ENTORNO DEL POETA

AUSENCIA

El interés de Miguel Hernández por ser un poeta reconocido le lleva a querer conseguirlo de inmediato. Esa idea de inmediatez es la que le hace fracasar en un primer viaje a Madrid. Pero la constancia y, sobre todo, la creencia fiel en su creación, para lo que sin duda vivía, le ocasionaron las fuerzas suficientes para volver a Madrid, ya que era la posibilidad de intercambiar impresiones de todo tipo, de conocer las tendencias literarias que fluctuaban allí, y volver con ideas innovadoras. La primera impresión que Miguel recibe de la capital nada tiene que ver con su idea preconcebida de la misma. El poeta oriolano es una persona cercana, sencilla y muy humana.

Su pueblo natal favorece las relaciones personales. La tranquilidad del pueblo contrasta con una ciudad más individualista en la que Miguel no logra encontrar su sitio. No conoce a nadie, no están sus amigos, se ausentan los que más quiere. La sorpresa le sobrecoge en los posteriores viajes, cuando comienza a relacionarse más y a hacer buenos amigos. Se encuentra cautivado por el peso ideológico-político y social.

Su relación con escritores célebres pertenecientes a la generación del 27 y la llamada “Escuela de Vallecas” –una vanguardia artística donde la evocación del arte era capaz de lograr una actitud participativa- influyeron en su percepción de la vida. A la Escuela de Vallecas pertenecía Alberto Sánchez, escultor con el que intercambió conocimientos y perspectivas diferentes de conocer la vida. Por él estuvo influenciado en la concepción del paisaje y el poder de la tierra, pero lo que verdaderamente les une es esa sensibilidad y naturalidad. En esa dirección apuntaban Maruja Mallo y Alberti, compañeros y amigos también del poeta. Por su parte, los considerados miembros de la Generación del 27 se caracterizaban por un cruce entre el purismo vanguardista y la estética del compromiso social, mientras que, a mediados de los años 30, las tendencias poéticas evolucionan y se agudiza esa preocupación del escritor por la creación de una poesía más social y humana. De hecho, Hernández transforma su poesía en la propia voz del pueblo, haciendo apología de la libertad.



No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?.

Todas estas influencias son la amalgama ferviente y fluctuante madrileña; por ello, todo escritor con inquietudes necesitaba de esa inyección de estilos para convertirse en un poeta de su época. Encontrarse en Madrid con Pablo Neruda, lo posibilita enormemente. La interacción con éste y una ciudad en pleno apogeo cultural lo entusiasma notablemente y lo alejan de una religiosidad que él mismo relaciona con Sijé y la revista El Gallo Crisis, donde publica diversas colaboraciones. Es evidente que su entorno ha cambiado. Hernández, escribe en la revista de Neruda Caballo Verde para la Poesía, es una oportunidad de escribir en otra directriz.

Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre
y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra:
tal vez porque he sentido su corazón cercano
cerca de mí, casi rozando el mío.

No olvidemos que, durante toda su vida, Miguel había estado envuelto en una gran religiosidad, y en el momento que se despoja de su querida Orihuela deja de compartir una ideología que hace funcionar el comportamiento de toda una sociedad. Escribe en estos momentos, uno de los poemas más duros de crítica social:

Sonreídme, que voy
a donde estáis vosotros los de siempre,
los que cubrís de espigas y racimos la boca del que nos escupe,
los que conmigo en surcos, andamios, fraguas, hornos,
os arrancáis la corona del sudor a diario.

La muerte de su amigo Ramón Sijé, en el año treinta y cinco, le destroza anímicamente. Es cuando escribe Elegía a Ramón Sijé, a su compañero del alma, con una demostración de la técnica adquirida junto con una carga sentimental muy emotiva.

La guerra civil fue para Hernández, al igual que para otros artistas que se encontraban en la capital, un camino de orientación poética, con un sentimiento e intuición entrelazado con su gran maestría verbal, al igual que su excepcional versatilidad para escribir poesía y prosa teatral. Ofreció al pueblo su Teatro en la guerra.

Entiendo que todo teatro, toda poesía, todo arte, han
de ser hoy, más que nunca, un arma de guerra.

Después de la guerra, las dificultades de la literatura en España, fueron vitales, los más importantes creadores se habían marchado del país, y los jóvenes se vieron privados de aprender directamente de ellos.

El gran poeta universal tiene una vida muy intensa. Su evolución es absoluta, pasando por multitud de estilos literarios y una gran capacidad de adaptación.

Ausencia en todo toco:
tu cuerpo se despuebla.
Ausencia en todo pruebo:
tu boca se destierra.
Ausencia en todo siento:
ausencia, ausencia, ausencia.
María Zaragoza Riquelme
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