Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández 2010
"Entre luces y sombras", Alberto Sevillano Montaña

Alberto Sevillano Montaña ha sido el ganador del Premio Nacional de Poesía que organiza la Fundación Cultural Miguel Hernández, y que coincide este año 2010 con la celebración del Centenario del nacimiento del poeta. Este joven escritor, nacido en Valladolid en 1980, es licenciado en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura por la Universidad de Valladolid, y trabaja como profesor de Lengua y Literatura Española en el IES La Vaguada, en Zamora. En 1999 ya ganó el VI concurso de poesía “Caminar Conociendo”, de Las Navas del Marqués, y ha sido finalista, dos veces, del premio del Ateneo de Valladolid, en la modalidad de poesía, en 2004 y 2007.

“Entre luces y sombras” es el título del poemario galardonado y que el autor firma bajo el seudónimo de Max Estrella, recordando así al célebre personaje de Valle-Inclán y su esperpéntica “Luces de Bohemia”, quizá en un intento de ofrecer su particular visión del mundo, a la cual llega reflexionando sobre las concretas circunstancias que acontecen su vida.

Desde la revisión y la ironía, el autor realiza una autobiografía poética, una reflexión vital en la que efectúa un viaje al interior de sí mismo, mediante una serie de retrospecciones al pasado, y que nos muestra a un joven en plena evolución en el que empieza a aflorar una cierta madurez emocional, planteándose renunciar a determinados aspectos de su vida anterior: “Todo se queda fuera de este nuevo equipaje. (…) quizá sea el momento de llamar al olvido”. Mediante el uso de un lenguaje sencillo y cercano, pero que muestra una sólida estructuración, Sevillano refleja, perfectamente, la eterna búsqueda del yo poético y utiliza, además, el mar como refugio a la oscuridad: “En su agua he encontrado, / una forma más simple de sufrir la existencia, (…)”, a la vez que reflexiona sobre el mundo literario y sus tópicos. Todo ello mediante el uso de una abundante adjetivación, el empleo de antítesis y contrastes, metáforas,…, recursos que contribuyen a elevar la calidad de sus versos.

El poemario está compuesto en torno a seis bloques temáticos: “Punto de inflexión”, “Invernales horas”, “Confesiones de un triste”, “Tópicos”, “Desde un mar interior” e “Inventario final”, que dan unidad a la obra, y a través de los cuales hacemos un recorrido por las distintas etapas de su vida, desde el pasado al presente: “(…) sólo quiero el pasado para seguir luchando, / para ir rescatando de toda mi memoria / los pequeños espacios de esa felicidad (…)”, y que el autor compara con las estaciones del año: “Cuando llega el invierno, / y la felicidad brilla por su ausencia, / uno se da cuenta, obligatoriamente, / de que también la vida va por estaciones.”, para llegar a un futuro incierto cargado de responsabilidades.

“Los fantasmas que cruzan las esquinas,
las ganas de seguir, los calendarios,
los ríos que conducen nuestras vidas,
el peso que llevamos en las manos.”

Se trata, en suma, de un ejercicio de sinceridad de un joven poeta que muestra su corazón y desnuda su alma, ofreciéndonos el autorretrato de “Un hombre desengañado que no encuentra su camino”, para invitarnos a recapacitar sobre el crecimiento personal y humano.

María Rodríguez Martínez


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