Angel Luis Prieto de Paula
Jurado Premio Nacional de Poesía. "Miguel Hernández"

“En un premio de poesía joven, como es éste, se debe primar el atrevimiento, la novedad”

Ángel L. Prieto de Paula (Ledesma, Salamanca, 1955) es licenciado en Filología Románica (Universidad de Salamanca), doctor en Filología Hispánica (Universidad de Alicante), y catedrático de Literatura Española en la Universidad de Alicante. Ha publicado artículos en “Ínsula”, “Cuadernos Hispanoamericanos”, “Hispanic Review”, “Revista de Occidente”, “Revista Hispánica Moderna”, “Anales Azorinianos”, “Anales de Literatura Española”, “Diablotexto”, “Quaderni di Filologia e Lingue Romanze”, “Litoral”, “Archipiélago”, etc. Ha colaborado en diversos volúmenes colectivos y actas de congresos, y coordinado monográficos sobre temas de su especialidad.

Ha publicado los libros de poemas “Ortigia” (1985; Premio Carlos Ortiz 1984) y “Compás del vacío” (1989) Ha escrito ensayo, y es autor de diversas antologías y ediciones de autores clásicos y contemporáneos: Garcilaso de la Vega (“Obras completas”, 1989); Tomás de Iriarte (“Fábulas literarias”, 1992); José de Espronceda (“Poesía y prosa”, 1999; en colaboración con Guillermo Carnero); Antonio Gamoneda (“Antología poética”, 2002); José Luis Hidalgo (“Raíz, 1944-1947. Antología poética”, 2003); Antonio Martínez Carrión (“Última fe. Antología poética, 1965-1999”, 2003); Claudio Rodríguez (“Don de la ebriedad y otros poemas”, 2005); y “Poesía del Renacimiento” (1989).

Sobre lírica del siglo XX ha publicado diversos libros, como “La llama y la ceniza” (Universidad de Salamanca, 1989); “La lira de Arión (De poesía y poetas españoles del siglo XX)”, 1991; “Claudio Rodríguez: visión y contemplación”, 1996; “Musa del 68 (Claves de una generación poética)”, 1996; y “De manantial sereno (Estudios de lírica contemporánea)”, 2004. Ha preparado diversas antologías sobre las promociones literarias de la posguerra, como 1939-1975: “Antología de poesía española” (1989), y “Poetas españoles de los cincuenta” (1995). Ha ejercido la crítica literaria en el suplemento cultural de “ABC”, y en la actualidad lo hace en “Babelia”, del diario “El País”.

¿Qué destacaría de los trabajos presentados al Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández?
Es difícil, porque son muchos. Entonces, hemos hecho una selección, a cada uno nos ha correspondido un número determinado, a cada uno de los intervinientes del Jurado. Son de un nivel medio bastante elevado, siempre hay algunos que hay que retirar inmediatamente, pero de los que yo seleccioné, había un nivel importante; y, después, de los que han estado hasta última hora con posibilidades también, hubieran podido ganar tres o cuatro con absoluta dignidad, como imagino que habrán dicho otros compañeros míos. De modo que, al final, hay que optar no sólo entre la calidad, porque puede haber dos libros buenos, sino también entre los estilos: son libros distintos, algunos son más clásicos, otros son más atrevidos, y en un premio de poesía joven, como es éste, pues se debe primar el atrevimiento, la novedad, creo yo.

¿Qué le parece la obra ganadora?
En cierto modo lo he dicho, es una obra atrevida, es una obra no previsible. No se somete a la camisa de fuerza de los versos clásicos, lo cual no es ni bueno ni malo, pero en un poeta joven, en una poeta joven, como es el caso, había que valorar también el atrevimiento, o sea, la posibilidad de equivocarse al abordar formas nuevas, con mucha imaginación, con una retórica muy rica.

¿Piensa que la poesía está suficientemente ensalzada en la década que vivimos?
No, pero como dice un buen poeta al que amamos mucho, que es Francisco Brines, la poesía no tiene público, pero tiene lectores. Entonces, tiene una mala salud de hierro desde el principio de los tiempos hasta hoy. Antes había lectores de poesía, que eran muy pocos porque había muy pocos lectores. Ahora hay muy pocos, aunque hay muchos más lectores, pero se mantienen los fieles, los mil o dos mil fieles.

¿Cuál es su opinión del trabajo que desempeña La Fundación Cultural Miguel Hernández en la difusión de su legado y en la promoción de valores literarios?
No quiero opinar sobre lo que desconozco. Me parece, por lo que conozco, que es importante, desde el punto de vista de la difusión poética, y de la difusión del legado de Miguel Hernández es importante, porque, aunque Miguel Hernández es un poeta reconocido, que tiene una obra correctamente bien editada, sobre el cual se están haciendo trabajos de continuo, no sé si por ejemplo sabe que se acaba de publicar uno de Gibson, “Cuatro poetas en guerra”, uno de cuyos cuatro poetas estudiados es Miguel Hernández. De tal manera que pareciera que no hace que se le dé una difusión que ya tiene, pero sí, con los poetas hay que estar siempre abriendo ventanas y dándolos a conocer. En ese sentido, me parece que es una buena tarea la que hacen.

¿Qué destacaría usted de la obra de Miguel?
Yo soy un lector antiquísimo, soy lector desde niño de Miguel Hernández. Entonces, me parece que, primero, es un poeta que toca muchas cuerdas, es un poeta amoroso, clásico en “El rayo que no cesa”, es un poeta social, comprometido pero que siempre mantiene los valores poéticos, otros no lo hicieron. Muchos poetas que hacen poesía social porque toca hacerla, hay que ponerse a favor de unos o de otros, los unos con h y los otros sin h, como dice Unamuno. Sin embargo, él es poeta siempre, cuando hace poesía amorosa, más imaginativa, cuando hace poesía neobarroca, cuando hace poesía comprometida y, entonces, es un poeta muy plural, y que sólo tuvo diez años para su obra. Y, en segundo lugar, es un poeta que empezó tarde con respecto a sus compañeros mayores del 27, a los que termina adelantando estéticamente, en cuanto que fue quemando pasos a una velocidad de vértigo que no sé dónde podía haberle conducido, porque es una característica que quería resaltar y es que el mejor Miguel Hernández, a mi juicio, es el final; de tal manera que no llegó a cumplir los 32, e hizo todo eso. Y, por ello, hay que lamentarse de lo que podría haber hecho.

¿Es para usted fuente de inspiración la poesía de Miguel Hernández?
Bueno, yo no soy poeta, fui versificador, poeta es un título que tienen otros, yo no. Es una fuente de inspiración, en cuanto aun sin ser poeta, nos podemos inspirar y tener sentimientos poéticos, pero nada más, lo otro sería vestirme con plumas ajenas. Desde luego, Miguel Hernández es un poeta que está vivo. Los poetas al cabo de un tiempo o se mantienen vivos, los menos, o los colocamos en las hornacinas de los clásicos a los que llegamos con respeto, pero a los que no leemos. Hablamos bien de ellos, pero no son nuestros poetas, no están vivos, son valores históricos, y Miguel Hernández es un poeta que está vivo.

¿Tiene usted algún proyecto relacionado con el poeta oriolano?
Yo trabajo sobre la poesía, entre otros temas, del siglo XX. Entonces en este sentido, Miguel Hernández es un poeta que atraviesa todas las líneas, cualquier aspecto que se quiera tratar. Yo hice mi tesis doctoral sobre Claudio Rodríguez, por ejemplo, por poner un poeta que no se parece mucho o más bien nada. Bueno, él hizo su discurso de ingreso en la Academia sobre el tema de Miguel Hernández; por citar como las líneas se terminan cruzando cuando se trabaja sobre una época acotada, como puede ser desde el Romanticismo hasta nuestros días, y Miguel Hernández está muy presente porque participa en las vanguardias, a las que llega tarde; le toca todavía un poco de surrealismo, la poesía comprometida, la poesía impura, el Neoclasicismo, en el mejor sentido del término que se hace en España en los años 40, y que él lo había hecho en “El rayo que no cesa” o “El silbo vulnerado”. En este sentido, si se trabaja sobre poesía, hay que pasar por Miguel Hernández.

Maria Martínez
Antonia Costa
Fotos: Mayte Sánchez Gómez
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