AITOR LARRABIDE
ENTREVISTA:
¿Considera usted que la figura de Miguel Hernández tiene entidad propia suficiente como para ser objeto de un curso universitario?

Sí, creo que durante las jornadas quedó muy claro que el poeta de Orihuela sintió la necesidad de servirse del Arte como medio de expresión auxiliar de sus sentimientos, además de como forma de desahogo en algunas circunstancias poco gratas.

A la vista del programa, ¿cree usted que los objetivos inicialmente planteados han sido satisfactoriamente cubiertos?

Honradamente, creo que sí, puesto que ha sido posible establecer un diálogo entre la Poesía y del Arte, gracias sobre todo al esfuerzo de los ponentes y al de la Organización de las jornadas.

¿Vio interés por parte de la gente asistente al curso?

Desde luego, venían, seguramente, motivados, por lo que pude observar. Además conversé con la mayoría de los alumnos y me asombró gratamente asegurar mis iniciales opiniones.

¿Cuál es su valoración después del curso acerca de la figura de Miguel Hernández?

Creo que el poeta se merece cada vez más que ampliemos el radio de nuestras reflexiones, desde puntos de vista más interdisciplinarios, sin olvidar nunca que la poesía de Miguel Hernández es mucho más que libros o estudios: es un pálpito que nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos y a nuestros semejantes.

Teniendo en cuenta la propuesta de la Universidad Miguel Hernández de establecer un seminario estable en torno al poeta oriolano, ¿qué temas propondría usted?

Estudio de la edición de poesía desde 1933, el medio ambiente en la obra hernandiana, la prensa alicantina durante la República, guerra y posguerra, profundizar en las recreaciones plásticas sobre el poeta, etc.

¿No cree usted que el estilo que creó Francisco de Díe puede ser interpretado como algo abstracto por la mayoría del público?

Sí, pero si se advierte bien, lo que subyace bajo ese estilo pretendidamente abstracto es la búsqueda de la emoción, después de una azarosa persecución por parte de Díe de un profundo conocimiento de sí mismo, de sus fantasmas y de sus contradicciones. Eso le hace ser un artista en toda la expresión de la palabra, valiente y consecuente. Que no es poco.

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