César Moreno
CURRÍCULUM

César Moreno Díaz es licenciado en Filología Hispánica, director de la Biblioteca Pública “Fernando de Loazes” de Orihuela desde el año 1997, y comisario de una exposición sobre la poesía y la pintura de Miguel Hernandez y Abad Miró en 2003.

Prestó su colaboración en varios libros, revistas, conferencias, entrevistas, jornadas hernandianas, etc.

César Moreno colaboró en el libro “Hacia Miguel Hernández”, en 2003, en el que escribió el epílogo.

También colaboró, junto con Aitor L. Larrabide, en el libro de Arturo del Hoyo “Escritos sobre Miguel Hernández”, en 2003.

La revista “Silbo”, número 1 (mayo 1936), que es el único ejemplar que se conoce, fue rescatado en el año 1997 por César Moreno. Ediciones Empireuma lo reeditó en facsímil ese mismo año.

Entre los días 4 y 10 de septiembre de 2000 tuvo lugar la visita profesional a Noruega de diez bibliotecarios españoles, organizada por la Dirección de Bibliotecas Públicas de Noruega y la S.G.C.B. Entre los diez, uno de ellos era César Moreno (B.P.E. en Orihuela). La visita se inició con una recepción en la Dirección General de Bibliotecas Públicas, donde el Director General Asbjorn Langeland presentó el sistema bibliotecario noruego.

En junio de 2005 tuvo lugar en Moscú el I Congreso Ruso sobre la vida y obra de Miguel Hernández, con la participación de los principales especialistas rusos de la literatura y la cultura españolas, que tiene en proyecto la traducción al ruso de la obra de Miguel Hernández. Estuvieron presentes representantes de la Asociación de Hispanistas de Rusia y la Unión de Escritores Rusos.

Más tarde se expuso en la conferencia las relaciones de amistad personal y profesional entre poeta y editor, Miguel Hernández y Manuel Altolaguirre, de cuyo nacimiento del último anunciado se celebró este año 2005 el centenario. La conferencia fue a cargo de César Moreno Díaz, y publicada por la FCMH: “Apuntes para el retrato de una amistad: M.A.& Miguel Hernández”.

En la exposición dedicada a Abad Miró se reivindica la fidelidad del pintor alcoyano hacia Miguel Hernández. La muestra se inauguró el 27 de octubre del año 2003 en el Ateneo de Madrid, con motivo del II Congreso Internacional Hernandiano. Posteriormente la exposición se pudo contemplar en Orihuela.

El comisario de la exposición, César Moreno Díaz, destacó que la selección pictórica sobre Miguel Abad Miró (Alcoy, 1912-1994) “es el primer resultado del convenio suscrito entre la Biblioteca Pública del Estado en Orihuela y la Fundación Miguel Hernández para investigar sobre los coetaneos del poeta oriolano”.

En dicho catálogo César Moreno comienza agradeciendo la generosidad del hijo de Abad Miró, Miguel Abad Lobregad, sin cuya ayuda dicha muestra no hubiera sido posible.

La figura de César Moreno Díaz adquiere una gran importancia como director de la Biblioteca Pública de Orihuela “Fernando de Loazes”. Esto se ve multiplicado por su buen hacer en la labor de mejoría de ésta, reflejada en la organización de actividades culturales, con aquellas instituciones que lo solicitan, de ámbito local y comarcal. Dentro de estas actividades culturales, se encuentra la ocupación incondicional sobre la figura de Miguel Hernández, proponiendo y promoviendo, junto con las demás personalidades de esta Fundación, la difusión de la obra y la figura de este gran poeta.

Un ejemplo de lo anteriormente comentado es el módulo de Biblioteconomía del Taller de Empleo Miguel Hernández III, que tiene su sede y trabajo en la Sala Hernandiana de la Biblioteca Pública. Asimismo, con la puesta en marcha de dicha sala se pretende reunir cualquier tipo de documentación relacionada, directa o indirectamente, con el poeta oriolano o con sus coetáneos. Con ello, los investigadores tendrán a su alcance la bibliografía completa de Miguel Hernández.


“MIGUEL ABAD MIRÓ- MIGUEL HERNÁNDEZ
(1938-1994): POESÍA Y PINTURA”

César Moreno

Miguel Abad Miró nació en Alcoy en 1912, y falleció en esta misma ciudad en 1994. Arquitecto de profesión, colaboró pictóricamente en diferentes ocasiones con Miguel Hernández.

El profesor César Moreno, realizó su exposición distribuyéndola en dos fases: Fase 1 (1910-1942) y Fase 2 (1942-2006).
Gracias al gran “cromatismo y plasticidad” que Miguel Hernández utilizaba en sus poemas, dio juego a que su amigo Abad Miró reflejara en sus obras detalles de sus poemas. Miguel Abad se mantuvo siempre fiel a su pintura, pintando lo que surgía de su interior, la esencia de su propia vida, sin dejarse llevar por las nuevas tendencias.

En la generación del 27 existía un ambiente común entre pintores y poetas, dando lugar a un arte figurativo con fuerte dosis literaria. Éste fue el periodo que más afluencia de revistas literarias han existido en España, principalmente entre los años 20 y 36.

En el año 1937, mientras que Miguel Hernández viaja a Rusia para asistir al V Festival de Teatro Soviético, Abad Miró es movilizado para servicios auxiliares y trasladado a Alicante. Aquí entra a formar parte de la sección de Artes Plásticas de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, junto con otros pintores, ilustrando periódicos y revistas y realizando decorados para la puesta en escena de obras de teatro, o diseñando carteles de cine.

El primer encuentro entre Abad Miró y Hernández fue en plena guerra civil. Esta conexión entre poeta y pintor fue cuando Miguel colaboró en “Versos en la guerra” (1938), siendo el poema “Las manos” el que ilustró Abad Miró basándose en el verso “La mano es la herramienta del alma...”

El dibujo de “Las manos” gustó mucho a Miguel Hernández, y tras un casual encuentro (se conocieron en plena calle e iniciaron una amistad duradera), con encuentros que les aseguraban unas gratas veladas que se repetían cada vez que Miguel Hernández obtenía algún permiso en el frente y recalaba en Alicante de paso hacia Orihuela.

Miguel Abad Miró es detenido y encarcelado en dos ocasiones y fue puesto en libertad en abril de 1940.

Miguel Abad, aún con la represión de la guerra, no podía contactar con sus amigos, pues era peligrosísimo. Prestó su ayuda en todo lo que pudo a Miguel Hernández. Ayudó en lo que pudo cada vez que Josefina Manresa, mujer de Miguel Hernández, se lo requirió, a petición de su marido, o de la misma Josefina.

Su amistad se fue consolidando a lo largo del tiempo y Abad Miró demostró con creces el afecto que sentía hacia el poeta. Un ejemplo de esto fue el momento en el que el poeta se encontraba preso y muy enfermo, y necesitaba ciertas pruebas médicas privadas. Abad Miró intercedió y económicamente cubrió todos los gastos ocasionados para que pudieran ser realizadas. Pagó las 400 pesetas que costó alquilar la pantalla de Radiología, que en la actualidad se encuentra en la sede de la Fundación Cultural Miguel Hernández.

Otro momento destacable fue el fallecimiento y entierro del poeta el 28 de marzo de 1942; su gran amigo estuvo con él, incluso en el momento del traslado al cementerio de Alicante el día de su entierro.

Hacia las seis de la tarde salieron en dirección al cementerio, en una tartana con un caballo, que llevaba el cajón y detrás una jardinera.

Antes de enterrarlo, Ricardo Fuente y Abad Miró decidieron abrir la caja y vieron que estaba vestido y no desnudo, como ellos pensaban. Tenía los ojos azules abiertos. Miguel Abad intentó cerrarlos y quedaron entreabiertos.

La lápida de la tumba sencillamente indicaba “Miguel Hernández poeta”, coloreando en rojo la M y la H, dejando el resto en gris, el diseño lo hizo Miguel Abad. Las 700 pesetas que cobraron por moldearla fueron pagadas por él, su sueldo de dos meses.

Siempre con la memoria de Miguel Hernández ausente, Abad Miró colabora en Alicante con dibujos para revistas literarias como “Verbo” y “Sigüenza”.

En la I Exposición Provincial de Bellas Artes, en 1951, diseñaría la carpeta “Seis poemas inéditos y nueve más”, de Miguel Hernández.

Miguel Abad y Josefina mantuvieron una afectuosa relación, con amistosas cartas en las que entrecruzaban recuerdos, anécdotas, etc. Esta buena relación se vuelve gris en el tiempo ya que Josefina quiere recuperar dos cartas de Miguel Hernández para su colección particular y éstas se encuentran en manos de Miguel Abad: Josefina se las dio en unos momentos propicios para que éste le prestara su ayuda y en agradecimiento personal.

Más tarde se las pide con exigencia y Miguel Abad se las devuelve con unas letras, en las que dice entre otras cosas “no merecer ese trato”.

Entre 1960 y 1977 su trabajo como arquitecto en Sevilla, la cátedra de Dibujo de la Escuela de Arquitectura y el decanato del Colegio de Arquitectos, reducen de manera sustantiva su actividad pictórica, que apenas retomaba con sus estancias veraniegas en Villa María.

Estos años realiza varios cuadros como homenaje a Miguel Hernández: “La sangre del poeta”, “El hombre acecha” o “Por tu pie, la blancura más bailable”.

Con su definitivo regreso a Alcoy en 1980 realiza diferentes exposiciones y participa en actos de Homenaje a Miguel Hernández.

El ultimo homenaje en el que estuvo presente fue en el año 1992, con la celebración en Orihuela, Elche y Alicante del I Congreso Internacional Miguel Hernández. Abad Miró participó en el Congreso de manera muy activa, destacando como intérprete plástico del poeta. Para esta exposición entrega su obra “El hombre acecha”, realizada en lienzo de 50×50 y, al fin, formó parte en una mesa redonda con coetáneos de Miguel Hernández, entre ellos estaba Rosario “La Dinamitera”.

Tras su muerte en Alcoy el 8 de marzo de 1994, su mujer e hijo, con indudable generosidad y en una calurosa mañana de septiembre en el torreón de Villa María, pusieron a disposición de César Moreno Díaz el acceso a todos los archivadores, 20 y 21 rotulados con el nombre y apellido de su amigo Miguel Hernández. Allí, y en carpetas cronológicamente ordenadas, figuraba la práctica totalidad de cuanto aquí se ha comentado. Si revisamos una a una las fotografías, cartas, recortes y dibujos daba la impresión que Miguel Abad Miró, de algún modo, intuyó la realidad de esta exposición.

Como se ha dicho, Abad Miró trató de cerrar los ojos del poeta sin vida y no pudo hacerlo del todo.

Un buen día de 1980 comenzó a realizar, en un pequeño lienzo, su boceto para un recuerdo de Miguel Hernández muerto. Lo terminó siete años después; este cuadro fue una manera de quitarlo de su memoria objetiva. Lo pintó con los ojos abiertos azules y hoy puede ser felizmente visto en la sede de la Fundación Cultural Miguel Hernández.

En recuerdo a este fatídico suceso, Abad, impresionado, pintó a su gran amigo en el lecho de muerte, como él lo recordaba. La imagen del poeta muerto con los ojos abiertos permaneció en la mente del pintor durante toda su vida.

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