Jesús Munárriz, Jurado del Premio Internacional de Poesía “Miguel Hernández ” 2010

Poeta, traductor y ensayista español nacido en San Sebastián en 1940. Reside en Madrid desde los 17 años. Suspendió sus estudios de arquitectura para licenciarse en Filología Germánica por la Universidad Complutense de Madrid, especializándose luego en la Universidad de Jena, en Weimar. Fue co-fundador y director de la editorial Ciencia Nueva desde su fundación hasta su cierre administrativo en 1969, co-director de la colección de poesía “Saco roto” de la editorial Helios, director de publicaciones de la editorial Siglo XXI de España, y fundador y director actual, de Ediciones Hiperión. Ha traducido al español, entre otros, a Hölderlin, Rilke, Celan, Aragón, Wilde, Shakespeare y Pessoa. De su obra poética se destacan, “Viajes y estancias” (1975), “Cuarentena” (1977), “Esos tus ojos” (1981), “Otros labios me sueñan” (1992), “Corazón independiente” (1998), “Peaje para el alba” (1972-2000), “Disparatario” (2001) y “Sólo amor” (2008). En 1996 fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por la República Francesa. En 2006 fue distinguido en Melegnano (Milán) con el Premio Internacional de Poesía Clemente Rebora, y en Cartagena de Indias (Colombia) con el tercer premio del Premio Panhispánico de Traducción Especializada por la obra “El Persiles descodificado o la “Divina Comedia” de Cervantes”. En 2009 le fue impuesta la Medalla de Oro de Don Luis de Góngora por la Real Academia de Córdoba. Jesús Munárriz, además, ha sido autor de numerosas canciones interpretadas por él mismo y por diversos cantantes entre los años sesenta y setenta.

“Este es un premio especialísimo poe el centenario de Miguel Hernández”

Jesús Munárriz

¿Tenía conocimiento de este premio?

Si, desde que empezamos a publicarlo en la Editorial Hiperión, hace ya cuatro o cinco años.

¿Qué es para usted lo mejor y lo peor de este tipo de eventos?

Lo peor es que son muy injustos. Si tuviera que ponerles nota, hay premios de nueve, de nueve y medio, de ocho y claro, al que consideramos que es de diez se le da el premio y al que no, no se le da nada aunque también sea muy bueno. Y lo bonito del premio es que se le reconozca, el dinero, la repercusión que tiene. En este caso es un premio especialísimo por el Centenario de Miguel Hernández, por lo que se va a hablar todavía más de él que en años anteriores.

¿Qué destacaría de la obra ganadora con respecto a las demás?

Yo creo que tiene muchas cosas y que es muy especial. Primero, que este año la autora cumple ochenta años y aún así es capaz de escribir con una frescura total. La cabeza le funciona muy bien, aunque el cuerpo no lo sé, ya que el libro habla de las pegas que le ponen en unos análisis médicos. Desde luego de cabeza está como una rosa. Y cuando a esa edad se esta como una rosa, se puede reflexionar sobre la vida. La autora ha partido de su propio cuerpo para reflexionar, recordar y revivir las cosas que ha vivido. Realmente la historia de esta mujer es tremenda. Francisca nació en el año 30. En el 36 estalló la guerra y cuando acaba se marcha a Francia junto a toda su familia. Viven en París aunque andan mal de dinero. Después, a su padre le dicen que si no tiene delitos de sangre puede volver, pero cuando regresa lo encarcelan, lo juzgan, lo condenan a muerte y, finalmente, para escarnio público, lo matan con garrote vil. A ella y a sus hermanas las envían a orfanatos separados, así que, lo debió pasar fatal la pobre. Además, coincide que su padre y Miguel Hernández mueren justamente en el mismo año, en el 42, durante la posguerra. Y luego coincide que se casó con un poeta y ha estado toda la vida en contacto con este mundo de la poesía. Además, tiene mucho mérito porque empezó de secretaria en el Instituto de Cultura Hispánica, que es el centro de los hispanoamericanos que venían a Madrid en el año 60. Cuando los escritores iban a Madrid se alojaban en su casa y eso le permitió conocer muy bien el mundo de la escritura. Digamos que ésta ha sido su formación y gracias a ello se convirtió en una mujer muy culta. Es, por lo tanto, autodidacta. Su hija, Guadalupe, también ha hecho varias publicaciones.

Hemos descubierto que, además de poeta ha sido usted actor y cantante ¿Influye esto en su poesía?

Sí que influye. El ser actor me ha ayudado a leer y a recitar poesía correctamente. En los recitales en los que he participado siempre me dicen que suenan mucho mejor los poemas cuando los leo, así que tengo esa ventaja. Lo de la canción tiene más que ver con el ritmo. Tengo el ritmo metido en el cerebro y me sale todo sin pensar. La música, la canción y la poesía tienen algo en común que es el ritmo, así que, yo creo que sí que influye.

En su aventura como cantautor ¿ha musicado alguna vez poemas de Miguel Hernández?

Sí, yo cantaba en mis años de “chançonier” o cantautor, sobre todo, la “Canción última” y las “Nanas de la cebolla”, a la que le puse mi propia música. También hice una antología de Miguel Hernández hace muchos años que me permitió tener correspondencia con Josefina Manresa porque le mandaron el prólogo y ella me iba dando su opinión sobre lo que le gustaba y lo que no. En uno de los párrafos yo decía: “(...) podía haber sido un gran poeta pero murió demasiado joven (...)” Y ella me decía: “¡No, no! Que podía haber sido no, porque ¡ya lo es!”. Ella quería decir que Miguel Hernández ya era grande como poeta.
Mi admiración por Miguel Hernández la he tenido siempre, porque es, de todos los poetas del siglo XX, el único que no ha sido señorito. Digamos que más bien fue de clase media, y a pesar de haber tenido muy pocas posibilidades de estudiar y de formarse tenía una capacidad de asimilación y de creación tremenda. El poco tiempo que pasa por el colegio, y por las lecturas que hace de los clásicos, lo aprovecha al máximo. Hay una cosa muy curiosa: existen dos novelas que toman como título versos de Miguel Hernández. Una es de Juan Benet: “Herrumbrosas lanzas”, y la otra es de Fernando Fernán Gómez, en concreto su biografía titulada “El tiempo amarillo”. Aquí se ve la enorme influencia que tuvo Miguel Hernández en gente de su misma edad y el impacto que provocó el ver cómo moría un poeta tan grande.

Usted ha traducido numerosos libros desde el alemán, portugués, francés o inglés. ¿Cuál de estos idiomas cree que tiene más fuerza poética?

Lo que tienen fuerza son los poetas, no el idioma. En cualquier idioma se puede hacer buena poesía. Ahí tenemos a Shakespeare en inglés un poeta como la copa de un pino o Pessoa en portugués. En cualquier idioma se puede ser muy grande y se puede ser muy malo también. Lo importante no es el idioma es el poeta.

Y la poesía de Miguel Hernández, ¿cree usted que transmite, que tiene fuerza? ¿Qué le inspira como poeta?

Miguel Hernández tiene una fuerza enorme, yo no sé cómo será para traducir, porque lo que traduzco es de otros idiomas al español. Hay poetas que se traducen bien y hay poetas que se traducen mal. Cuando se juega con un idioma, lo más difícil de traducir es la música y el ritmo. La idea se traduce bien en un poema, lo que se pierde es la rima y la música. Miguel Hernández era un poeta con un ritmo estupendo, y supongo que eso se perderá con la traducción.

¿Qué imagen tiene del panorama poético actual como editor?

Digamos que no hay figuras representativas como lo era, por ejemplo, Federico García Lorca en los años 30. Ahora hay poemas que suenan, que les gusta a la gente y que se leen, pero quizá no existen esas grandes figuras. Aunque también es verdad que eso se ve con perspectiva. Hay que dejar pasar los años. Seguramente en el año 36 nadie hubiera dicho que Miguel Hernández era el número uno, aunque lo era, porque aún no había publicado lo mejor de su poesía. Hubo que esperar un par de años para descubrirlo. A lo mejor ahora tenemos poetas igual de buenos que aún no hemos descubierto.

¿Piensa que la poesía está suficientemente valorada hoy en día?

Aparte de los premios, la poesía en sí es una cosa que no mueve dinero. La novela, en cambio, sí funciona, se vende muchísimo y es dinero para el editor y el autor. El cine, pues no digamos. Para hacer una película es necesario movilizar millones, es carísima de hacer y siempre hay gente interesada en moverla, en promocionarla y en sacar ganancias. Para escribir un poema solamente necesitas un lápiz y un papel. No hace falta invertir ni un duro, eso lo hace cualquiera. Un pobre puede escribir un buen poema y nadie tiene que invertir nada. Y, luego, lo que se vende tampoco es nunca negocio para nadie especialmente, o sea, que se queda como al margen de la economía. Así que, de todas las artes es la más pobre y eso hace que la tengan, por un lado, un poco abandonada, pero también le da un margen de libertad total al poeta que puede hacer lo que quiera sin presiones de ningún tipo y escaparse un poco del control.

¿Conocía la Fundación Cultural Miguel Hernández y las actividades que en ella se realizan?

Sigo más o menos “El Eco Hernandiano” y sé que se está moviendo mucha gente recordando a Miguel Hernández, no sólo aquí sino también en otros sitios. Por ejemplo, la Unión de Bibliotecarios Navarros me invitó hace poco porque iban a sacar un número dedicado a Miguel Hernández. Yo creo que es un poeta con el que coincide todo el mundo y no creo que haya nadie que diga que no le gusta, pese a la carga ideológica que tiene. El Miguel Hernández de la guerra es un poeta comprometido pero nadie puede decir que era mal poeta. Podrán decir en todo caso que no les gusta que fuera comunista.

Sabemos que colaborará con el premio publicando la obra ganadora en Ediciones Hiparión, de la que es usted co-fundador. ¿Habrá alguna otra publicación sobre Miguel Hernández de cara al Centenario?

Pues no, la verdad es que no. Este año, con la crisis, tenemos un presupuesto muy reducido y vamos a cositas muy concretas. Pero yo veo que por muchos sitios se están haciendo muchas cosas. Sobre Miguel Hernández lleva la gente muchos años escribiendo y publicando biografías, homenajes, etc. Yo creo que lo que hay que hacer es que la gente joven lo siga escuchando y leyendo. Ahí está lo que Miguel Hernández nos dejó que es lo importante.

Elisa Berná
Pilar Fernández


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