Nací en el año 1936, tiempos malos para los que tuvieron que bailar aquella macabra sinfonía que suponía enfrentar la sangre, contra la propia sangre, la Guerra Civil.
Miguel murió en el año 1942, por lo tanto no tuve ocasión de conocerlo. Cuando pude saber, la Dictadura implantada procuró que en las escuelas no se hablara del poeta cabrero, que fiel a sus ideas, hace de sus versos un bastión contra las injusticias sociales.
Las primeras noticias que me llegan de Miguel vienen de la mano de un médico que ejercía su profesión en el Hospital Municipal. Este señor me regaló un poemario de nuestro paisano, editado fuera de España. Recuerdo que lo recogí bastante asustado, por entonces yo rondaba los 16 años, la lectura de aquellos versos apaciguó mis pensamientos, nublados por el abandono de una impuesta carrera. Alguno de aquellos versos los llevo aún a flor de labios.
“Me llamo barro aunque Miguel me llame...”.
“Alto soy de mirar las palmeras...”.
“Umbrío por la pena, casi bruno...”.
“Como el toro estoy marcado...”.
“Un carnívoro cuchillo...”.
“Te mueres de casta y sencilla...”.
Cuando me decido a sacar a luz pública “Versos a Miguel”, un itinerario poético basado en la vida de Miguel, lo hago en agradecimiento a mi paisano, al que adoro y hago de sus versos mi religión.
Motivado por el aire de Miguel, he seguido escribiendo nuevos versos, producto de los vaivenes de la vida. Con ellos, intento componer una obra donde las notas de amor silencien el rugido de la bestia.
Adelanto unos versos de mi próximo libro, esperando un resquicio de cordura a la sincera naturalidad.









