Sara Mesa Villalba
Ganadora del Premio Nacional de Poesía “Miguel Hernández”

Sara Mesa nació en Madrid en 1976, pero reside en Sevilla desde los tres años de edad. Es licenciada en Ciencias de la Información y en la actualidad estudia Filología Hispánica. Pertenece al cuerpo de profesores de Secundaria en Andalucía, en la especialidad de Lengua y Literatura, aunque desde julio de 2006 trabaja como analista en servicios especiales en el Consejo Audiovisual de Andalucía.

Además de la docencia, ha ejercido el periodismo en diversos medios escritos, como El Mundo de Andalucía y la revista Sevilla Cultural. Sin embargo, su verdadero interés reside en la creación y la crítica literaria. Así, realizó su tesina sobre la crítica literaria como género periodístico, y ha publicado diversos artículos sobre Francisco Ayala, Marguerite Yourcenar y Fernando Pessoa.

También ha publicado poemas en Revista Atlántica de Poesía. “Este jilguero agenda” es su segundo poemario.

¿Es la primera vez que se presenta a un premio de poesía?
No, pero puedo sentirme muy afortunada, porque llevaba muy poco tiempo intentándolo. He estado dándole muchas vueltas a mis poemas antes de creérmelos yo misma. Pero cuando cumplí 30 años decidí que ya era hora de intentar darles salida y mandé mis textos a tres o cuatro premios... sin muchas esperanzas. Ahora me siento muy feliz de haberlo hecho y por eso agradezco enormemente a la Fundación Miguel Hernández el apoyo que me ha brindado.

¿Qué le ha impulsado a presentarse a este premio?
Por un lado, el prestigio de la Institución que lo otorga. Por otro, que es un premio específicamente destinado a los menores de 35 años, para gente nueva. Y también el hecho de que ofrezca la publicación del poemario.

¿Piensa que este galardón le puede servir para darse a conocer dentro del mundo literario?
Supongo que sí, aunque sin obra nada hay que hacer. Realmente, para lo que me ha servido (y mucho) es para tener un poco más de confianza en mí misma. Sigo escribiendo y pienso que cada vez voy haciéndolo mejor. Me siento en una etapa de maduración y este premio ha sido para mí un espaldarazo de ánimo, una motivación para seguir.

¿Podría realizar un breve resumen de su obra ganadora?
El título, “Este jilguero agenda”, es esencial y explica en gran parte todo el poemario. Tenía miedo de que resultase cursi o hermético, pero ahora pienso que fue un acierto. Es un verso de Francisco Pino, al que admiro muchísimo, y en su agramaticalidad refleja el contraste entre la palabra fijada en el verso y la incertidumbre acerca de su validez y su futuro. De algún modo, es una contraposición entre la naturaleza y el tiempo y el deseo (inútil) de apresarlo todo con la palabra.
Este tema aparece constantemente en casi todos los poemas de libro: la imposibilidad de encontrar la palabra; el deseo de escapar de la realidad y, a la vez, el deseo de permanecer en ella; el tiempo, el amor y la propia identidad.

¿Qué autores le han influido principalmente?
En realidad, me resulta muy difícil saberlo. Hay poetas que me gustan muchísimo, pero no sé hasta qué punto influyen en mis versos. Cuando escribí “Este jilguero agenda” estaba leyendo a Juan Ramón Jiménez, a Antonio Carvajal, a Valente, a Cirlot, a Paz, a Trakl, a Leopardi y a otros muchos que ahora mismo no recuerdo (soy un poco desorganizada leyendo). Es decir, que la mezcla es tremenda y es difícil determinar si algo hay en mis poemas de aquellas lecturas. Sí recuerdo que una serie de poemas (unos seis o siete) surgieron del tirón tras leer unos textos de Sylvia Plath. Fue como un acicate inconsciente, pues lo cierto es que los poemas que resultaron de aquello nada tenían que ver con la poética de Plath, a la que, por otro lado, también admiro.

¿A qué o a quién le escribe un poeta en el siglo XXI?
Creo que a lo mismo que siempre puede escribir un poeta. Los grandes motivos siguen siendo los mismos, y no hacemos más que dar vueltas en torno a ellos, con el mismo desconcierto. Sucede así con la mayoría de los temas: la soledad, el paso del tiempo, el amor, la naturaleza, la misma poesía...

¿Hacia qué género literario se inclina la gente de su generación?
Creo que la narrativa es bastante más popular que la poesía. En la gente de mi generación veo también una atracción muy fuerte hacia el cuento, que, como forma narrativa, había sido tradicionalmente relegado a un segundo plano. Se dice que esta revalorización es debida a lo fragmentario de esta sociedad: la gente ya no tiene tiempo de leer grandes novelones ni le ve sentido a una visión narrativa global, tipo Flaubert o Proust. La poesía, sin embargo, sigue siendo un género minoritario.

¿Qué piensa que puede aportar la poesía de Miguel a las nuevas generaciones de escritores?
Miguel Hernández es uno de los poetas fundamentales del siglo XX en España. Partiendo de ese hecho incuestionable, parece claro que su papel es fundamental en la formación de los poetas actuales. Su poesía no sólo no envejece, sino que se mantiene siempre vigente, igual de honda y de fértil. Además, es un magnífico ejemplo de la combinación entre tradición y modernidad, de ese equilibrio que un buen poeta nunca debe perder en su horizonte. Curiosamente, fue el primer poeta que yo leí, siendo niña.

Usted como profesora de Literatura, ¿cómo ha desarrollado en sus clases la obra de Miguel Hernández?
Aunque enseñar literatura hoy día en los institutos es extremadamente difícil, Miguel Hernández es uno de los poetas que mejor funciona en las aulas. A menudo he utilizado las “Nanas de la cebolla” o la “Elegía” a Ramón Sijé como una introducción al lenguaje poético, y los alumnos que más escépticos se mostraban ante la poesía han terminado emocionándose. Miguel Hernández es un ejemplo magnífico de poeta para enseñar a los alumnos cómo era la lírica en la primera mitad de siglo, como modelo de una poesía inserta en un tiempo y un lugar muy determinados y, a la vez, como poesía de carácter universal. Los adolescentes suelen sentir a Miguel Hernández como un poeta cercano, sencillo y, a la vez, fascinante.

¿Conoce la labor que se desarrolla en la Fundación Cultural Miguel Hernández?
Sí, conozco sus actividades y debo decir que me parecen muy interesantes y bien enfocadas. La difusión e investigación sobre la obra de Hernández que realiza el Centro de Estudios es absolutamente necesaria y, por otro lado, iniciativas como la de los premios Gotas de Poesía o las Rutas Hernandianas son originales y muy útiles para mantener viva la memoria y el conocimiento de esta obra.

¿Propondría alguna actividad especial para el centenario de Miguel Hernández en 2010?
Ahora mismo no se me ocurre ninguna actividad concreta, pero en cualquier caso me parece que el centenario puede ser un momento ideal para profundizar en todo lo que está haciendo la Fundación, ya que los medios de comunicación estarán más receptivos a cualquier tipo de evento que se plantee.


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