LOS LIBROS PERDIDOS

Manuel Muñoz Hidalgo, Cómo fue Miguel Hernández, Colección Textos, Editorial Planeta, Barcelona, 1975.

Nos encontramos ante una biografía novelada sobre la figura de Miguel Hernández muy cercana, en cuanto a la manera de encarar un género tan encorsetado estilísticamente como el de la biografía, a la recientemente publicada Miguel Hernández, pasiones, cárceles y muerte de un poeta, del alicantino José Luis Ferris. Es por ello que, dentro de esta sección de ‘Los libros perdidos’, que trata siempre de recuperar aquellas biografías sobre el poeta que, por una u otra razón, han trascendido hasta nuestros días, ha sido seleccionado este Cómo fue Miguel Hernández por representar la primera muestra de una biografía novelada del poeta. Cierto es que no nos encontramos ante una obra que haya llegado hasta nuestros días con la vitola de ser una de las biografías que sentó cátedra a la hora de plasmar por escrito la intensa y azarosa vida del oriolano; incluso podríamos llegar a decir que tampoco ha sobrevivido al paso del tiempo como buena biografía, como una representación fiel de lo que le sucedió. Pero sí que es cierto que, en su día, fue la obra que más ventas tuvo dentro del mundo de Miguel Hernández, lo cual la convirtió, de algún modo, en todo un ‘best seller’ hernandiano.

Manuel Muñoz Hidalgo, nacido en Alcantarilla en 1939, vertebra su acercamiento a Miguel Hernández en torno a los distintos testimonios y opiniones, tanto de familiares como de amigos y allegados, que fue él mismo recopilando. Pretende así mostrar a un Miguel Hernández más humano, más cercano si se quiere, desligándolo, siempre en la medida de lo posible, de cualquier tipo de atadura política o literaria. Un hombre llano y noble, que amaba la literatura y ansiaba triunfar en Madrid, pero que también sentía un extraordinario y profundo apego a su tierra, a pesar de que, por desgracia, nunca llegara a adaptarse plenamente. Afirma en el prólogo cuales son las intenciones que persigue a la hora de encarar una figura como la de Miguel Hernández:

‘No deseo describirle como un líder político ni tampoco desligarle de su contexto histórico. Mi tarea es ardua, porque deseo evitar cualquier prejuicio, y aportar solamente los datos que puedan dar la idea más exacta de su personalidad, bastante confusa en algunas biografías’.

Divide la obra en dos claros periodos, marcados por el importante hecho que supuso para Miguel la muerte de Ramón Sijé. A diferencia de otras biografías vistas con anterioridad en esta sección, lo cierto es que Muñoz Hidalgo no establece una división tajante entre la vida y la obra del oriolano, sino que las trata como un todo uniforme. Pero, a pesar de este acierto por su parte, debemos añadir que quizás sea demasiado taxativo. Comienza, lógicamente, en 1910, con su familia y los principales acontecimientos que en ella sucedieron, su niñez, primeros versos y amistades; su primer viaje a Madrid, así como su relación con Josefina Manresa, la publicación de Perito en lunas o las vicisitudes que conllevó la creación de la revista El Gallo Crisis junto a su compañero Ramón Sijé. Su estancia más prolongada en Madrid, así como las vicisitudes que allí acaecieron desembocarán por último en la muerte de Sijé, que marcan el final de este primer bloque de la biografía. El segundo bloque, que comienza con la antología que Miguel tenía la intención de preparar con trabajos de Ramón Sijé, algunos inéditos, y continúa con el estallido de la guerra civil y el consiguiente clavario de cárceles que pasaría el oriolano hasta encontrar la muerte en el Reformatorio de Adultos de Alicante, en 1942.

Aún así, y a pesar de que las intenciones sean, por supuesto, las mejores, pues no debemos obviar el laborioso esfuerzo que supuso para Muñoz Hidalgo la recopilación de documentos y opiniones bien variadas, lo cierto es que nos encontramos ante una biografía sobre Miguel Hernández que, en líneas generales, no fue fiel a la realidad que trataba de recrear (hecho por el cual generó una agria polémica en el momento de su publicación, en el año 1975). Pues Muñoz Hidalgo se basó en multitud de testimonios de gente de Orihuela, testimonios que no fueron sino su base a la hora de vertebrar el relato. Pero lo cierto es que no llegó a mencionar sus nombres, ni a fechar alguna de las entrevistas que tuvieron lugar. En error similar incurre a la hora de reconstruir diálogos, recurso éste muy usado en el propio estilo novelesco que aporta a la biografía, pero que utiliza sin criterio alguno. Además, la falta de bibliografía al final del libro supone un importante y reseñable error, pues resta en parte cierta credibilidad a algunas de las afirmaciones del autor.

Pues un biógrafo, o alguien que emprende la labor de escribir una biografía, no es sino una suerte de “albacea” de datos, que debe reconstruir según unos cánones, los de ser los más fiel posible a los hechos narrados. Y, si bien es cierto que puede imprimir a esa reconstrucción la forma que quiere, no es menos cierto que su fidelidad a dichos hechos debe ser en cualquier caso absoluta, pues de lo contrario falseará el objeto de estudio que describe. Y en este punto, así como en otros que a continuación veremos, incurre en errores Manuel Muñoz Hidalgo.

- Afirma que Azorín asistió al homenaje tributado a Gabriel Miró el 2 de octubre de 1932.
- Escenifica una supuesta detención del oriolano, en compañía de José María de Cossío, por parte del 5º Regimiento al final de la guerra.
- Afirma que Manuel Molina era uno de los que frecuentaban las tertulias literarias en la Tahona de los Fenoll, cuando es inexacto.
- Llega a confundir, en varias ocasiones, los apellidos, y por tanto la identidad, de Juan Guerrero Zamora y Juan Guerrero Ruiz.
- No comenta la actividad desarrollada dentro de las ‘Misiones Pedagógicas’, pero sí sus amoríos con Maruja Mallo. Y su excesiva amistad con María Zambrano; dos asuntos éstos de los que no hay pruebas tan fidedignas como sí las hay de la participación de Miguel en las ya citadas misiones.
- Fecha erróneamente el poema “Alba de hachas”, pues no es de 1936, sino del año anterior.
- Por último, y dejándonos aún así alguna que otra exactitud en el tintero, destacaremos un error a la hora de fechar el juicio que, en 1940, se celebró para acabar condenando a Miguel Hernández. dicho juicio no fue en julio, como afirma Muñoz Hidalgo, sino en el mes de enero.

Errores éstos que, si bien algunos fueron de bulto y otros más livianos, llegan a restar algo de credibilidad a una obra adscrita a un género que, en principio, se supone tan fiel a la realidad de los hechos narrados como es el de la biografía. Al final del volumen, el autor llegará a afirmar que “me contentaría con que los hechos y testimonios expuestos fueran suficientes para disipar la falsa interpretación de un Miguel Hernández ateo cuyo único móvil fue la política”. De todos modos, y como a continuación comentaremos, la obra no estuvo en ningún caso al margen de la polémica.

El libro cosechó una gran repercusión mediática y crítica. Fue el volumen hernandiano más vendido de aquel año, lo cual otorga un cierto carácter de ‘best seller’, dentro del restringido círculo en el que nos movemos. El profesor Víctor Infantes arremetió contra Muñoz Hidalgo en duros términos: “Visión deformada, incompleta, parcial y carente del rigor crítico y literario más elemental”. El autor murciano contraatacó afirmando que en la reseña de Infantes se vislumbraba una manifiesta mala intención, además de considerar insignificantes los detalles censurados por aquel.

Posteriormente, Muñoz Hidalgo ha manifestado que la edición de su libro fue tergiversada y manipulada sin su consentimiento, dando lugar a incoherencias por un lado y, lo que resulta aún más apreciable, a ciertos errores de cierta relevancia por otro. Sirva este comentario para exculpar, parcialmente si se quiere, a su autor. Aún así, no podemos en ningún caso llegar a eximirlo de la totalidad de polémicas que suscitó la obra; polémicas que, por otro lado están más que justificadas.


Óscar Moreno

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