Entrevista a Francisca Aguirre, ganadora del Premio Internacional de Poesía "Miguel Hernández - Comunidad Valenciana 2010"

Francisca Aguirre Benito, nacida en 1930 y natural de la ciudad de Alicante, ha sido la ganadora, con el poemario titulado “Historia de una anatomía”, del Premio Internacional de Poesía “Miguel Hernández-Comunidad Valenciana” 2010, que convoca la Fundación Cultural Miguel Hernández, dotado este año con 24.000 euros al conmemorarse el centenario del nacimiento del literato oriolano, y que ha sido publicado en la Editorial Hiperión. La obra ha sido seleccionada entre un total de 547 poemarios (474 en 2009) de diversos países.

El jurado ha estado integrado por el crítico literario y director de la Institución Alfonso El Magnánimo de Valencia, Ricardo Bellveser; el poeta y editor Jesús Munárriz, que representa a Ediciones Hiperión; el profesor y crítico literario del diario “La Verdad”, Manuel Cifo, y el poeta ilicitano Antonio Moreno. Además, ha sido presidido por el poeta José Luis Ferris y por el director de la Fundación Cultural Miguel Hernández, Juan José Sánchez Balaguer.

Francisca Aguirre Benito es hija del pintor Lorenzo Aguirre, que fue asesinado en la prisión de Porlier, en Madrid, por el régimen de Franco en 1942, que, además, obligó a todos los presos políticos a presenciar esta ejecución.

“Historia de una anatomía” narra la aventura del cuerpo humano desde la perspectiva del enigma de la vida. Todos y cada uno de los elementos que constituyen lo que llamamos cuerpo, como sucede en ese otro cuerpo que llamamos sociedad, son independientes, pero sólo adquieren sentido dentro de esa unidad a la que llamamos cuerpo. Y es ese cuerpo la misteriosa entidad que rige nuestra vida, el que nos acerca o nos separa de cuanto nos rodea. Todo lo que el hombre y la mujer han hecho, inventado o percibido lo han hecho porque tenían un cuerpo. El libro narra esa aventura que, finalmente, en este caso, cuenta cómo la historia de esa anatomía empezó con una terrible carencia: el asesinato de un pintor llamado Lorenzo Aguirre.

La ganadora, coetánea de los integrantes de la Generación del 50, está casada con el poeta Félix Grande, con quien tiene una hija, que también es poeta.

Ha publicado varios libros de poemas, entre los que podemos citar: “Ítaca”, Premio de poesía “Leopoldo Panero” (1972); “Los trescientos escalones”, “Premio Ciudad de Irún” (1976); “La otra música” (1978); “Ensayo general”, “Premio Esquío” (1995); “Pavana del desasosiego”, Premio “María Isabel Fernández Simal” (1998) y “Nanas para dormir desperdicios”, “Premio Valencia de Poesía” (2006). Es también autora del libro de recuerdos titulado “Espejito, espejito”, Universidad Popular “José Hierro” (1995) y del libro de relatos “Que planche Rosa Luxemburgo”, Premio Galiana (1994). Ha sido traducida a varios idiomas: valenciano, inglés, francés, italiano y portugués. La editorial norteamericana Boa Editions Limited publicó en 2004 su libro “Ítaca”, traducido por la traductora y profesora de español Ana Valverde Osan.

En el año 2000 la Editorial Calambur publica bajo el título de “Ensayo general” su poesía completa (1966-2000) e incluye el inédito titulado “Los maestros cantores”.

La obra de Francisca Aguirre nos muestra a una poeta de sólida trayectoria y honda emoción que, por un lado, levanta acta de un mundo reconocible y compacto y, por otro, desarrolla un proceso de ahondamiento dentro de una visión existencialista de la vida.

Ha sido galardonada con diversos premios a lo largo de su trayectoria literaria. ¿Ha tenido el Premio Miguel Hernández algún significado especial para usted?

Desde un punto de vista literario, para mí recibir este premio es todo un logro. Siempre he admirado la obra de Miguel Hernández. Siempre me pareció asombroso su talento, su enorme capacidad para poner sobre una cuartilla, en cada momento, el hondo y misterioso contenido de su corazón. Por otra parte, es evidente que, desde el punto de vista biográfico y emocional, mi relación con la vida y la obra de Miguel Hernández está cargada de un hondísimo sentido. No puedo evitar pensar que, de alguna forma, el premio es también para mi padre.

Esta obra, ¿la escribió específicamente para presentarla al Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández o era una obra ya acabada?

Nunca he escrito ninguna obra para presentarla específicamente a ningún premio y, en este caso, tampoco.

¿Le ha resultado muy difícil revivir la etapa de su vida en que sucede la muerte de su padre?

Como casi todo el mundo empecé a escribir en la adolescencia. Hacia los 30 años tenía tres carpetas con muchos poemas, dos libros de cuentos y una novela. Un día cayó en mis manos un poema de Kavafis titulado “Los bárbaros”, y algo en mí cambió. Quemé las tres carpetas y empecé a escribir “Ítaca”. Tenía cerca de 35 años cuando di por concluido este libro. “Ítaca” fue un libro muy trabajado. Tardé mucho en darle el visto bueno y, sólo pude escribir en él un poema sobre la infancia, el titulado “Paisajes de papel”. Me resultaba muy doloroso acercarme a aquel período. Tuve que esperar hasta “Los trescientos escalones”, aparecido en 1976, para atreverme a enfrentar aquellos primeros años de mi vida.

Sabemos que su hija se ha decantado también hacia el mundo literario y, en concreto, de la poesía. ¿Le resulta gratificante que haya decidido seguir sus pasos?

No creo que mi hija haya seguido mis pasos ni los pasos de su padre. Yo diría que hemos tenido, tanto Félix como yo, la suerte de que nuestra hija tenga una capacidad emocional que la ha conducido al territorio de la cultura, es decir, a la música, la literatura, la pintura, etc. Lo bueno en estos casos es que, por un lado, los padres servimos de puente cultural con nuestros hijos, pero una vez que ellos empiezan a caminar por sí mismos, los padres podemos aprender de las elecciones que ellos hacen, y es sorprendente la cantidad de cosas que aprendemos.

Toda su familia ha estado relacionada con el entorno artístico y literario, un mundo en el que es difícil abrirse camino. ¿Ha sufrido grandes dificultades para conseguir ganarse la vida con ello?

Antes de conocer a mi marido, tanto él como yo subsistimos trabajando en la industria privada. Los dos somos autodidactas y tenemos una cultura de aluvión a base de lecturas. No ha sido fácil, pero, por otra parte, cuando empezaron nuestras incursiones en el mundo de la literatura tuvimos la suerte de conocer a personas generosas que nos acercaron al mundo de la poesía, ofreciéndonos las páginas de revistas literarias, como fue en el caso de Félix la amistad con José García Nieto que dirigía la revista “Poesía”, en la que colaboraron tanto Félix como Eladio Cabañero, Carlos Sahagún y otros. Félix colaboró en periódicos y revistas, y muy pronto empezó a ser un nombre conocido en el campo de la poesía. Una vez casados, tanto mi marido como yo, realizamos todo tipo de trabajos dentro del mundo de la cultura, desde correcciones de pruebas en adelante. Finalmente yo trabajé con Luis Rosales en un diccionario enciclopédico, y Félix fue redactor de la revista “Cuadernos Hispanoamericanos”.

Usted ha sido coetánea de los escritores de la Generación del 50. ¿Qué diferencias destacaría entre la poesía actual y la que se realizaba antaño?

Antaño me parece un término demasiado arcaico para hablar de la Generación del 50. Yo creo que las diferencias las ha ido marcando, como siempre, la Historia, es decir, la contingencia histórica que a cada generación le ha tocado vivir. Nos llevaría a todos demasiado espacio desarrollar este tema.

¿Qué cree que puede aportar su trabajo de novedoso a las nuevas generaciones de escritores?

Espero que nada. Las novedades suelen ser peligrosas. Ya lo decía Antonio Machado, hay que tener cuidado y evitar que “los novedosos apedreen a los originales”. Supongo que mi obra lo que aportará al futuro es algo tan simple como lo que decía Pablo Neruda: descubrirán que en todos mis libros, de una forma u otra, yo “confieso que he vivido”.

¿Cuáles son sus autores predilectos? ¿Es Miguel Hernández uno de ellos?

En lo que se refiere a Miguel Hernández, desde luego. Como ya os he dicho, siempre he admirado y voy a seguir admirando la obra de Miguel. En cuanto al resto, yo diría que mis autores predilectos son muchísimos, desde los clásicos a los más modernos. Es decir, desde Jorge Manrique y todo el Siglo de Oro, la Generación del 98, especialmente Antonio Machado, la Generación del 27, tanto español como americano y, especialmente, Federico García Lorca en España y César Vallejo en Perú. También poetas como Luis Rosales y José Hierro. Y, en la actualidad, por ejemplo, en España, Gamoneda, y en el extranjero, Wislawa Szynborska.

Conoce las actividades que desde la Fundación Cultural Miguel Hernández se llevan a cabo para la difusión de la vida y obra del escritor oriolano?

No tengo un conocimiento exhaustivo de las actividades de la Fundación, pero, en todo caso, siempre estaré informada por toda una serie de amigos que sí lo están.

Tiene previsto colaborar con dicha Fundación a lo largo de este 2010 en el que se conmemora el Centenario del nacimiento del poeta?

Supongo que si la Fundación lleva a cabo algún tipo de actos en los que yo podría participar, me lo hará saber. Y, como es lógico, estaré encantada de colaborar en todo lo que esté a mi alcance.


Mónica Guirao Beltrán
María Rodríguez Martínez

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