"Cancionero y romancero de ausencias"





“Cancionero y romancero de ausencias” es el título del último libro que Miguel Hernández escribió en 1941 aunque, en realidad, se trata de varios poemas escritos desde 1938 hasta su muerte y que fueron recopilados con ese título. En este libro Miguel escribe llevado por tres circunstancias: la ausencia de su hijo muerto, la ausencia de los seres queridos por la guerra (su otro hijo, su mujer, sus amigos…) y la ausencia del mundo porque está en la cárcel (su pueblo, sus montañas, su huerta, sus paisajes…).

Es una edición que consta de 165 páginas, más un índice al final donde se enumeran todos los poemas que contiene. Está editado por Ediciones Vitruvio y pertenece a la Colección Baños del Carmen, nº 200 de 2009. Fue publicado de forma póstuma y contiene algunas de sus mejores composiciones, entre las que destacan las famosas “Nanas de la cebolla”, considerado como el mejor poema del siglo pasado. Éste ocupa el último lugar en el “Cancionero y romancero de ausencias”, que empieza a escribir, entre rejas, en ocasiones valiéndose tan sólo de un trozo de papel higiénico, a falta de un cuaderno u hojas de papel sueltas. Éste y los demás poemas que componen el volumen, son los últimos que el poeta alcanzó a escribir en los concluyentes y dolorosos años de su vida.

“En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre”

Con motivo del Centenario del nacimiento de Miguel Hernández, ha salido a la venta la obra “Cancionero y romancero de ausencias”, el poemario de Miguel Hernández y todo un referente en la poesía española del siglo pasado, que ha sido prologado por Alfonso Berrocal, profesor de Lengua y Literatura en la Enseñanza Secundaria.

En él, el editor nos habla de los inicios literarios del poeta en los que hubo de sobrellevar una serie de tópicos, como el de pastor-poeta, el poeta-soldado o el de preso-poeta-muerto. Por estos rasgos míticos entró en la cultura general, fue pastor de cabras, voluntario del 5º Regimiento y murió en el penal de Alicante. Su obra literaria es rica en expresividad, lo cual hace que Miguel Hernández sea uno de los poetas españoles que con mayor precisión y lucidez han ahondado en el hombre. En 1978, su amiga María Zambrano sugirió que el adjetivo que se adecuaba al poeta era el de esposo, por una especie de relación nupcial con el mundo.

El origen de la obra “Cancionero y romancero de ausencias” data de un cuaderno de 66 páginas con 79 composiciones que Miguel Hernández entregó a su mujer, Josefina Manresa, en septiembre de 1939, cuando salió en libertad de la cárcel madrileña. Unos meses después regresó a la cárcel del Conde de Toreno, para asistir al Consejo de Guerra, en el cual se le condenaría a muerte y fue llevado por los distintos centros penitenciarios hasta terminar en el Reformatorio de Adultos de Alicante, siendo la decimotercera y última estancia en prisión, y en cuya enfermería murió el 28 de marzo de 1942 a causa de una tuberculosis pulmonar aguda.

Los poemas que componen esta obra comenzaron a escribirse durante la guerra, en 1938, y con motivo de la muerte de su primer hijo, Manuel Ramón, a los diez meses de nacer, y también por otras circunstancias, como el desmoralizador final de la guerra, la prisión y su letal enfermedad.

El título de “Cancionero y romancero de ausencias” alude al ciclo de producción poética de Miguel Hernández en sus últimos y desgarradores años de vida. Hay que recordar en todo momento las circunstancias en que estos poemas fueron escritos. Las condiciones tan atroces (guerra, cárcel, extradiciones…) que hacen de Miguel una persona muy sufrida. Esto parece acercarlo a la madurez y a la sabiduría a los 30 años. Fue en Argentina donde se publicó por primera vez formando un libro, (Ed. Lautaro, 1958). En España, Leopoldo de Luis, ofreció algunos poemas en la revista de Cela “Papeles de Son Armadans” en diciembre de 1961 y propuso recopilar toda la obra poética de Miguel en una colección en la cual fuese en primer lugar los poemas entregados a Josefina Manresa, y a continuación se agruparan los demás poemas (Ed. Zero-Zyx, 1976). José Carlos Rovira también lo ha editado en ediciones individuales y en obra completa (Espasa – Calpe, 1992).
El “Cancionero y romancero de ausencias” que presenta Ediciones Vitruvio no es una edición crítica, sino una edición más general y atractiva donde se ofrece la última poesía de Miguel Hernández en la que el lector pueda encontrarse a solas con la voz del poeta. El amor es la raíz de este libro.

Apagado va el hombre
Sin luz de mujer”

En el libro aparecen una serie de figuras, la noche, el viento, el páramo, el desierto, el agua o el mar que quedan reflejados en la obra pero, la figura de la tierra es la que resalta con mayor intensidad. Así, la tierra es la “profundidad del mundo”, que tiene relación con la sombra y la humedad de la celda, con la memoria del hijo ausente. La tierra, lo terrenal adquiere una forma eterna, frente a la fragilidad de lo vivo y la fugacidad de lo amado.

“Después del amor, la tierra
Después de la tierra, nadie”

Miguel Hernández se despide humildemente, sin quejarse y con la conciencia tranquila, aunque como afirma en uno de sus versos, hubiera preferido no morir para la confirmación de la supervivencia de la especie. Estos poemas van cargados de emoción a pesar de no haber sido escritos para nadie, sino para liberar el dolor que sentía en esos momentos el poeta.

“No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.”

Pilar Fernández Vidal
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