Memorias de Don Antonio Roda
“NUESTRO SALUDO ERA ESTE: ¡CURICA!, ME DECÍA ÉL, Y YO LE CONTESTABA ¡MIGUELILLO!”

Llega a manos de la Fundación un documento inédito de las memorias de Antonio Roda, que revela su amistad íntima con el célebre poeta oriolano. Cuenta el que fuera fundador y director del Oratorio Festivo que compartían grado y pupitre, y así simpatizaron en la escuela del Ave María, instalada en el Colegio de Santo Domingo. “Su sitio en clase junto al mío dio lugar a que simpatizáramos y nos contáramos muchas cosas de nuestra vida infantil”. “(...) Era estudioso y disciplinado, y me ayudaba mucho en las matemáticas, en cuya asignatura estaba algo verde”, recuerda “el curica”; “(...) en él se notaba aficiones literarias que después fueron su obsesión y vida”.

Por vivir cerca de Santo Domingo, en la calle de Arriba, Miguel era monaguillo de su iglesia, tareas por las que recibía suculentos desayunos y meriendas. “Ayudaba a misa antes de las clases con otros monaguillos. El hermano Sacristán le quería mucho y vi en los jesuitas gran interés por meterle en el Colegio- Apostólico de la Compañía. Su padre se oponía a ello”. La Primera Comunión la hizo con su primo, y tuvo lugar en la ermita de la calle Arriba, donde ambos vivían.

Varias veces se encontraría Antonio Roda con Miguel, del que ya notaba en su juventud que “mostraba más seriedad, rostro tostado por el sol y mirada distraída”, por la cuesta del seminario, siempre con un libro en las manos: “Su lugar favorito era la ‘REJULLAERA’, desde donde contemplaba en meditación, huerta, cielo y edificios con torres y cúpulas”.

Además de recibir las calurosas felicitaciones del poeta por su primera misa, revela en primicia Antonio Roda que Miguel en su niñez era muy religioso, y que en su juventud no vio en él nada de anticlerical.

Pilar C. Zarco
María Zaragoza
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