José Maria Cossío. Visita a La Casona
José María de Cossío: un bibliófilo y un coleccionista singular.
Si hay una figura de la cultura española de la primera mitad del siglo XX que haya podido brillar con luz propia, y que sin embargo no lo haya hecho, ésa es José María de Cossío. Eminente polígrafo, siempre rodeado de personajes de la cultura, el deporte o la política, estuvo íntimamente ligado a los libros. Poseedor de una extensa biblioteca en su casa solariega de Tudanca, hizo posterior donación de la misma a la Diputación Provincial de Santander en 1975, pasando posteriormente, tras desaparecer ésta por ser una Autonomía uniprovincial, al Gobierno Regional de Cantabria, posibilitando así la perpetuación de esta privilegiada inteligencia y el recuerdo de cuanto vivió.

 


Miguel de Unamuno
José María de Cossío y Martínez Fortún nació en Valladolid un 25 de marzo de 1892, cursando en esta misma localidad el bachillerato y terminando la carrera de Derecho. Se marchó a Madrid para doctorarse en Derecho en 1913 y en 1915 se instala en Salamanca, aprovechando para continuar los estudios de Filosofía y Letras. Allí conocerá a Miguel de Unamuno y allí se despertó su afición al mundo de los toros. Cossío, fue para la época y los momentos por él vividos (una guerra incivil, cautiverio durante el golpe del coronel Casado y las calamidades varias derivadas de la situación coyuntural), bastante longevo. Fallecerá en 1977 a los 85 años. Su trayectoria vital es apasionante porlo variada e intensa. Primero, podríamos destacar las actividades desarrolladas por él en el Ateneo de Santander durante los años 1921-1930, verdadera ‘edad de oro’ para esta institución por la gran cantidad de actos culturales que se celebraron.

Concha Espina

Allí se codeará con personajes tan relevantes como Concha Espina, Marañón y Gerardo de Alvear, entre otros. También desarrollará actividades en los ateneos de Valladolid y Sevilla, donde organizó, sin asistir, el homenaje a Góngora (1927), siendo (posteriormente) presidente del Ateneo de Madrid en 1963, pero sobre todo, en unos y otros, será asiduo de distintas tertulias, tanto intelectuales como taurinas, gracias a sus grandes dotes de conversador. Destacó también por su afición al fútbol, en la que hizo gala de una gran diplomacia, siendo socio del Real Madrid y del Atlético de Madrid, presidente del Real Rácing de Santander (1932-1936), fue también amigo de muchos jugadores y directivos del F.C. Barcelona, y en ocasiones actuó como delegado de este equipo en partidos disputados en el norte.


Jorge Guillén

Su vinculación a las ciudades de Santander y Valladolid será una constante a lo largo de su vida: en Valladolid promoverá con Jorge Guillén la revista ‘Meseta. Papel de literatura’yvivirá sus últimos meses internado en una residencia, donde moriráun 25 de octubre. En Santander, junto con Pedro Salinas, fundará los Cursos de Verano para extranjeros, que tuvieron su sede en laBiblioteca Menéndez Pelayo. Éstos fueron el germen de la Universidad Internacional, que años más tarde tomará el nombre del polígrafo santanderino, siendo además director interino de la citada biblioteca y secretario de la Sociedad Menéndez y Pelayo que tenía su sede en la propia biblioteca. Su amor hacia esta tierra, y la organización de las distintas actividades culturales que, hasta hoy, en muchos casos, han vertebrado la vida cultural cántabra, le hicieron acreedor entre otras distinciones, del nombramiento como Hijo Adoptivo de la Provincia de Santander (1948).

Son destacables también sus numerosos trabajos de investigación y crítica como ‘Rutas literarias de la montaña’, ‘Los toros en la poesía castellana’, y ‘Estudios sobre los escritores montañeses’, a los que habría que añadir diferentes artículos aparecidos en el ‘Boletín de la Real Academia de la Lengua’, e ingresó en la misma en 1949, con el discurso ‘Lope, personaje de sus comedias’.


Cossío ingresa en la academia en 1949

Si hay algo de sobra conocido en la vida de Cossío es su pasión por el mundo taurino, donde tenía numerosos amigos como José Gómez Ortega “Gallito”, Ignacio Sánchez Mejías el dramaturgo y sobre todo torero, presente en la obra de García Lorca, Rafael Ortega “El Gallo”, Pepe Luis Vázquez, Antonio Bienvenida, Domingo Ortega...

José Gómez Ortega
Antonio Bienvenida

Esta afición le llevaría a escribir ‘Los Toros’, obra de referencia y consulta para cualquier aficionado a la fiesta nacional. Sin embargo, hay un detalle sobre esta obra que pocos conocen, y que propicia el inicio de una relación con Miguel Hernández, al cual conocía desde 1935. Cossío, recibirá de la editorial Espasa-Calpe un anticipo por la publicación de la obra antes mencionada, que él empleará para pagar 250 pesetas mensuales a Miguel -conocedor de sus fatigas de índole económica- por mecanografiar los originales de la misma, redactando incluso algunas biografías del tomo I. De esta relación laboral surgirá una sólida amistad, robustecida por la afición a la poesía, que posteriormente lleva a Cossío a visitar a Miguel en la cárcel y a utilizar, además, sus influencias para conmutarle la pena de muerte en 1940. Una amistad que va más allá de la muerte del oriolano, salvando de la destrucción bélica, como hizo con las de muchos otros autores, buena parte de las obras de Miguel Hernández como ‘El hombre acecha’, obras que estuvieron protegidas en su casona hidalga de Tudanca.

Gran parte de sus estudios, se forjan merced a sus extensos conocimientos, adquiridos con el tiempo, no sólo a través de la afición a las tertulias antes referida, sino también a través de la confección de una importantísima biblioteca, depositada en su lugar de retiro estival en Tudanca.


Tudanca

Cantabria

Comarca Saja-Nansa

Esta casa, que se sitúa en el Valle del Nansa, le sirvió en distintas ocasiones de reserva espiritual y tiene una historia bastante interesante. La casona, como tradicionalmente se conoce a los caseríos construidos en piedra con techumbre a dos aguas de teja roja y una típica solana montañesa de madera, mantiene algunas diferencias observables, como la torre cuadrangular adosada y la fachada presidida por el blasón familiar orlado por la leyenda “Guardé también el Castillo, con este Benablo Armado, que no fue ninguno osado, atreverse a Combatillo”.


La Casona

Blasón Familiar

Basna
Pascual Fernández de Linares mandó edificar la casona a su vuelta de Perú en 1750, tras haber desempeñado distintos cargos de la Corona. Al morir sin descendencia pasó a la familia García de la Cuesta y Velarde, siendo después conocido como Palacio de los Cuesta.

De la época de sus antiguos dueños se guardan un gran número de objetos de plata, entre los que destaca un poncho peruano de Pascual Fernández de Linares. También se conservan distintos baúles y enseres, como una cama de campaña napoleónica perteneciente al general De la Cuesta. Igualmente merecen ser destacados una imagen de la Virgen de Cocharcas, advocación mariana procedente del norte de Perú, donde es tradicionalmente venerada, y el retablo barroco de la capillla del siglo XVIII, siendo ampliado este patrimonio religioso por Cossío al adquirir, a la viuda de Sánchez Mejías, una Virgen dolorosa vestida con un capote de paseo de color verde y oro, de José Gómez Ortega “Gallito”. Y ya que volvemos a mencionar al mundo taurino no debemos olvidar la gran cantidad de fotografías que varios toreros dedicaron al último inquilino de la casa e imágenes del propio Cossío, destacando, entre otros, los dibujos de Zuloaga y Vázquez Díaz.

Retrato Cossío de Zuloaga

Biblioteca

Además de todas estas joyas, la casona cuenta con una biblioteca integrada por casi 18.000 volúmenes, cuya fecha de publicación abarca de poemarios y revistas del siglo XX, muchas de ellas con dedicatorias autógrafas de sus autores, los poetas de su generación, amigos entrañables de los siglos XVI al XX, siendo el más antiguo de 1528. Entre sus fondos figuran primeras ediciones Cossío. También, originales de libros, como ‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejías’, de García Lorca, ‘El alba del alhelí’, ‘Sobre los ángeles’ y ‘Soledad tercera’, de Rafael Alberti, ‘Versos humanos’ y ‘Víacrucis’, de Gerardo Diego, ‘Algunos poemas’, de Jorge Guillén, ‘El silbo vulnerado’ y ‘El rayo que no cesa’, de Miguel Hernández, el controvertido ‘Galería de espejos’, de Lasso de la Vega; y obras inéditas que no se publicaron en su momento ni en vida de su autor, como ‘El hombre acecha’, de Miguel Hernández o las obras póstumas de Fernando Villalón, o muy a su final, como ‘Auto de fe’, de Rafael Alberti, y textos originales pertenecientes a José María de Pereda, Miguel de Unamuno, Camilo José Cela, del cual se conserva la trascripción autógrafa de ‘La familia de Pascual Duarte’ y poemas de Miguel Hernández.


José Mª de Cossío en su despacho de la Casona de Tudanca
Existen numerosos documentos publicados que confirman la fructífera relación de Cossío con los poetas de la generación del 27. Una muestra de ello es el ‘Epistolario de Gerardo Diego-José Mª de Cossío’, subtitulado ‘Nuevas claves de la Generación del 27’, que Rafael Gómez de Tudanca publicó en Fondo de Cultura Económica. En la actualidad se ultima el proceso de catalogación y digitalización de las aproximadamente 6.000 cartas y documentos correspondientes a más de 1.200 corresponsales.

Otro aspecto vinculante es su labor como editor. Hay que destacar su colección de ‘Libros para amigos’, que publicó obras inéditas de Unamuno, Gerardo Diego, José del Río, Francisco Valdés y su hermano Francisco de Cossío.

La gran cantidad de tesoros culturales guardados en la casa, muchos de ellos, como hemos referido, constitutivos de la memoria del gran polígrafo, hicieron necesaria una mayor salvaguarda de éstos. Ello se consiguió merced a la declaración en 1983 de su casa-biblioteca y del entorno como Conjunto Histórico-Artístico-Nacional, al mostrar una gran riqueza arquitectónica. Ese año, también, serían definitivamente trasladados al Cementerio Civil de Tudanca sus restos mortales.

Directora de la Casona y Director del Taller frente a su tumba
Ángeles Martínez Sainz
Manuel Ramón Vera Abadía

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