Disiento de lo publicado en “El Eco Hernandiano Digital”, sobre la polémica que ha inventado doña Maruja Fabregat, hermana de D. Luis Fabregat, “amigo” de Miguel Hernández. El señor Fabregat tuvo una amistad pasajera con el poeta. En principio eran conocidos de Orihuela antes de la guerra civil, pero nada más. Posteriormente fueron pocas las veces que Hernández pudo hablar con él en la prisión de Alicante, ya que Hernández se encontraba en otro patio como condenado a muerte y por disciplina no dejaban que los condenados a muerte fueran a visitar a los amigos a otras áreas. Por otro lado, recordemos que Hernández estuvo muy poco tiempo en el patio, un mes aproximadamente, y fue ingresado en la Enfermería de la prisión, de donde no salió hasta su muerte, muy poca gente pudo visitar a Hernández estando en la Enfermería, ya que se temía que su enfermedad fuera contagiosa. Sin querer ofender, creo que su hermano nunca estuvo en la Enfermería visitando a Hernández por los motivos que expongo. Le recuerdo, doña Maruja Fabregat, que la única mujer de Orihuela que pudo hablar con Miguel Hernández en la prisión sin ser familia fue doña Asunción Sevilla Pascual, militante del Partido Comunista y esposa de D. Antonio Ramón Cuenca, amigo de pastoreo de Miguel, el día de las Mercedes, Patrona de los presos. Ella llevó a sus hijos a ver a su padre y pudo conversar con Hernández. Como usted creo que sabe, ese día podían entrar los hijos de los reclusos y sus esposas.
Que me disculpe doña Maruja Fabregat, pero no es como usted lo cuenta. Como investigador de la vida de nuestro amado poeta y de sus amigos, puedo decir que Ramón Pérez Álvarez fue quien recogió la bolsa con los nueve poemas de Hernández, y solicitó a su compañero de prisión José María Torregrosa Juan, de profesión abogado y condenado a doce años de prisión mayor por auxilio a la rebelión, que dibujara a Hernández de cuerpo presente. Ramón Pérez tenía el beneficio de poder andar libremente dentro la prisión porque el día 6 de marzo de 1942 fue nombrado integrante de la Agrupación Artística “Coro”, por reunir las condiciones determinadas en el decreto del 23 de noviembre de 1940. Ramón Pérez, después de todo, fue un afortunado dentro de la prisión por su buena conducta. En 1943 fue trasladado a la prisión de Almería para trabajar como escribiente por orden de la Dirección General de Prisiones, y el día 9 de enero de 1946 fue puesto en libertad por indulto del Decreto del 9 de octubre de 1946 desde la Prisión de Sevilla.
Cuando sale de prisión Ramón Pérez, entrega a Josefina Manresa todos los papeles que pudo recoger de Hernández, hasta su carné del Partido Comunista, el cual Josefina lo pierde, al igual que los nueve poemas que hasta la fecha no han aparecido. Qué miedo sentiría Josefina, a tal grado de desaparecer los poemas, recuerden los que no olvidan que si a Josefina le hubiesen descubierto los famosos poemas, hubiera ido a la cárcel también, ya que nadie sabe, ni creo que se sepa, qué decían los tan nombrados poemas. Por tal motivo y con todos mis respetos, espero que la señora Maruja Fabregat rectifique lo que no es, pues no se vale que esperara que Ramón Pérez falleciera para sacar esta bula.
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