hernández quedó entusiasmado del recital y profundamente admirado de la personalidad del poeta granadino. Le entusiasmaba la posibilidad de conocer personalmente a Federico García Lorca para que éste leyera las poesías de quien, hasta entonces, sólo era un desconocido muchacho de Orihuela que, con pantalón de pana y esparteñas, soñaba con triunfar en Madrid’.
El filósofo oriolano también habló en Hoja del Lunes, de Alicante, de los romances hernandianos en la capital: ‘tuvo Miguel dos aventuras amorosas en Madrid con señoritas muy conocidas en el ambiente literario. No digo sus nombres porque aún viven. Las dos admiraban en Miguel su talante varonil, su atractivo de campesino con instintos vírgenes, el joven recio y fuerte que contrastaba con el refinamiento intelectual del ambiente poético madrileño. Estas señoritas estaban comprometidas con los nuevos amigos que Miguel encontró en Madrid. Y fue tal su desilusión que en busca del amor puro regresó a Orihuela con su emotivo ‘Silbo de afirmación en la aldea’, que es, de todas las dedicatorias a su pueblo, el más sincero y espontáneo’.
En otro orden de cosas, el catedrático de Filosofía añadía otros datos posteriores relacionados con Miguel, pero estando ya en Orihuela: ‘creo que fue en el año 1933 o 1934 cuando visitamos en Alicante, acompañados de Ramón Sijé y Mariano Cremades, al secretario del Ayuntamiento que se llamaba Guerrero, muy aficionado a la poesía. Nos encontramos con Pedro Salinas, gran poeta (...) Miguel, siempre tímido en las reuniones y Ramón Sijé, impresionante como observador. Asistimos todos, en la capital alicantina, a la conferencia de Ramón Gómez de la Serna’.
Pescador afirmaba que vio a Hernández por última vez ‘en mayo de 1936 en Madrid. Yo estaba preparando la oposición a cátedra de Filosofía y Letras. Miguel ya era amigo de Pablo Neruda, poeta muy de izquierdas y estrechamente ligado al Frente Popular. En Chile me dijo Pablo Neruda que Miguel había sido Comisario del Partido Comunista. Sin embargo, Pescador añadía que ‘Miguel, que me hizo depositario de todos sus secretos, jamás me habló de su inclinación al comunismo. Es posible que lo fuera. Lo que sí afirmo es que Miguel Hernández no tenía sentido político. Durante la guerra yo estuve en los países bálticos y Miguel en Rusia. No tuvimos ocasión de vernos. Los comunistas lo tienen por suyo. Pablo Neruda lo ha recordado siempre con afecto y lo mismo en París como en Chile me confirmó la devoción por su recuerdo (...) Al morir Miguel, publiqué en América un artículo titulado ‘A la muerte de un gran poeta’. En el año 1947, empezó a ser conocido. Creo que antes ya lo era en Chile por influencia de Pablo Neruda. A partir de 1950, su poesía se desbordó a lo ancho y largo de toda América y sus libros y biografías se multiplicaban en las editoriales’. Para Pescador,’lo mejor de la obra hernandiana es ‘Viento del Pueblo. Es en ésta donde se desborda la auténtica fibra poética de Miguel’. Este artículo de Hoja del Lunes fue reproducido en febrero de ese mismo año en la revista oriolana Oleza.
Un testimonio a Francisco Martínez Marín
Cuando acabó sus estudios, Augusto Pescador regresó a Orihuela, desde donde, junto a otros amigos, iba a ayudar económicamente a Miguel. De aquel entonces hay que hacerse eco de una reunión suya con Ramón Sijé y Juan Bellod en el Hotel Palace, de Orihuela, consiguiendo facilitarle a Miguel Hernández un dinero, con el que el poeta de Orihuela marchó a Madrid el 30 de noviembre de 1931. No se sabe si para aquel primer viaje hubo otras ayudas posteriores. En cualquier caso, a tenor de lo que indica Francisco Martínez Marín en su libro Yo, Miguel (1972), Augusto Pescador durante su estancia en Orihuela en febrero de 1972 ‘confirmó que en el Hotel Palas, en Navidades del año 1931, recogieron una colecta entre los amigos -Carlos, Bellod, Sijé- y le remitieron el ‘aguinaldo de unos duros’ -Pescador recuerda dio 25 pesetas, y que tal vez pasasen de las ciento y un corto pico-. Con ellas, Miguel, ya en la Academia Morante, pudo pasar el filo del año 31 al 32’.
Alusiones en el epistolario Hernández-Sijé
En el epistolario de Miguel Hernández a Ramón Sijé, publicado por primera vez por el oriolano Francisco Martínez Marín en su citado libro Yo, Miguel, en 1972, hay también numerosas alusiones a Augusto Pescador y su relación de amistad y compañerismo con el poeta de Orihuela. En carta fechada en Madrid el 11 de enero de 1932, decía el poeta de Orihuela que ‘tengo unos versos para Augusto, para Poveda y Fenoll; para ti versos y ¡tantas cosas más!’. Con fecha del día 22 del mismo mes y año, escribía Miguel: ‘me ha dicho Pescador que publicaste en ‘El Sol’ algo’.
Los primeros meses de 1932 son de prueba para el poeta: sin trabajo efectivo, sin grandes avances en su tarea poética y cada vez más decepcionado de todos los intentos por situarse. Por lo que dice Miguel a Pescador, parece que el dueño de la Academia Morante se ha cansado de su falta de pago y le dice claramente que se marche. El tono de Miguel es desesperado y está dispuesto a dejarlo todo. Debe, pues, buscar otro refugio y, como siempre que está apurado, acude a Augusto Pescador, como se desprende de la carta del 6 de febrero de 1932. Su amigo conoce una posada económica, la ‘Posada del Peine’, que le recomienda. Pero, una vez conocido su mal aspecto, le hizo pensar si habría ratas y se resistió. No obstante, sin otro refugio, pasó allí dos noches hasta que decidió volver a la calle de Navacerrada número 4, con la promesa de abonar lo que debía. Pero no fue así, porque fue de mal en peor, lo que contó a Sijé en varias cartas. En la misma misiva, Miguel dice también a Sijé que ‘esta semana iré con Pescador a oír a García Lorca’.
La relación de amistad incluía también ayuda económica y préstamo de libros por parte del futuro filósofo. Así, en carta del 17 de marzo de 1932 a Ramón Sijé, decía Miguel que ‘... también aguardo dinero. He tenido que pedir a nuestros amigos Bellod y Pescador para el tranvía de algunos días (...) A mí me han dejado Pescador y Bellod un puñado de libros, de los que llevo leídos: ‘Una noche en el Luxemburgo’, de Gourmont; varios de Andreief; ‘Un corazón virginal’, también de Remy, y el segundo tomo de ‘El Espectador’, de Ortega y Gasset’.
En otra misiva a Sijé desde Madrid del 22 de marzo del mencionado año, Miguel Hernández reflejaba sus penurias económicas y la ayuda de nuevo de su amigo Augusto: ‘acabo de llegar a casa perdido, con los pies destrozados. Desde las dos de la tarde andando con estos zapatos, los únicos, y rotos y llenos de agujeros (...) a la estación de Atocha a recoger dos cajas de naranjas que me han mandado mi madre y mi hermana para la señora Albornoz; con ellas al hombro me he encaminado hasta este sitio (si hubiese tenido al menos quince céntimos hubiese evitado la distancia desde la estación a la casa; la hubiese salvado en un tranvía (...), pero no tenía ni esa miseria (...) Luego me he encaminado a la de Pescador para pedirle dinero. Ya me ha dejado bastante’.
Finalmente, el 17 de mayo de 1932, en carta escrita en Alcázar de San Juan, Miguel narra a Sijé los detalles de su conocida detención en el tren, en su viaje de regreso a Orihuela, contando que llegó ‘Vera a la Academia y yo (...) le digo: ¡Mañana me marcho a Orihuela! Y (...) me dice que tiene un billete de caridad; me lo da y yo lo tomo (...) El billete iba a nombre de Alfredo Serna. Voy a casa de Pescador el sábado; le pido su cédula; y llega la noche y salgo de Madrid’.
Todas estas cartas de Miguel, conservadas en su día en el archivo de José Torres López -cuñado de Ramón Sijé-, ayudan enormemente no sólo a situar fechas, sino también a reconstruir las vivencias y penurias del poeta de Orihuela en la capital de España, quedando claro que fueron muchas las ayudas que recibió de oriolanos amigos suyos, no sólo allí mismo -por parte de Alfredo Serna, José Rodríguez de Vera, Juan Bellod y el propio Pescador-, sino también en la distancia -Carlos Fenoll y Ramón Sijé-. Estas ayudas le permitieron mantenerse durante seis meses allí.
El homenaje a Miró en Orihuela en 1932
Pescador y Miguel Hernández también convivieron de cerca con motivo de la celebración el 2 de octubre de 1932 del homenaje a Gabriel Miró, realizado a impulsos de un grupo de jóvenes oriolanos. Según narra el profesor Muñoz Garrigós, en 1931 inició las tareas el comité ejecutivo del homenaje, integrado por José María Olmedo, José María Pina, José María Ballesteros, Augusto Pescador, Miguel Hernández y Ramón Sijé, convocando un concurso público entre escultores levantinos para realizar la escultura del novelista. Según se puede leer en algunos fragmentos de sus memorias inéditas, facilitadas en su día amablemente al profesor Muñoz Garrigós, Pescador recordaba: ‘formé parte de la comisión que otorgó el premio y organizó los actos de su inauguración’.
También se reunió una vez Miguel con Pescador, Sijé y otros de sus amigos en el convento de los capuchinos, según afirma Francisco Martínez Marín. A tenor de las fechas que se apuntan, quizás se hablara, entre otras cosas, de El Gallo Crisis: ‘ha terminado el año 1933 y empieza 1934 a consumir hojas de su calendario. Miguel lee los clásicos, oye hablar de las reuniones nuevas de Sijé en el Convento de San Francisco [lapsus de Martínez Marín], con Fray Buenaventura de Puzol, Juan Bellod, Augusto Pescador, Alda Tesán y el notario Quílez, y asistirá una vez, pero el tema, filosófico, político o religioso no le interesa más que en la forma’.
Actos del V Aniversario de la II República
El 14 de abril de 1936 el filósofo y el poeta intervinieron en los actos del quinto aniversario de la II República, que se celebraron en Orihuela, entre ellos la inauguración de los nuevos nombres de diferentes calles y plazas. Pescador también relata estos hechos en sus memorias: ‘el Ayuntamiento acordó poner el nombre de Ramón Sijé a la Plaza de la Pía y también cambiar el nombre de otras calles (...) Vino Miguel de Madrid, donde por fin tenía en Espasa-Calpe un trabajo que le permitía vivir, a decir las palabras en homenaje a Sijé (...) Pero en aquel entonces, y en Orihuela sobre todo, Ramón Sijé era figura más importante que Miguel. Los actos de inauguración del nuevo nombre de las calles, se realizaron (...) al cumplirse el quinto aniversario de la proclamación de la República. Después de inaugurarse la Plaza Ramón Sijé, la manifestación pasó por la calle Mayor (...) Pepito Senen nos sacó unas fotografías mientras hablábamos y la de Miguel, mientras leía su discurso en la escalera, ha sido publicada en alguna de sus biografías’.
Durante 1936, Pescador estuvo varias veces en Madrid: ‘recuerdo que en el mes de mayo di un largo paseo con Miguel Hernández, quien me contó su vida, sus aventuras y me habló de sus relaciones en el mundo intelectual. Me dijo que estaba satisfecho, pues podía vivir de su sueldo, era recibido en los medios intelectuales y reconocido como un buen poeta. Por otra parte, aquel hombre ingenuo y tímido empezaba a vivir y a amar, lo que le hacía tener muchas esperanzas y un gran optimismo (...) Lo que me contó es que una pintora, Maruja Mallo, lo había invitado a una excursión durante las vacaciones, que era una mujer bastante libre; se bañaban desnudos en los ríos y naturalmente se hacían el amor y dormían juntos, para él fue una experiencia extraordinaria (...) No conocí personalmente a Maruja Mayo (...) Una mujer me dijo que esta pintora había sido también de Alberti. Me dijeron que era una mujer de no gran belleza, pero de una gran simpatía y conversación amena y culta. Estos datos no me los dio Miguel, que se encontraba aún maravillado y asombrado de lo que era el amor y la relación sexual (...) Con él fui aquel día a casa de María Zambrano, donde había una reunión de intelectuales (...) También recuerdo que María nos leyó las líneas de las manos a Miguel y a mí, augurándome larga vida y mucho dinero’. Alllegar a este punto, Augusto Pescador explica que ‘aquí termina la parte de mi diario en que hago referencia a Miguel o a Sijé’.
Cartas a Ramón Pérez Álvarez
La correspondencia mantenida en la década de los ochenta entre el filósofo y su amigo Ramón Pérez Álvarez aporta otros datos interesantes, al afirmar que fue él quien propuso a Miguel para la presidencia de las Juventudes Socialistas. Otros, sin embargo, son contradictorios con testimonios anteriores, especialmente en lo referente a la edad a la que se conocieron.
En carta fechada el 26 de enero de 1984 en la ciudad de Concepción (Chile), en cuya Universidad trabajaba, Pescador le decía a Ramón Pérez Álvarez: ‘me parece bien tu idea de escribir una biografía de Miguel y creo que puedo ayudarte hasta el año 36, pues después tuve poco contacto con él (...) Estoy escribiendo mis memorias y la parte de España, Suecia y Francia la tengo terminada. Voy a transcribirte lo que tengo de Miguel (...) En la correspondencia de Miguel con Pepito Marín hay bastante de mi trato con Miguel el año 32 en Madrid (...) Cuando tenía 11 o 12 años proviene mi amistad con Miguel Hernández, que también era monaguillo y pertenecía a los externos. Aunque era 20 días mayor que yo, Miguel estaba en cursos posteriores (...) Sé que estuvo en la Escuela del Ave María, pero después siguió estudios de bachillerato. En una fotografía que se publicó en la revista del Colegio el año 1923 y que bajo tiene la inscripción ‘Emperadores, príncipes y distinguidos del año 1923’, aparecemos sentados juntos Miguel y yo (...) Esta fotografía aparece en varias biografías del poeta, pero la primera noticia de sus existencia me la dio Elvira Hernández, hermana de Miguel, en 1970 y fui yo quien comuniqué su existencia a Vicente Ramos’.
Añade Pescador a Pérez Álvarez que ‘otro recuerdo del aquel año 31 es el de la formación de la J.S. (Juventud Socialista). Estuve entre los organizadores y a la reunión fue Miguel Hernández, quien fue elegido presidente a propuesta mía. Éste no se ocupó de nada, pues poco después se marchó a Madrid para abrirse campo con su poesía y tener su primera decepción (...) Miguel Hernández debía visitarme bastante. Pero gran parte de lo que cuenta en su correspondencia está borrado de mi mente. Fueron sus aventuras, no las mías. Si la casualidad no hubiera hecho que, buscando en la biblioteca de la Universidad de Búffalo (Estados Unidos) algunas publicaciones de ‘Retablo Español’ encontrara el librito de Couffon ‘Orihuela et Miguel Hernández’, no hubiera recordado nada de su detención en Alcázar de San Juan, llevando como documento de identidad mi cédula personal. Lo que sí recuerdo es su entusiasmo cuando lo llevé a un recital de Berta Singerman’.

Datos biográficos
Este prestigioso filósofo era hijo del médico Augusto Pescador Plazas -natural de Cartagena y formado en Zaragoza-, quien en su día se trasladó a Orihuela a desempeñar su trabajo. Adquirió cierto renombre al prescribir con éxito la homeopatía como última salida en un caso desesperado.
El 19 de noviembre de 1910 nació Augusto, que llevaría los apellidos Pescador y Sarget. Este ilustre oriolano falleció en Chile a comienzos de los años noventa. Su ambiente familiar fue el de un hogar pudiente, terrateniente, distinguido y con señorío. Estudió la enseñanza media en el Colegio de Santo Domingo y después sacó el título de bachiller en Murcia. El título de abogado lo sacó en la Universidad Central de Madrid a finales de 1931.
Después se interesó por la filosofía. Según las memorias de Pescador, ‘el mismo día del homenaje a Miró, y antes de que se llevara a cabo el acto de la Glorieta, se inauguró, oficialmente, el Instituto de Orihuela y entre los catedráticos ya nombrados estaba el de Filosofía, don Juan Colom, quien me orientó bastante para mis lecturas. A él le debí mis primeros conocimientos sobre el pensamiento de Hartmann, lo que ocasionó que aquel año empezara a aprender alemán (...) Desde que regresé a Orihuela, mi principal preocupación fue estudiar filosofía y alemán. Como había hecho amistad con don Juan Colom, catedrático del Instituto y había otra persona interesada en Filosofía, un fraile capuchino, Buenaventura de Puzol, acordamos reunirnos una vez a la semana en el convento para conversar sobre temas filosóficos, casi desde el principio asistió Bellod y después Sijé (...) En declaraciones que hizo Martínez Arenas a Couffon, y en otros libros, se ha desvirtuado totalmente el origen de esa tertulia, que fue conversar de filosofía las tres únicas personas interesadas por sus problemas’. Esta reunión se prolongó ‘hasta abril de 1936, pues después yo no fui más’. Cuando a mediados de 1934 apareció el primer número de El Gallo Crisis, Pescador afirma que ‘no colaboré en la revista, pero siguió mi amistad con Ramón Sijé (Pepito Marín)’.
Finalmente, Pescador acabó por doctorarse en Filosofía por la Universidad de Zaragoza. Esta formación filosófica la completó en Alemania con unos cursos especiales que siguió en Berlín, al lado de Nicolai Hartmann (1882-1950), filósofo idealista alemán que ejerció la enseñanza en Magdeburgo, Colonia, Gottingen y Berlín, en cuya universidad formó a Pescador. El alemán tuvo una influencia decisiva en el pensamiento del oriolano.
Cuenta el propio Pescador que cumplió el servicio militar en Madrid como soldado de cuota, en el regimiento de Infantería Nº 6, el Saboya, haciendo guardias en Palacio, Casa de Campo y Cárcel Modelo. Miguel Hernández, en una carta a Ramón Sijé, publicada en el libro Yo, Miguel, de Francisco Martínez Marín, al referirse a Pescador en su faceta de soldado, decía: ‘si vieses a César Augusto de militar, te asustabas’.
Augusto Pescador llegó a tener un peso importante en las filas socialistas oriolanas. Cuenta que hizo varios viajes a Madrid, ‘pues fui nombrado representante de Orihuela al Congreso del partido [socialista] en septiembre u octubre de ese año [1932]’. Añadía Pescador en la mencionada entrevista de Hoja del Lunes que ‘el acto de homenaje a Gabriel Miró dio mucho que hablar por el tema de la conferencia de Giménez Caballero (...) La conferencia tuvo un matiz fascista. No nos gustó a muchos. La pronunció Ernesto Giménez Caballero en el Círculo de Bellas Artes. Disgustó tanto el tema que Rodolfo Llopis, en Madrid, representando yo a Orihuela en el Congreso Nacional del Partido Socialista, se interesó por todos los detalles de lo que fue calificado, en los ambientes socialistas, como el ‘escándalo’ de Orihuela’.
En sus memorias, añade Pescador que ‘cuando el 24 de diciembre del año 35, a los 22 años de edad, falleció Ramón Sijé, fui de los que lo veló en aquella nochebuena. A los pocos días vinieron a buscarme para que escribiera un artículo para el homenaje que se le rendiría en el único periódico [Acción] que entonces se publicaba en Orihuela y que era órgano de Acción Popular, el partido de Gil Robles. Manifesté que era imposible colaborar en un periódico de esa tendencia. Me insistieron para que escribiera, asegurándome que el número estaría dedicado íntegramente a Sijé y que no tocaría otro tema. Consulté con la directiva de la Agrupación [Socialista] que consideró que era conveniente que publicara el artículo’.
Ramón Pérez Álvarez, oriolano de reconocida trayectoria en la izquierda, escribió a Muñoz Garrigós en carta fechada en 1984 que ‘Pescador siempre fue socialista. Con Bellod, pero éste bailó (...) Su formación se había hecho fuera de los moldes estrechos de lo regional (...) Yo traté mucho e íntimamente a Augusto, recibiendo de él lecciones de economía, que es lo que en mí ha privado siempre, y de literatura, en lo que estaba muy al día’.
Su carrera docente la inició en Orihuela, en 1935, pues fue nombrado profesor de Filosofía en el Instituto de Orihuela, actividad que fue interrumpida por la guerra civil española. A partir de ese momento, su actividad fue completamente extrafilosófica, ya que hubo de asumir representaciones militares, diplomáticas y otras al servicio del Gobierno republicano en diversos países europeos, sobre todo en los bálticos. Además, según datos aportados por los historiadores oriolanos Gemma Ruiz y Mariano Cecilia, sabemos que en Orihuela, ya durante la guerra civil, Augusto Pescador Sarget formó parte del Comité de Enlace Antifascista, junto a Antonio Sequeros, Ramón Pérez Álvarez y el pintor Antonio Soriano, entre otros. El cometido de este comité era controlar la situación en los inicios de la guerra civil. En 1939, antes de terminar la contienda, abandonó España.
Antes de acabar el conflicto bélico, desde Barcelona, ya en poder de las tropas franquistas, salió para América con un pasaporte perfectamente cumplimentado. Antes había advertido a sus padres que, en el caso de que registraran su casa, quemaran sus papeles. Finalizada la contienda y sin ninguna clase de registro, los escritos de Pescador se perdieron, y con ellos todos los escritos y cartas que tenía de Miguel Hernández: ‘Yo era, y sigo siéndolo, socialista -declaraba en Hoja del Lunes en 1977-. Perdimos la guerra. Salí por territorio nacional en febrero de 1939 con dirección a Bolivia. Recorrí 36 países del mundo dando cursos y conferencias’.
Llegó a Bolivia el 12 de julio de 1939 y el primero de agosto ya fue nombrado profesor de Filosofía del Colegio ‘Nacional Ayacucho’ hasta 1942. Ese año fue nombrado profesor del Colegio Nacional ‘Germán Busch’ y en 1946, al reabrirse el Instituto Normal Superior ‘Simón Bolívar’, recibió el nombramiento de catedrático de Filosofía, cargo que desempeñó hasta su salida de Bolivia. Simultáneamente, trabajó en establecimientos educativos de reconocido prestigio, como los institutos Americano y Español y la Escuela de Visitadoras Sociales.
El ejercicio de la docencia universitaria de Augusto Pescador merece un apartado especial. De 1940 a 1954, con gran éxito, dictó los cursos de Introducción a la Filosofía, Lógica y Ética en el Instituto de Ciencias Sociales, preparatorios para la formación integral de los futuros profesionales. Fue en la Universidad Mayor de San Andrés, de la ciudad de La Paz, institución pública de enseñanza fundada en 1830, donde se creó la escuela de Filosofía y Letras, hasta que en 1944 pasó a llamarse Facultad durante la gestión del rector Héctor Ormaechea Zalles. El 14 de mayo de 1947 se reunieron catedráticos como Numa Romero, Roberto Prudencio, José Antonio Arze, Carlos Gregorio Taborga y el propio Augusto Pescador y los alumnos Huascar Cajías, Armando Soriano Badani, Gustavo Medinaceli, Nicéforo Rojas y Rubén Carrasco de la Vega, quienes eligieron al filósofo oriolano como director. Desarrolló una prolífica tarea de orientación e inquietud y fue mentor de varias generaciones de profesores o difusores del saber filosófico, de origen español. El oriolano permaneció en Bolivia hasta 1954, cuando la Revolución Universitaria motivó el alejamiento de Pescador de las aulas universitarias, emigrando a Chile.
Este país, siempre atento a la caza de valores intelectuales, mediante la Universidad Austral, lo contrató, nombrándolo finalmente Director del Departamento de Extensión Cultural de 1956 a 1962. Debido al continuo aumento de su prestigio y fama, la Universidad Técnica de Santiago de Chile lo ungió con las cátedras de Introducción a la Filosofía en el Instituto Pedagógico y con Filosofía de las Ciencias en la Facultad de Ingeniería. Lógica y Filosofía Contemporánea son cátedras que ganó mediante concurso de méritos. Al crearse el Instituto Central de Filosofía en la Universidad de la ciudad de Concepción, empezó con otra disciplina filosófica, esta vez Ética y luego la de Metafísica. Valorando sus grandes cualidades de investigador, filósofo y su gran capacidad para dirigir seminarios, esta Universidad le confió la Dirección del Instituto Central de Filosofía, cargo que mantuvo hasta cumplir los setenta años. Fue profesor Emérito de la Universidad de Concepción, en cuya prestigiosa revista Atenea escribió numerosos trabajos, junto a otros pensadores e intelectuales españoles como María Zambrano, Francisco Álvarez González y Eleazar Huerta. Además, el oriolano fue Miembro Hononario de las Sociedades Filosóficas de Chile, Perú, Bolivia, Argentina y Venezuela.
Augusto Pescador aprovechó sus escasos viajes a España, ya en los años setenta, no sólo para visitar su Orihuela natal, sino también para trabajar, asistir a los actos de un homenaje nacional a Miguel Hernández y de paso visitar en Madrid a sus viejos camaradas del socialismo histórico. Durante la visita de 1977 recorrió la antigua pradera de San Isidro, convertida ya en barriada, para conocer los murales que, sobre las blancas fachadas, pintaron famosos artistas, como Antoni Tápies y Margarita González, con motivos hernandianos.
En esa época estaba ultimando su trabajo sobre la silogística de Galeno y precisaba consultar en archivos de Alemania, Inglaterra y España, entre ellos el de Orihuela, donde se conservan más de 10.000 volúmenes anteriores a 1550 y donde encontró datos muy interesantes, sobre todo en un volumen editado en Orihuela en el año 1779 titulado Proposiciones de la Filosofía Universal, escrito en latín por Juan Antonio Costa. Sostenía que escribía sobre Galeno, porque era el padre de la Medicina y no existía en el mundo ningún estudio o investigación, a pesar de que había escrito 122 trabajos sobre filosofía, pero toda su obra había desaparecido. En 1982 la Universidad de Concepción editó sus libros Las cuatro figuras de Galeno y La filosofía hoy. En 1983 fue operado de un cáncer de pulmón, según explicó por carta (26-I-1984) a Ramón Pérez Álvarez, pero fue detectado a tiempo.
Una vida dedicada a la docencia universitaria tenía que dar sus frutos a través de artículos brillantes y ensayos bien logrados. Los profesores José Guillén García y José Muñoz Garrigós califican su obra como ‘impresionante’. Augusto Pescador, desde su llegada a Bolivia hasta sus últimos años de vida, publicó regularmente meditados trabajos sobre su materia, existiendo casi un centenar de ellos. Destacan ‘El existencialismo y la Lógica’, ‘Sobre lo que no sirve’, ‘Mamerto Oyola Cuéllar’, ‘Descartes y el hombre moderno’, ‘Concepto de la Filosofía y planteamiento de los problemas filosóficos de Nicolai Hartmann’, ‘La tendencia a lo concreto’, ‘Irracionalismo’, ‘El concepto de eidos en la filosofía de Aristóteles’, ‘El hombre y los filósofos’, ‘La idea del hombre en la filosofía actual’, ‘Los propósitos de la filosofía de Martín Heidegger’, ‘Dificultades en la axiología de Hartmann’, ‘La muerte de un gran filósofo: Nicolai Hartmann’, ‘Idea del hombre’, ‘¿Qué es el arte?’, ‘El arte y lo artificial’, ‘Clasificación de las artes’, ‘Inutilidad del arte’, ‘Las artes plásticas’, ‘Temas existenciales’, ‘El problema de la modalidad y los fundamentos ónticos de la lógica’, ‘La importancia de lo inútil en el mundo de la técnica’, ‘Galileo y los orígenes del pensamiento epistemológico’, ‘Descripción temporal del hombre’, ‘¿Es totalitaria la axiología de Hartmann?’, ‘La filosofía en Bolivia en el siglo XX’, ‘La filosofía y la estética de Leonardo’, ‘El modo de ser del valor’, ‘Lógica y lenguaje’ y ‘Fundamentos de la fuerza y vigencia del derecho’, entre otros. Éstos y otros artículos se encuentran recogidos en publicaciones de Bolivia, Chile, Argentina, México, Uruguay y otros países europeos.

Dentro del planteamiento general de la filosofía contemporánea, Pescador se ocupó especialmente de los problemas del ser. A este respecto, lo más enjundioso de su pensamiento. Desde luego, su aporte filosófico digno de mención es el trabajo titulado ‘Ontología’. Su línea de pensamiento sigue de cerca de su maestro Hartmann, a propósito de lo inasequible del ser, muy en la línea pitagórica. Su posición frente al problema es el realismo natural, la convicción de que el mundo exterior existe.
Es muy importante su estudio sobre los modos del ser en su trabajo ‘El ser real y El ser ideal’. También destaca su aportación al estudio de la filosofía de los valores, muy próximo en sus conclusiones a las de su maestro Hartmann.
En la mención de la producción filosófica de Pescador no se toman en cuenta las distintas conferencias que pronunció, que no están volcadas al papel, permaneciendo ignoradas o inéditas. Dio casi un millar de conferencias y cursos de Filosofía en Bolivia, Argentina, Uruguay, México, Cuba, Costa Rica, Venezuela, Ecuador, El Salvador, Perú, Estados Unidos y Ecuador y Chile, entre otros países.
El tema del exilio filosófico en España en el siglo XX ha sido abordado por varios autores. Uno de ellos, el P. Vicente Muñoz, ha trabajado sobre la obra americana de Augusto Pescador Sarget.
Ortega y Gasset fue una especie de fundador del pensador iberoamericano y sus colaboraciones en periódicos y revistas, así como su copiosa obra, sus conferencias y la creación de la Revista de Occidente, son el testimonio concreto del impulso real que significó su figura para los países de habla hispana. En la misma España o en el destierro, nombres como Manuel García Morente, Xavier Zubiri, José Gaos, José Ferrater Mora, Fernando Vela, Julián Marías, María Zambrano, Laín Entralgo, José Luis López Aranguren, Ramón Xirau, Nicol, García Bacca, Recaséns Siches y el propio Augusto Pescador -entre otros- son el resultado del florecimiento de una escuela filosófica que le debe su existencia al autor mencionado. Entre ellos se generó un lazo intelectual que tenía por centro una premisa indiscutible: la reflexión filosófica era posible en una lengua que no fuera francesa o alemana.
En 1969 se conmemoró el vigésimoquinto aniversario de la Facultad de Filosofía y Letras de la UMSA y, como homenaje a su fundador e ilustre Decano, se publicó en La Paz (Bolivia) el libro Figura y pensamiento de Augusto Pescador Sarget, escrito por Max Solares Durán. En ese libro se dice que Pescador era ‘indudablemente la mentalidad más influyente en el campo de la filosofía en Bolivia’. Junto a su nombre, se citaban los de Guillermo Francovich, Roberto Prudencio, Rubén Carrasco de la Vega, Huáscar Cajías, Mario Miranda Pacheco, Federico Blanco Catacora, Luis Carranza Siles, Manfredo Kempff Mercado, Nicolás Fernández Naranjo y Numa Romero del Carpio. ‘En el caso de Pescador, se da un caso especial, porque siendo de nacionalidad española, el mayor desarrollo, madurez, difusión e influencia la tuvo en Bolivia, pues despertó, junto a otros, la inquietud por la filosofía y, asimismo, formó discípulos que, aunque no siguen las rutas trazadas por el maestro, no dejan de reconocer la impronta que recibieron’.
Max Solares señala que todo ‘lo anotado hasta aquí nos coloca ante un verdadero filósofo. No de esos de nombre (...) Sin embargo, su figura y pensamiento hasta ahora permanece velado, encubierto y no conocido’, y añade que tampoco se desentendió del mundo, ‘al extremo de olvidarse de sus problemas. Afabilidad, simpatía desbordante y humanidad son algunas de las prendas que ornan su personalidad’. Con motivo del terremoto, maremoto y desborde del lago Rinihue, en Chile, le dedicaron al oriolano Augusto Pescador crónicas periodísticas que ponen de manifiesto el humanismo y filantropía, el don de gentes y su renuncia a la vida cómoda, trabajo y tesón en la rehabilitación de las casas derrumbadas y palabras de aliento a los que perdieron la vida y hacienda en el siniestro. Fernando Santivan, Premio Nacional de Literatura en Chile en 1952, dijo emotivamente de Pescador en las columnas de la revista Zig-Zag que ‘tan pronto se ocupa de los difíciles problemas de la filosofía como de las pláticas amables que tiene con los obreros portuarios y pescadores, en verdad, es un pescador de amigos. Y, de la misma manera, ya se lo ve con la gravedad en una disertación filosófica como ocupándose del arte culinario y en el oficio de barbero, ocupaciones en las cuales no encuentra competidor. He aquí la figura del maestro, sencillez y modestia; pedantería, presunción y egolatría son ‘cualidades’ que no pertenecen ni entran en el perfil del maestro y filósofo’.
Y si nos circunscribimos a su ámbito de origen, Augusto Pescador es uno de los miembros de esa increíble pléyade de escritores, periodistas, artistas y filósofos, hijos de Orihuela, que dieron nombre a su ciudad natal a fines del siglo XIX y durante gran parte del siglo XX, como Adolfo Clavarana, Juan Sansano, José María Ballesteros, Abelardo L. Teruel, Miguel Hernández, Ramón Sijé, Carlos Fenoll, Francisco Pina, Juan Bellod, Francisco de Díe, Adolfo Pérez León, Justo García Soriano, Adolfo Lizón y Alejandro Gaos, entre otros.
Tristemente, la historia se repite también en el caso de Pescador, que está relegado a ese injusto olvido que muchos grandes hijos de Orihuela inexplicablemente padecen.